La irrelevancia de Al Fatah

Por Barry Rubin, director del Centro de Investigación Global en Asuntos Internacionales (LA VANGUARDIA, 31/01/06):

La arrolladora victoria del grupo islamista Hamas en las elecciones palestinas del 25 de enero marca el desmoronamiento del movimiento nacional palestino. Antes de hablar sobre qué hará ahora Hamas es importante evaluar qué es lo que ha ido mal en Al Fatah después de casi 40 años de hegemonía.

Los análisis señalan la incompetencia y la corrupción de Al Fatah como causa de su caída, pero es sólo una explicación a medias. El factor subyacente aquí es que Al Fatah ha demostrado ser inútil e irrelevante.

El objetivo de un movimiento nacionalista es crear un Estado para su pueblo, proporcionar un marco para la seguridad, el desarrollo económico y la identidad cultural. Pero Al Fatah y la OLP de la que formaba parte nunca hicieron una prioridad de la consecución de un Estado palestino. Su objetivo era una victoria total donde Israel quedara borrado del mapa.

En el 2000, con la conferencia de Camp David y la oferta del presidente Bill Clinton, Al Fatah y la OLP tuvieron la oportunidad de realizar el sueño de lograr un Estado palestino independiente. Algunos quisieron llegar a un trato, pero la dirección rechazó la idea y prefirió embarcarse durante cinco años en una guerra de terrorismo que no logró nada y empeoró las condiciones materiales de los palestinos. Y si es incapaz de llegar a logro real alguno, ¿por qué iban los palestinos a respaldar a Al Fatah? Además, Al Fatah y la Autoridad Nacional Palestina han ensalzado sistemáticamente la violencia, han optado por el terrorismo y han demonizado a Israel. Salvo el islamismo, han predicado y reforzado todos los puntos del programa de Hamas. Y, así, lo sembrado por los nacionalistas lo han cosechado los islamistas.

Para Al Fatah o el nacionalismo palestino resultará muy difícil volver a una posición de protagonismo. El movimiento carece del poder y el dinero que contribuyeron a proporcionar el grado de unidad gozada por Al Fatah. Lo sucedido el 25 de enero no es sólo una derrota electoral, sino el inicio de una nueva época. ¿Qué representa Hamas? Pese a buscar una razón para creer que el grupo se volverá más moderado, esa posibilidad no se materializará. La concepción del mundo de Hamas es casi idéntica a la de Osama Bin Laden y el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad.

Ahmadineyad se dirigió antes de las elecciones a los dirigentes de Hamas desde Siria. Les dijo que su lucha era sólo una parte de una guerra a muerte más general entre el mundo islámico y Occidente. Según su dirigente más destacado, Ismail Hanye, la misión de Hamas en el gobierno es “completar la liberación de las otras partes de Palestina”. Cualquier palestino sabe que está hablando de la destrucción completa de Israel. En relación con los judíos, la retórica y las opiniones de Hamas se corresponden bastante con las del partido nazi.

¿Por qué debería cambiar Hamas su política histórica, que, en opinión de sus dirigentes, tanto éxito y tanta aceptación popular les ha reportado? Están plenamente convencidos -como Ahmadineyad y Bin Laden- de que el equilibrio de fuerzas no es importante, porque

Dios los llevará con toda seguridad hasta la victoria. Sus miembros han dicho que no importa lo que dure la lucha ni el número de personas que mueran y sufran, que sólo importa el objetivo. En las ocasiones en que Al Fatah tuvo que decidir entre sacrificar su ideología o a su pueblo, siempre eligió sacrificar a este último. Y si un Al Fatah relativamente laico siguió esa pauta general, ¿por qué habría de actuar Hamas de otro modo?

Para los israelíes, los resultados electorales son desalentadores, pero no sorprendentes. La gran mayoría, a lo largo de todo el espectro político, ya había concluido tras una docena de años de proceso de paz con

Al Fatah que no hay un socio palestino para la paz. El triunfo de Hamas no hace más que reforzar esa conclusión. Israel está dispuesto a aceptar un Estado palestino, pero los palestinos no están dispuestos a aceptar un Estado israelí.

Para Occidente, la victoria de Hamas plantea un gran desafío. ¿Repetirá el mismo error de quienes intentaron apaciguar a la Alemania nazi en la década de 1930 y a la Unión Soviética estalinista en la década de 1940? ¿Seguirá proporcionando ayuda a una organización cuyos órganos oficiales se refieren de modo habitual a los judíos como hijos de cerdos y monos al tiempo que perpetran ataques terroristas diarios? La primera reacción del cuarteto que auspició el plan de paz de la hoja de ruta ha sido pedir a Hamas que reconozca a Israel. ¿Y qué hará cuando eso no sucede? La victoria de Hamas abre una nueva época en todo Oriente Medio. No es probable ninguna solución diplomática al conflicto israelopalestino en los próximos veinte años, y puede que incluso ése sea un cálculo optimista. Los islamistas radicales se verán estimulados a esfuerzos aún mayores para derrocar los regímenes nacionalistas árabes y atacar a Occidente.

Al final, Hamas y sus aliados no derrotarán a Occidente ni destruirán a Israel, porque han infravalorado a esos enemigos. ¿Y sus enemigos en el mundo árabe? El desafío que plantea la derrota infligida por los islamistas a los nacionalistas en la política palestina no sólo afecta a Israel o a Occidente, sino a todos los regímenes nacionalistas árabes, cuya combinación de instigación radical, negación de la libertad e incompetencia administrativa es análoga a las políticas suicidas de Al Fatah.