La jaula atómica

El premier británico Cameron está a punto de cometer un error que pudiéramos denominar «a la española». Después de que en Escocia (aunque por corto margen) haya ganado el «no» a la independencia, los independentistas escoceses piden una fuerte autonomía… Y Cameron cree que debe ceder -sin ganas- porque los independentistas no son pocos. Se ha dicho -y es verdad- que el caso de Gran Bretaña y el de España distan de ser iguales, aunque lo parezcan a ojos muy superficiales, como los de Mas. Hay diferencias históricas y legales, pero Cameron podría sacar una lección indirecta del caso español. Existen partidos (CiU y el PNV) que aunque en determinados momentos se decían «autonomistas» mentían. Eran y son independentistas camuflados. El muy artero y en estos momentos (sabiendo lo que sabemos) indeseable Jordi Pujol, engañó con sus pretensiones autonómicas desde Adolfo Suárez -que fue el hombre de la hora, pero a mi entender no gran político- hasta a Felipe González o a Aznar. Él -como la señora Ferrusola, que disimulaba peor- han sido siempre independentistas pero disimulaban y engañaban a todos porque sabían que el camino era largo y que sin años de adoctrinamiento nacionalista (y victimista) en Cataluña el camino a la independencia no llegaría. Por tanto usaban la táctica de llorar cada equis años, decir que el Gobierno central oprimía a Cataluña y, al socaire de esto, pedir de nuevo más autonomía. Por lógica, hay un momento en que el camino autonomista se acaba, no se puede ir más allá, sólo queda el mar. Exactamente, la playa de la independencia que es donde siempre quiso llegar Pujol y ahora el muy lamentable Artur Mas, que sin máscaras, ya ha dicho que España es su enemigo. ¿Puede ostentar un cargo estatal quien se ha declarado públicamente enemigo de ese Estado?

La jaula atómicaEl autonomismo moderado (el que aspira a gestionar los asuntos del país o autonomía dentro de casa) es bueno. Pero el autonomismo extremo -y máxime en manos nacionalistas- se ha demostrado un verdadero disparate. ¿Por qué? Porque el mensaje que se le transmite al ciudadano medio es que él está cada día más lejos del Estado. Y eso (en nuestro caso) tiene poco que ver con la gobernabilidad y construcción de España. Dada una alta autonomía ¿por qué no ser independientes si ese autonomismo nos dice que sobramos? Eso es lo que quieren los independentistas, y lo que Mas cree estar tocando con dedos trémulos y trágicos. Hay un autonomismo bueno y otro negativo, y todo reside (de aquí el fallo español) en que el autonomismo no debe jamás separar al ciudadano de la labor común de una patria catalana y española o española y canaria. Recordemos que, durante la Transición -siempre menos buena de lo que pudo parecer- en Canarias e incluso en Andalucía había independentismo. Se cayó porque o no tenía sentido o se hizo ver que una España plural es compatible con sentirse andaluz o canario. Pero con el País Vasco y con Cataluña más aún, la mecánica no funcionó porque el nacionalismo artero y trapisonda, utilizó la autonomía para lanzar el mensaje: si cada vez estamos más lejos del Estado, ¿para qué necesitamos ese Estado? Pero eso es parte de la añagaza nacionalista (que por ejemplo ha permitido que Cataluña borre de la historia a Aragón) y no en principio de los ciudadanos. Tengo mayor simpatía por ERC porque no ha ocultado su voluntad independentista incluso con bajos resultados electorales, que por CiU que ha actuado con España tan torticeramente como Pujol con Banca Catalana. Cuando caiga Mas -lo que debe ocurrir pronto- habrá que replantearse muchas cosas. Los límites de las autonomías es una, otra la pluralidad efectiva de España que logre que todos remen en la barca común sin dejar de ser quienes son. La ingenuidad autonomista es una jaula para el ciudadano y un regalo para los Mas de turno.

Luis Antonio de Villena es escritor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *