La lección del ‘brexit’: a dónde nos lleva el populismo

La semana pasada acudí a Londres para reunirme, en un encuentro organizado por la London School of Economics, con mis antiguos compañeros de doctorado en Ciencias Políticas. El tema que circulaba por todos los corrillos era el brexit y la traumática salida de Reino Unido de la Unión Europea. El 90% de los asistentes a esa reunión no éramos británicos.

Entiendo que la carta por la que Reino Unido pone en marcha el mecanismo para abandonar la UE, entregada el 29 de marzo al presidente del Consejo europeo, Donald Tusk, va a suponer el mayor sacrificio de la soberanía británica de la historia. Y a esa conclusión llego tras escuchar las conversaciones que suscitó entre mis amigos británicos.

“Lo que va a suceder es que los europeos nos dirán las condiciones en las que podemos comerciar con nuestro mayor mercado vecino, y eso se va a hacer evidente cuando empecemos a perder cosas. El supuesto aumento de nuestro nivel de soberanía del que hablaban todos aquellos eurófobos, nacionalistas y populistas va a quedar al descubierto, y nos daremos cuenta de lo hipócritas que son los que sólo sembraron odio para recoger estas tempestades”, me decía uno.

“¿Qué va a suceder realmente cuando el brexit se ejecute dentro de dos años?”, se preguntaban otros. “Pues sucederá aquello que más temía Margaret Thatcher -y que no eran los argentinos (risas)-. Temía perder el control sobre las condiciones en las que operan las empresas británicas, perjudicar nuestro comercio y nuestra industria, que tienen su mayor mercado en Europa”.

Y otro compañero, un poco, euroescéptico, terció: “Supongamos que vosotros estáis equivocados. ¿Qué sucederá entonces?”. “Bueno, si yo estoy equivocado”, respondió un colega, “esos futuros acontecimientos me dirán que estoy equivocado”. “Pero lo que realmente va a pasar con la manida historia del dinero que salió de nuestras arcas y que ahora parece estar de vuelta, lo que va a pasar con los famosos 350 millones de dólares que se podrán invertir cada día en nuestro servicio de salud pública, lo que va a pasar con aquellos autobuses que recorrían Londres cargados de falsas consignas y de mentiras, es que desaparecerán, y nos tropezaremos de bruces con la realidad”.

Y el euroescéptico, replicó: “Muchos creen que Europa era, en realidad, una operación elitista”. A lo que un eminente profesor contestó: “Nuestra salida de Europa es y será el final del periodo de historia de más altos beneficios, políticos, económicos y sociales de los que ha disfrutado el pueblo británico, y más perceptible será para cada uno de nosotros cuando lo percibamos en nuestros bolsillos y libertades. Tengo una idea de lo que este país era, y cómo, aunque hemos pasado una década con los niveles de vida congelados, no se puede comparar nuestro presente con las condiciones que vivimos en toda Europa durante los años 20, 30 o 40”.

“Es evidente que la unidad europea ha proporcionado el periodo de paz más largo de la historia de nuestro continente, ha logrado llevar la democracia a todas las latitudes, se deshizo del fascismo en España y Portugal, acabó con los coroneles en Grecia, enterró el Telón de Acero y acabó con el comunismo. ¿Por qué creen que todos estos inmigrantes vienen aquí? Debido a que estamos entre la parte más próspera del mundo”, concluyó.

Y ahora a contemplar con pena, como uno de los países más influyentes de la historia, con más riqueza cultural, dueño de la lengua de los negocios, creador de la democracia parlamentaria y padre de centenares de naciones y pueblos se deshace como un azucarillo en el café, con las fisuras que empiezan a surgir entre ingleses, escoceses, galeses y norirlandeses, que desde ya están en abierta y lícita disputa sobre como abandonar la nave pujante que una vez fue Reino Unido para acercarse a nado a las costas, como náufragos, de nuestra querida y denostada Europa.

Mientras volvía en el avión, caí en un estado de semivigilia y soñé cómo se extrapolaba el cruento escenario británico a mi país, y en un momento vi cómo las hordas tiránicas de los sembradores de odio y populismo recolectaban las iras de los descontentos con el único fin de acabar con España.

Las Cortes españolas se están convirtiendo en el famoso y exitoso programa de Telecinco Sálvame, donde los tertulianos/diputados se lanzan preguntas y respuestas sobre temas que ya no importan a nadie, se visten con ridículas camisetas, portan estúpidas pancartas y demuestran cada día su paupérrimo nivel. ¿Qué procesos de selección han pasado? ¿A quién rinden cuentas? ¿Qué prensa libre hace fiel escrutinio de sus trabajos? ¿Atresmedia o Mediaset?

Pedro Muñoz Lorite es abogado.

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