La lenta invasión china

El creciente peso geopolítico de China está estimulando su invasión lenta en Asia. Después de reclamar el 80% del Mar Meridional de China, acaba de establecer la llamada zona de identificación de defensa aérea en el Mar Oriental de China, lo que aumenta las probabilidades de un conflicto armado con Japón y pone en peligro el principio de libre navegación de mares y espacios aéreos. Mientras tanto, la República Popular de China sigue estableciéndose furtivamente a lo largo de la disputada frontera himalaya con India.

Pocas personas parecen comprender las razones por las que China está dispuesta a enfrentarse a varios vecinos a la vez. El país está buscando alterar el status quo de manera gradual como parte de un esfuerzo en el que hay mucho en juego para ampliar su control sobre zonas y recursos estratégicos. La promesa de grandeza nacional que hizo el presidente Xi Jinping – y que se refleja en el eslogan “Sueño chino” – se refiere tanto a conseguir hegemonía regional como a lograr progreso interno.

El método chino se basa en lo que el general Zhang Zhaozhong llamó este año la estrategia de la “col”: se hace una reivindicación territorial y gradualmente se rodea la zona con múltiples capas de seguridad, negando así el acceso a un rival. La estrategia depende de una serie continua de pasos para adelantarse a los oponentes y crear una nueva realidad en el terreno.

Este método limita seriamente las opciones de los Estados rivales pues trastorna sus planes de disuasión y les dificulta el diseño de contramedidas efectivas. Esto se debe en parte a que la estrategia – que tiene todas las características de la política moderna de China de llevar las cosas al límite, incluido el recurso al sigilo, la sorpresa y la indiferencia ante los riesgos de una escalada militar – busca asegurar que China conserve la iniciativa.

El patrón ya es familiar: crear una disputa, iniciar una reivindicación de jurisdicción mediante incursiones periódicas y después aumentar su frecuencia y duración y establecer, de ese modo, una presencia militar o presionar a un rival a llegar a un acuerdo favorable para China. Los chinos invariablemente sostienen que lo que es suyo es suyo y lo que es de los demás es negociable. Por ejemplo, China dice que “no hay bases para el diálogo” con Japón a menos que los japoneses acepten la existencia de una disputa territorial por las inhabitadas islas Senkaku.

En este caso, como en otros, China ha presentado a sus rivales como la parte obstruccionista. Como dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, “Japón debe reconocer que existe una disputa. Todo el mundo sabe que existe una disputa”. Pero la disputa existe solo porque China ha logrado sacudir el status quo en años recientes popularizando el nombre chino de las islas (“Diaoyu”) y llevando a cabo incursiones en sus aguas territoriales y su espacio aéreo.

Después de incrementar continuamente la frecuencia de esas incursiones desde septiembre de 2012, China ha comenzado a aumentar su duración. El establecimiento de una nueva zona de identificación de defensa aérea que abarca las islas es la “capa de seguridad” más reciente de la estrategia de la col –una apropiación unilateral de poder que el secretario de la Defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel, calificó rápidamente como “un intento desestabilizador de alterar el status quo de la región.” La zona abarca incluso el espacio aéreo sobre el arrecife Leodo (Suyan), una roca sumergida que reclaman tanto Corea del Sur como China. A medida que China incremente su campaña de  desgaste contra un Japón firme, aumentará el riesgo de un conflicto armado, ya sea por accidente o por error de cálculo.

La estrategia de China ha tenido más éxito – sin provocar riesgos graves – contra Filipinas, un rival más débil. Esto resulta claro tras la toma efectiva del banco Scarborough, localizado claramente dentro de la zona económica exclusiva de Filipinas, el año pasado y la presencia dominante de buques chinos alrededor del segundo banco Thomas, parte de las disputadas islas Spratly, este año. China aún no ha intentado expulsar a los infantes de marina filipinos que viven en el banco, pero Zhang lo ha incluido en la “serie de logros” del país en el Mar Meridional de China.

China no pretende controlar únicamente unos cuantos bancos o farallones pequeños; busca dominar estratégicamente los mares Oriental y Meridional de China y acaparar recursos, incluidos los minerales del lecho marino. El área combinada de las islas Senkaku y Spratly es de apenas 11 kilómetros cuadrados, pero las islas están rodeadas de ricas reservas de hidrocarburos. Mientras busca aumentar gradualmente su influencia militar en el más del 80% del Mar Meridional de China que reclama, el objetivo del país en el Mar Oriental de China es salir de la “primera cadena de islas”, una serie de archipiélagos a lo largo de la costa de Asia oriental que incluyen las islas Senkaku y Taiwán.

En contraste, en la región del Himalaya, rica en recursos, hay grandes extensiones de tierra en disputa. También aquí las incursiones de China, después de aumentar en frecuencia, se están realizando intermitentemente durante períodos más prolongados.

Que no quede duda: la lenta invasión de China es un elemento que contribuye a la inseguridad en Asia y fomenta tensiones políticas, además de que convierte el continente más dinámico del mundo en términos económicos en una región global potencialmente conflictiva.

Con seguridad, China actúa con cautela para evitar toda medida espectacular que pueda convertirse en una casus belli en sí misma. En efecto, a menudo ha mostrado su habilidad para desagregar su estrategia en múltiples elementos y después los trata por separado de tal forma que los distintos componentes se acomodan en su lugar sin gran resistencia.

Esta sagacidad no solo mantiene a los oponentes fuera de equilibrio, sino que socava la importancia de las garantías de seguridad de los Estados Unidos hacia aliados y el valor de crear asociaciones estratégicas de contrapeso en Asia. De hecho, al camuflar la ofensa por defensa, China moldea la carga de iniciar la guerra contra un oponente, mientras trata de sentar las bases –pieza por pieza– de un imperio medio hegemónico. El deseo declarado de los dirigentes chinos de resolver pacíficamente las disputas territoriales simplemente significa lograr una posición lo suficientemente fuerte para obtener lo que quiere sin recurrir a la violencia.

Brahma Chellaney, Professor of Strategic Studies at the New Delhi-based Center for Policy Research, is the author of Asian Juggernaut, Water: Asia’s New Battleground, and Water, Peace, and War: Confronting the Global Water Crisis. Traducción de Kena Nequiz.

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