La leyenda de una España inexistente

Desde los movimientos separatistas se viene promocionando la tesis de que España nunca habría sido una nación sino un «mero» conjunto inconexo de pueblos o reinos. Es cierto que hemos sido el resultado de una fusión de pueblos, pero como el resto de las naciones, y desde el principio (ligures, íberos, celtas, vascones, tartesios, campsos, saefos, cántabros, fenicios, griegos, romanos, visigodos…). La trampa metodológica consiste en aplicar a la historia antigua de España conceptos propios del siglo XIX y XX con el objeto de concluir que no se constata «de forma indubitada» la presencia de un «concepto nacional único».

Otros tienen la fortuna de poder abordar el estudio de su historia nacional sin complejos. Destaca la Historia de Italia de Indro Montanelli que empieza por el periodo 476-1250, aunque como nación moderna se constituya a finales del siglo XIX. Alemania era una federación de principados que en pleno siglo XIX y XX tenía que denominarse Imperio (Segundo y Tercer Reich), incapaz de considerarse todavía una nación. Es altamente dudoso que Francia como nación sea anterior a España –antes de la Revolución francesa solo un cinco por ciento de los franceses hablaba francés–, pero se asume que los franceses provienen de los francos y que (cfr. Fernand Braudel y Henri Martin) la Galia y la Francia nueva formarían parte de la misma «persona moral».

Y sin embargo…, Hispania (en latín) o Iberia (en griego) aparece reflejada como tal entidad autónoma en los libros de geografía más antiguos. Desde Estrabón (siglo I a.c) a Asclepíades de Mirlea. Hispania ya existía antes de que Roma hiciera acto de presencia y resulta anterior a la existencia de los reinos de Aragón, de Castilla, de León, de Navarra e incluso de Portugal…, no digamos nada del Principado de Cataluña. El patronímico «español» (de origen lemosino) surge en la Edad Media al aplicarse por los habitantes del sur de Francia (un tercero) a los que cruzaban los Pirineos huyendo de la invasión musulmana, en su mayoría de tierras catalanas.

España ha sido una unidad geográfica con fronteras definidas y estables desde antiguo. Uno podía recorrer Europa sin saber muy bien que cambiaba de país hasta que llegaba a los Pirineos. También fue una unidad de sentimientos y emociones, poética y filosófica. La resistencia heroica de Sagunto y Numancia frente al «invasor» romano prueba que existía una conciencia colectiva. Y el que prevaleciera el nombre de España y no el de Gótica o Visigotia permite pensar que la realidad autóctona española era más fuerte que la gala (francos) o la de Inglaterra (anglos). Tampoco se confundía España con Castilla (su parte central y más extensa), a diferencia de Inglaterra y el Reino Unido.

En el terreno político, Ataúlfo (c 372-415) es considerado el primer rey de España al plantear un reino independiente de Roma, instalándose en Barcino (la actual Barcelona). Theudis (531–548) fue el primer rey godo que derrotó a los francos y fijó su sede en España como reino independiente. Después Recaredo lograría (603) la unificación política y religiosa de España, en los términos en que era posible en esa época. Fernán González (910-970), primer conde de Castilla y de Álava, cantaba: «Fuertemente quiso Dios a España honrar». Desde Alfonso VI, el título del rey de España o «emperador de las Españas» acompañaba a la corona de Castilla. Alfonso VIII fue coronado como tal en la catedral de León, recibiendo el homenaje de su cuñado Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. El propio Jaime I el Conquistador hablaba en sus Crónicas de los «cinco regnes d’Espagna», no incluyendo en ellos ni a Cataluña ni al País Vasco.

En el terreno intelectual, S. Isidoro de Sevilla (624) ya consideraba a España como una entidad con sentido propio en De Laude Spaniae: «Entre todas las tierras que existen desde el Occidente hasta la India, eres tú la más hermosa sagrada España, / madre afortunada de príncipes y de pueblos (…)». Y los obispos «gallegos» Paulo Orosio e Hidacio mostrarían parecido orgullo de identidad hispana incluso algo antes (siglo V d. C). España era también una unidad que podía ser narrada. La obra de San Isidoro De origine Regum Gothorum es la primera historia nacional de un pueblo en la Edad Media. Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247), arzobispo de origen navarro presentaba a España (De rebus Hispaniae) como un hecho singular, donde el noble más importante sería el Señor de Vizcaya. Y la «Primera Crónica General de “Espanna”» (Estoria de Espanna) escrita en 1272-1275 por Alfonso X constituye la primera historia nacional en lengua vernácula en Europa.

Antes de la I Guerra Mundial existían en el mundo solo cincuenta y nueve países independientes. España era, desde hacía siglos, uno de ellos. ¿Es verdaderamente menos nación que otras?

Alberto Gil Ibáñez, ensayista y escultor.

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