La libertad de prensa, en el punto de mira

Por María Dolores Masana, presidenta de Reporteros sin Fronteras-España (EL PAÍS, 03/05/07):

Si no hablamos, no existe. Si no se cuenta, no ha pasado. Es casi un axioma, aplicable desde los sucesos más nimios a los acontecimientos más importantes. Y cobra especial relieve en un mundo globalizado, intercomunicado por los más diversos sistemas, desde la incontrolable red de redes hasta los sofisticados satélites y telecomunicaciones inalámbricas.

En el plano internacional, esta extraordinaria facilidad de transmisión de noticias preocupa extraordinariamente a quienes se hallan fuertemente interesados en que algo no se divulgue, no se sepa, no llegue al conocimiento público. Generalmente por motivos espurios. En el mundo de hoy, más que nunca, existen un gran número de causas por las que luchar, de injusticias que eliminar, de crímenes que denunciar. Pero solamente una prensa libre permite a esas causas existir, ser conocidas, situarlas en un primer plano y, consecuentemente, movilizar a la sociedad en su favor.

Es en este contexto que arrecian año tras año las agresiones a la libertad de prensa y a los periodistas en el ejercicio de su trabajo. Desde el 1 de enero, 24 periodistas y cinco colaboradores han perdido la vida por explicar aquello que diversos poderes fácticos quieren ocultar. El año pasado fueron 113 los profesionales de la comunicación abatidos. Actualmente, 125 periodistas, cuatro colaboradores y 67 ciberdisidentes se hallan encarcelados en 21 países.

En Reporteros sin Fronteras causa gran preocupación el secuestro de periodistas. En estos momentos, el corresponsal de la BBC Alan Johnston lleva 55 días desaparecido en Gaza, sin otra noticia que un comunicado de un grupo desconocido, las Brigadas de la Unidad y la Yihad, que asegura haberle ejecutado. Agradecemos a Al-Zayd Ibrahim, director del Centro Cultural Islámico de Madrid así como a Hassan Hal Houl, secretario general del Consejo Islámico de Cataluña, que hayan unido su firma al llamamiento de diversas personalidades del mundo musulmán en Europa para pedir a sus captores que le liberen con vida. Reporteros sin Fronteras condena firmemente esta práctica que precisamente atenta contra el mensaje del Islam basado en valores de tolerancia, humanismo y respeto. Johnston dedicó tres años de su trabajo como corresponsal a interesarse por la suerte de los palestinos y a contar las tremendas condiciones que sufre diariamente este pueblo bajo la ocupación de Israel.

Con la existencia de esta inaceptable realidad se cerró el 2006, un año funesto para la prensa. El 31 de diciembre dimos la señal de alarma con la presentación de nuestro informe anual de agresiones contra la libertad de prensa y contra los periodistas y por primera vez censamos el número de profesionales secuestrados en ese periodo: 56. La cifra habla por sí sola. Además de que cuatro países retienen en sus calabozos a más de la mitad de nuestros 200 colegas encarcelados en juicios sin ninguna garantía: China, Cuba, Eritrea, Etiopía, por este orden.

¿Dónde se oye la voz de la Unión Europea denunciando tales ataques? ¿Ni para pedir una comisión de investigación internacional por el asesinato de Ana Politkovskaïa? La tarea primordial ahora es aprobar leyes, una tras otra, que limitan la libertad de expresión. Todo en aras de la seguridad.

En el caso de Estados Unidos, los reiterados encarcelamientos de periodistas por negarse a revelar sus fuentes, el mantenimiento al margen de toda legalidad del camarógrafo Sami Al-Haj en el gulag de Guantánamo, la negación a que comparezcan ante la justicia española los tres oficiales que comandaban el tanque que disparó contra el hotel Palestina de Bagdad, matando a José Couso y a Taras Protzyuk, no precisan comentario.

Desde Reporteros sin Fronteras apoyamos hoy, XVII Día Internacional de la Libertad de Prensa, a cuantos profesionales sufren intimidaciones a causa del ejercicio de su profesión porque el espacio público debe estar abierto al diálogo y a la polémica. Nunca este derecho fundamental ha sido tan necesario y urgente como cuando los puntos de referencia de la vida económica, social y política se hallan sometidos a una confusión extrema.

Por ello, en nuestro mundo actual, los medios de comunicación tienen una misión urgente e ineludible: derribar las pantallas falsificadoras con las cuales se pretende desviar la atención de la sociedad de las verdaderas causas de un desorden generalizado que las estructuras de poder pretenden esconder. Sin una prensa verdaderamente libre, hablar de democracia, de derechos humanos, no tiene ningún sentido.