La mala suerte del Día de Colón

En la historia de la humanidad, pocos hombres han tenido tanta mala y buena fama, casi a partes iguales, como Cristóbal Colón. En buena medida por su propia culpa. Las credenciales de Colón eran extremadamente precarias. Los eruditos han planteado dudas sobre su verdadero nombre, su nacionalidad, sus calificaciones e incluso su religión; en su momento apareció ante los posibles patrones como un oscuro marinero genovés con expectativas extravagantes. Rechazado por los Reyes Católicos en 1486, recibió su patrocinio en 1492. En siglos posteriores, muchos españoles intentaron identificar el logro de Colón como algo particularmente castellano porque había sido financiado en gran parte por la Corona de Castilla.

Pero durante 400 años el logro de Colón nunca fue celebrado como una fiesta de España. No fue hasta el siglo XIX cuando las naciones europeas intentaron inventar identidades históricas y, en consecuencia, días históricos que podían ser vistos como días nacionales. En Cataluña, el intento de crear un día nacional tuvo lugar en 1901, cuando el 11 de septiembre de ese año un pequeño grupo de jóvenes de Barcelona decidió depositar una corona en el monumento a uno de los héroes del asedio de Barcelona de 1714. Fueron los años en que el joven Prat de la Riba escribió su tratado La nacionalitat catalana. Finalmente, en 1977, el movimiento nacionalista declaró su apoyo al establecimiento del 11 de septiembre como día nacional de Cataluña, una decisión respaldada por una amplia gama de afirmaciones mitológicas.

Menciono estos acontecimientos en Cataluña porque demuestran un fenómeno muy extraño: que algunos catalanes (los del año 1901) trataron de establecer una fiesta nacional bastante antes que España. Los españoles se tomaron mucho tiempo para decidir el asunto. En 1892, el régimen conservador de Cánovas del Castillo supo que Estados Unidos estaba tomando medidas para celebrar el cuarto centenario de la fecha generalmente aceptada como la del Descubrimiento de América, el 12 de octubre. Los españoles se apresuraron a llevar a cabo sus propias celebraciones, que cayeron en línea con los esfuerzos que habían estado haciendo para aumentar su influencia entre las naciones ahora independientes de América Latina. Cánovas planteó la idea de que la fecha debe ser adoptada por todas las naciones hispanas como una fiesta común. No hubo respuesta a la iniciativa. Sin embargo, cuando el resto del imperio español desapareció, en 1898, se produjo un cambio de actitud en muchas de las naciones hispanas. Un nuevo mito tuvo que tomar su lugar. ¿Y de dónde podría venir ese mito si no de Colón?

Después de todo, pertenecía a todos. Había sido enterrado en la ciudad española de Valladolid después de morir allí en 1506. Su hijo, Diego, no quedó satisfecho con aquel arreglo e hizo que los restos de su padre fueran desenterrados y enviados a un monasterio en Sevilla. Allí permanecieron hasta 1542, cuando fueron empacados y colocados en un barco con destino a Santo Domingo -en lo que ahora es la República Dominicana-. La gran catedral de Santa María la Menor acababa de ser construida en Santo Domingo, y parecía un lugar apropiado para los restos de Colón. El templo, sin embargo, estaba lejos de ser el último lugar de descanso de Colón. En 1795, cuando Francia expulsó a España de La Española (la isla ahora compartida por Haití y la República Dominicana), los restos de Colón fueron llevados a La Habana, Cuba. Y, después de la independencia de Cuba en 1898, Colón terminó de nuevo en Andalucía, enterrado en una tumba adornada en la Catedral de Sevilla.

Los viajes no terminaron allí. En la República Dominicana, un trabajador de la Catedral de Santa María la Menor descubrió una caja de huesos con la inscripción “El ilustre y excelente hombre, don Colón, Almirante del Mar Océano”. El hallazgo fue interpretado como que los españoles se habían llevado los restos de un hombre equivocado a Sevilla y que dejaron a Colón, el “hombre ilustre y excelente”, en Santo Domingo. Impelido por el posible caso de identidad equivocada, Santo Domingo construyó un enorme bloque para servir como la tumba del explorador, que se inauguró en 1992, en conmemoración del 500º aniversario del viaje de 1492 de Colón. Tanto la Catedral de Sevilla como Santo Domingo se disputan ser los guardianes de los restos del explorador italiano. La ciencia ha intervenido en la disputa. En 2006, las pruebas de ADN de los fragmentos de huesos de Sevilla confirmaron que pertenecen a Colón. Sin embargo, eso no excluye la posibilidad de que alguna parte esté en Santo Domingo.

La controversia acerca de la figura de Colón se reflejó en los problemas para fijar en España un día nacional , que a la altura de 1910 aún no tenía uno. Sin embargo, para entonces el 12 de octubre ya se había convertido en un día de fiesta en todo Estados Unidos, celebrado por los italianos para honrar al descubridor genovés -EEUU no estableció el Día de Colón como fiesta federal hasta 1937-. Se olvidó el papel de España. Como represalia, dos años después, un grupo de españoles en Cádiz, en las celebraciones por el centenario de las Cortes de la ciudad gaditana, propuso que el 12 de octubre fuera declarado fiesta nacional. En las mismas semanas, la República Dominicana adoptó la versión de Estados Unidos de la fiesta y comenzó a celebrar el Día de Colón. A partir de 1913, México y otras naciones adoptaron una nueva forma de la fiesta, llamándola Día de la Raza.

Desde 1919, la festividad se celebró con este nombre en España. En una década, sin embargo, hubo movimientos de sectores conservadores para cambiar el nombre por el de Día de la Hispanidad, en conmemoración específica de la contribución hecha por España a la civilización occidental. El principal promotor de este cambio fue Ramiro de Maeztu. En 1934 se publicó su libro clave, Defensa de la Hispanidad. El mito de la Hispanidad y el Día de la Raza cambiaron sus nombres cuando España en la década de 1970 pasó de su fase autoritaria a su fase democrática. “Raza” fue abandonada porque recordaba ideologías políticas específicas. La visión imperial recibió un nuevo face-lift, y el énfasis en el logro del siglo XVI se dirigió hacia la cultura y el lenguaje más que hacia el chovinismo nacional.

De todo esto podemos concluir que la celebración del 12 de octubre fue iniciada primero por los italianos, luego por EEUU y, finalmente, por México y Dominica. Más recientemente ha habido un movimiento en Norteamérica para cuestionar la gloria dada al Día de Colón. Los grupos nativos americanos sostienen que la llegada del explorador italiano al Nuevo Mundo marcó el comienzo de un genocidio contra los pueblos indígenas, así como la trata trasatlántica de esclavos. Así, el Día de Colón supuestamente resalta el imperialismo occidental y la opresión de las personas negras.

La polémica ha acabado con la celebración del Día de Colón en algunas áreas de EEUU. En su lugar, en estas regiones prefieren celebrar las contribuciones que los nativos americanos han hecho al país. Los Ángeles, recientemente, decidió modificar el estatus del Día de Colón. Desde 1990, el estado de Dakota del Sur ha celebrado el Día del Indígena Americano en lugar del Día de Colón. Seattle y Minneapolis han seguido la tendencia. En Hawaii (donde Colón nunca llegó), el Día de los Descubridores se celebra más que el Día de Colón. Pero estos lugares son excepciones y no la regla. El Día de Colón sigue siendo un pilar en casi todas las ciudades y estados Estados Unidos.

Así como el Día de Colón no fue una invención de los españoles, su desaparición en algunos lugares no debiera irritar a los españoles. El problema con los llamados días nacionales es que suelen basarse en mitos y ficciones creadas por políticos, y no hay razón por la que debamos aceptar la validez de esas ficciones.

Henry Kamen es historiador británico; su último libro es Carlos emperador. Vida del rey césar (La Esfera de los Libros).

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