La maldición del «ismo»

Pobre elemento lingüístico moderno (el que encabeza este escrito), carente de componente semántico, más allá del funcional (de «lazarillo» aumentativo) dado al lexema gramatical. Es denominado «sufijo» [afijo pospuesto a la palabra que modifica].

Procedente de los teóricos de muy a inicios del siglo XX, que se dedicaron a excogitar sobre hechos o teorías que se dieron en denominar cubismo, realismo o existencialismo. Tales ciencias o teorías no se denominaban así en su origen, sino por elementos sustantivos o sustantivados. Así, valga de ejemplo, para el primer concepto, decir que, en 1908, se crea tal palabra a raíz de la exposición del pintor galo Paul Cézanne (1839-1906), en la que, por primera vez se, se expresó la fórmula de que «todo en la naturaleza se modela sobre el “cono”, la “esfera” y el “cilindro”». De aquí surgió que a alguien, a algún «sabio», se le ocurre crear la voz cubismo. Y, así, ocurrió en los casos similares.

En el siglo, o por aquellos pagos en que nacimos la gran mayoría de los ciudadanos de la España actual, no se incluía en el habla el elemento «sufijal» -ismo en ningún movimiento anterior al «modernismo» (principios del XX). Los «ismos» del barroco literario español serían el conceptismo y el culteranismo. Sí que en el Medievo se empleó en la Patrística («pelagianismo»). Recientemente, el escritor y eximio crítico literario español Juan Manuel Bonet, en un excelente libro sobre Léon Tutundjian nos ofrece un mar de cuadros titulándolos enigmáticamente así: «sans titre». Ahora bien, el crítico Bonet, con perspicacia, subtitula el catálogo Léon Tutundjian con esta expresión: «Automatismo y geometría». Con lo que viene a ratificar lo dicho del no empleo otrora, cual sucede hoy, del «-ismo».

Ahora bien, «éramos pocos y parió la abuela». Y el parto fue ingente. En el nefasto 2018, aparece el gran parto mujeril: el feminismo. Alumbramiento que provocó otro a modo de un hermano indeseado: el del «machismo» (despectivo). Esto supuso una «guerra» social o intersexual -al menos, incruenta, salvo en los casos de filicidios- en el, preñado de rarezas o imprevisión, siglo actual. De algún tiempo a esta parte, féminas resentidas dieron en definir el feminismo nada menos que como «doctrina» (¿sancionada por quién?) que considera injusta «la no igualdad» entre mujeres y hombres. Olvida esta posición que tales derechos se crearon y se crean aún juxta naturam. No por otra mano. La Naturaleza nos hace a medida. Nos alumbra como cada cual es, no tal cual hubiera sido nuestro agrado particular. Tales salimos: altos/as o enanos/as, bellos/as o feos/as, inteligentes o no, de color o no. Después de la aparición del hombre de la nada («ex nihilo»), ¿quién ha venido haciendo, cual hormiga, todo lo que obra sobre la faz de la tierra, nos legada «rasa» (salvo lo natural, como todo lo que hay sin descubrir) por el Ser Supremo? Tal creencia, al menos, es la de los defensores de la Creación.

Al ya mencionado ataque al hombre en general, en estos últimos tiempos, por parte del recién emergente «feminismo», no ha dejado de contribuir a poner los términos de la disputa en su justo sitio el Santo Padre Francisco, con su santidad e, incluso, «modo jesuítico» de vida (lo advierten quienes fueron discentes en la Orden ignaciana), amén de conocimiento del «mundanal ruido» (fue cocinero antes que fraile en el mundillo gardeliano de nuestra hermana nación argentina). Intentando zanjar el Papa, a requerimiento ingenuo de un periodista español, el tema socio-político hodierno del «machismo», señala el Pontífice que produce cansancio a los sentidos, con esta frase lapidaria: «Tanto feminismo termina siendo un masculinismo con faldas». Sucedió esto el 23 de febrero de este año en curso. Esperemos que se cumpla la doctrina del Pontífice. La francesa y bicentenaria Revue de deux mondes, en el número correspondiente a dic. 2016-en. 2017, publicó un trabajo del sociólogo y filósofo Michel Onfray titulado Tocqueville, homme de gauche. Pues bien, según Onfray, el mencionado Tocqueville, «hombre de izquierdas», sustentaba una tesis o posición en estos términos: «Contre les populismes, contre les idéologies, la liberté» (contra los populismos o contra las ideologías, libertad).

Ahora bien, en este año 2019 (14 de mayo), sigue con suerte entre nosotros la generación y utilización de este tipo de voces. En efecto: en el diario ABC, aparece, por primera vez, el «¿neologismo?» rubalcabismo, que desecha el ínsito vocabulario de mi ordenador. Me lo admite, por narices; más subrayado en rojo.

Manuel Mourelle de Lema es doctor por la Universidad de Comillas.

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