La mejor manera de gastarse 2.000 millones de euros

Por James T. Morris, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (EL MUNDO, 06/10/04):

Los que trabajamos en el sector humanitario nos estamos acostumbrando a las malas noticias. Más inundaciones en Haití, conflictos plagados de brutalidad en Darfur, el terrible impacto del virus del sida en el mundo en vías de desarrollo .

Así que para nosotros es como una ráfaga de aire fresco presenciar un compromiso positivo de los líderes del mundo para solucionar los dos problemas más grandes a los que el planeta se enfrenta en el siglo XXI: el hambre y la pobreza.

Hace algunos días, estaba en Nueva York cuando escuché al presidente Rodríguez Zapatero comprometerse políticamente en el marco de la Iniciativa Contra el Hambre y la Pobreza promovida por el presidente brasileño Lula da Silva. Y en el caso de que quedara cualquier duda de su compromiso, el señor Zapatero anunció a su vez, su intención de dedicar el 0,7% del PIB nacional en ayuda al desarrollo, llegando al 0,5% en 2008, lo que supondría un incremento de más de 2.000 millones de euros al final de la presente legislatura.

Me alegra visitar Madrid para felicitarle por su decisión y para asegurarle que no hay mejor manera de gastar ese dinero. Su iniciativa demuestra que algunos líderes del mundo son cada vez más conscientes de los verdaderos problemas, y están dispuestos a tomar medidas concretas para resolverlos. Realmente son buenas noticias.

Lo que no es tan bueno es que el debate sobre cómo acabar con el hambre y la pobreza se esté alargando tanto. En los últimos tiempos, centenares de ideas se han propuesto, discutido, enmendado, votado, aprobado y revisado. Y mientras tanto, los pobres siguen siendo pobres y la gente con hambre sigue pasando hambre.

Y, desgraciadamente, la triste verdad es que estamos perdiendo la lucha contra el hambre. Se mire como se mire esto sigue siendo un hecho indiscutible. Con excepción del caso de China -donde se han conseguido logros notables en la lucha contra hambre-, el número de gente crónicamente desnutrida ha crecido hasta 840 millones de personas en todo el planeta. De esa cifra, solamente una pequeña proporción es víctima de los desastres naturales que vemos en las noticias o de conflictos como el de Darfur.

Más del 90% de esta gente son seres anónimos, sencillamente demasiado pobres para producir o comprar el alimento mínimo necesario para sobrevivir. Y muchos de ellos se están muriendo. Cada año en todo el mundo más de nueve millones de personas mueren a causa del hambre. Una de cada tres víctimas es un niño. Desde que usted comenzó a leer este artículo, más de 30 niños han muerto de inanición.

La pregunta que deberíamos hacernos ahora es: ¿Cuántos millones de personas han muerto desde que comenzamos la discusión sobre cómo acabar con el hambre en el mundo?

Los niños con hambre no pueden esperar mientras que las fuerzas políticas discuten sobre qué impuesto crear, cuál debe ser el mecanismo de financiación, o qué instituciones deben contribuir en la lucha contra en hambre. Moralmente no se puede pedir a una madre subalimentada en Honduras, o Malawi, que se encuentra en estos momentos luchando para mantener a su bebé vivo, que tiene que esperar un poco mientras se inventa un nuevo impuesto internacional.

El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, y nuestros aliados en esta lucha, no estamos dispuestos a hacer esperar a nadie. Creemos que ahora es el momento de actuar, y de marcar la diferencia. Es por ello que durante el año pasado alimentamos a 104 millones de personas necesitadas, incluyendo a 56 millones de niños, en 81 países alrededor del mundo.

Pero podríamos hacer más. Tenemos la capacidad logística, la experiencia y los conocimientos técnicos necesarios para acabar con el hambre. Eso sí, no podemos hacerlo solos. El apoyo de nuevos aliados es crucial para nosotros. Trabajando todos juntos, hemos demostrado lo que podíamos hacer el año pasado, cuando alimentamos a la población entera de Irak de más de 26 millones de personas.

Hay ciertas áreas donde España puede ayudarnos. Los lazos históricos, culturales y lingüísticos de España en América Latina hacen de esta una región especial interés para este país. El Banco Mundial ha identificado América Latina y el Caribe como regiones marcadas con desigualdades profundas desde hace muchos años. Muchos de los grupos indígenas que sufren pobreza crónica en el continente americano necesitan desesperadamente ayuda alimentaria.

El año pasado, el Programa Mundial de Alimentos en América Latina y el Caribe proporcionó ayuda a 4,3 millones de personas en 11 países de la región; más de la mitad fueron mujeres y niños.Nuestros proyectos de alimentación escolar proporcionaron comidas a más de 15 millones de niños por todo el mundo. Muchos de esos niños están recibiendo una educación a la que no tuvieron acceso ni sus padres ni sus abuelos, y tienen ahora la oportunidad de escaparse de la pobreza que atrapó a las generaciones anteriores.En América Latina tenemos una red de alimentación escolar que ayuda a los gobiernos a generar proyectos que acaban con la pobreza a través de la educación, atrayendo a los niños a la escuela por que allí se reparte comida.

Pero todos estos esfuerzos no son suficientes. Hace cuatro años, la Asamblea General de las Naciones Unidas fijó ocho metas para el desarrollo a cumplir antes de 2015. La primera de estas metas es reducir a la mitad el número de gente con hambre en el mundo.Los datos hablan por sí solos. De acuerdo con el índice actual de desarrollo, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Honduras entre otros, no alcanzarán estas metas.

¿Por qué? Simplemente porque no tenemos los fondos necesarios para ayudarles. Y el problema es que esos fondos no los necesitamos en tres, cinco o diez años, o en el caso eventual de que entre todos, algún día, acordemos los nuevos mecanismos de financiación para acabar con el hambre y la pobreza en el mundo. Esos fondos se necesitan ahora.

En la ONU estamos siempre abiertos a considerar nuevas formas de ayuda. Un área que estamos explorando actualmente es la de las alianzas con el sector empresarial. Nuestro primer socio corporativo, TPG/TNT la empresa de correo y transporte global con sede en Holanda, nos ha proporcionado fondos, personal y ayuda logística que ha aumentado nuestra capacidad de llegar a la gente mas necesitada a lo largo y ancho del planeta. TPG/TNT ha llegado incluso a volar a zonas inseguras como El Chad transportando material humanitario para asistir a nuestros equipos en el campo.Esperamos que este ejemplo inspire a empresas españolas a forjar alianzas similares con nosotros.

Lo más importante para nosotros es contar con aliados en todo el mundo. La ONU ve a España como una tierra de oportunidad, con un PIB cada vez mayor, y una influencia creciente en la Unión Europea y en la esfera internacional.

También percibimos y apelamos al profundo sentido de la responsabilidad española, expresado en los fuertes lazos históricos que mantiene con países por todo el mundo. España puede ser una pieza clave en la lucha contra el hambre y la pobreza. Y ahora tiene una gran oportunidad para seguir ayudándonos a ayudar al mundo.