La mirada cristiana de Europa

A principios del siglo XX Chesterton afirmó en «La Esfera y la Cruz» que el mapa de Europa se dibuja al unir con una línea imaginaria la cruz de los campanarios de sus aldeas y ciudades. Si en Europa las carreteras actualizan las vías romanas, y las plazas reviven las ágoras griegas, los campanarios cristianos (católicos, ortodoxos, protestantes, anglicanos…) son lo primero que identifica un viajero entre sus vecinos de distinta lengua y cultura: la iglesia del pueblo, desde los fiordos de Escandinavia y las estepas de Rusia hasta las costas del Mediterráneo y del Atlántico. Tañer de campanas que recuerda que Europa surge y existe por la unión de Grecia y Roma con el Cristianismo mezclándose después con los bárbaros. Identidad cultural de la que dependen nuestros ideales y derechos, costumbres y usos sociales. Mirada cristiana de Europa que el canciller alemán Adenauer defendió en sus «Memorias» porque «tras las dos Guerras Mundiales sólo quedó una vía para salvar nuestra libertad política, nuestra libertad personal, nuestra seguridad, nuestra forma de vida desarrollada desde hacía muchos siglos, y que tenía como base un concepto cristiano y humano del mundo: una firme conexión con los pueblos y países que tengan las mismas opiniones que nosotros sobre Estado, Persona, Libertad y Propiedad».

Pero, panem et circenses, Europa ha caído en el laicismo, culto prometeico en el que sobra el concepto de Dios y, por tanto, de la solidaridad en la que Schuman en su «Declaración» cimentó la Unión europea, y que en sus «Memorias» defiende como parte de la caridad cristiana de una Europa allende guerras mundiales. Laicismo, aliado del relativismo, que cree que desde el bienestar material logrará no sólo la unión de los ciudadanos sino un nuevo orden ético y familiar sin Dios ni Derecho natural. Y que postula que la democracia es algo tan grande que, sin religión, asimilará a una religión que ha vuelto a nuestro Viejo Continente para quedarse: el Islám. Y, sin aprender de la Historia, sueña un oxímoron: la conversión del Islám a la democracia.

Así, el laicismo propaga que los ideales de la democracia, el confort material y la educación escolar integrarán a los musulmanes en Europa, y que el Islám y el resto de creencias quedarán en el ámbito de lo privado. Y se enzarza en cuestiones como el velo o el burkini mientras no ataja una concepción de la persona en la que la mujer no tiene el rol ni la libertad de la mujer cristiana. E insiste en una educación sin valores cristianos, cuando la laica Francia parece la Inquisición por las prohibiciones a las ropas, alimentos y fiestas musulmanas. Ante el vacío espiritual de Europa y el abandono de sus valores cristianos, y frente al empeño del laicismo en expulsar el Cristianismo del ámbito público ¿tan difícil es comprender que el ser humano, llamado a la trascendencia, cuando no cree en el Cristianismo se entrega a otros credos, porque el ateísmo no está en la genética de la persona ni de las sociedades? ¿Que Europa no será un modelo de democracia y progreso sin la suma del Derecho romano, de la Filosofía griega y de los valores del Cristianismo? ¿Que el sistema social del Islám no permite la separación de la Media Luna y el Estado? ¿Que la organización política de cooperación y libertad religiosa entre las distintas iglesias cristianas de Europa y sus respectivos gobiernos no tiene reciprocidad en el sistema teológico chií, suní o druso? ¿Ni que frente al retroceso en los derechos fundamentales de libertad de opinión, religión, igualdad, independencia jurisdiccional, voto, etc., son los valores del Cristianismo los que han hecho que en Occidente sea una realidad la incorporación laboral y la independencia social de la mujer, la caridad sea la base de las pensiones y de la Seguridad Social, o que la justicia se funda con el bienestar y la seguridad?

Y no se trata de una guerra de religiones en Europa, porque las guerras tienen su origen en el ansia de poder y no en Dios. Es un conflicto entre la libertad personal y colectiva de la antropología social cristiana frente a la idea de sociedad y persona del Islám. Afirmó Tocqueville en «La democracia en América», que «La libertad ve en la religión la fuente divina de sus derechos». Se refería a los recién nacidos Estados Unidos de América y a la libre religión cristiana de sus fundadores. Pero mucho antes que Norteamérica ya el Cristianismo revolucionó la ética de Occidente posibilitando su evolución hasta ser una sociedad de paz, libertad, bienestar y progreso. Cultura europea de raíz cristiana y grecorromana que el Islám, que por esencia identifica sociedad y religión y por existencia demografía e identidad, cambiará si Europa olvida los valores simbolizados en la cruz de las iglesias de sus pueblos. El pensador judío Weiler en «Una Europa Cristiana» escribió que «Europa nunca estará unida sin el Cristianismo». No se trata, insisto, en una guerra de religiones sino en distintas formas de entender la sociedad, y, con la perspectiva de los siglos, es posible pensar que sin la mirada cristiana nuestro Viejo Continente sí estará unido: sin el Cristianismo, Europa será Al-Ándalus.

Alberto Gatón Lasheras, capellán castrense.

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