La misma política exterior alemana de siempre

Más de diez semanas después de sus elecciones generales, Alemania sigue sin tener un nuevo gobierno, pero, aunque las negociaciones sobre la coalición posterior a las elecciones se han prolongado más de lo habitual, existe poco desacuerdo entre los partidos que la compondrán sobre la política exterior y de seguridad.

De hecho, cuando la Unión Cristanodemócrata de Angela Merkel y el Partido Socialdemócrata (SPD) presentaron por fin su acuerdo de coalición el 27 de noviembre, hacía dos semanas que el grupo de trabajo sobre política exterior y de seguridad había acabado su trabajo. Excepto unos pocos retoques que por lo general resuenan más dentro del país que entre los socios europeos e internacionales de Alemania (como, por ejemplo, el de requerir que el Gobierno sea más transparente en relación con las exportaciones de armas a regímenes autocráticos), la continuidad y la cautela seguirán siendo las consignas de la política exterior y de seguridad alemana.

Los observadores pueden discrepar sobre si la posición de los dirigentes alemanes ofrece una señal de fiabilidad o refleja una lamentable falta de ambición diplomática. Quienes esperan una dirección alemana más activa pueden muy bien sentirse decepcionados con el nuevo gobierno.

Las grandes ideas –o incluso las grandes cuestiones– brillan por su ausencia en el acuerdo de coalición. Es en gran medida un reflejo de las opiniones de muchos alemanes sobre sí mismos y su futuro: están cómodos con el status quo, no ven la necesidad de hacer propuestas de otras reformas, no están interesados en la gran estrategia y preferirían en gran medida que los dejaran en paz.

Piénsese en la política de la OTAN. Los sucesivos gobiernos alemanes han sostenido que la alianza debe ser –o incluso es– el ámbito para debatir y decidir los imperativos fundamentales en materia de seguridad, pero Alemania ha sido a veces bastante renuente a plantear las cuestiones de crisis en la sede de la OTAN. Y, en lo relativo a la prestación de seguridad militar y civil fuera de lo que el acuerdo de coalición llama “nuestra vecindad geográfica”, el gobierno entrante será partidario de que otras organizaciones regionales se encarguen de ello.

O pensemos en la cuestión de la adhesión de Turquía a la Unión Europea. El continuo desacuerdo entre los socios de la coalición no permitirá un papel alemán proactivo, sino que la solución de avenencia no será tal: ni sí ni no.

Al mismo tiempo, en el acuerdo de coalición aparecen nuevas perspectivas interesantes. Para empezar, se califica el traslado del “eje” estratégico de los Estados Unidos a la región de Asia y el Pacífico de oportunidad para Europa de hacer valer una política exterior coordinada que desempeñe por fin un papel en la formulación de las políticas de cooperación en esa región.

Además, para fomentar ese resultado, en el acuerdo de coalición se promete que el Gobierno “adoptará nuevas iniciativas para fortalecer y profundizar la Política Exterior y de Seguridad Común” después de la cumbre de la UE que se celebrará en diciembre de 2013. Comprende la petición de un período de sesiones anual del Consejo Europeo sobre seguridad y defensa, además de un debate estratégico sobre el objeto de las relaciones exteriores de la UE. Además, el Gobierno alemán apoyará la integración de la defensa europea y mantendrá la creación de un ejército europeo como un objetivo a largo plazo. Puede que no represente gran cosa en la práctica, pero el lenguaje de esa sección es mucho menos tibio que el de otras.

Por último, el acuerdo de coalición aborda las preocupaciones sobre la capacidad de Alemania para ser un socio fiable en la OTAN y en las misiones militares de la UE dentro de una organización de defensa de la UE más integrada. Según un fallo del Tribunal Constitucional de Alemania, el Parlamento alemán tiene la última palabra en lo relativo al despliegue de soldados. Sin embargo, los socios de Alemania en modo alguno asentirán a una mayor integración de las fuerzas, si el Parlamento alemán conserva el derecho de veto sobre su despliegue.

Los miembros de la coalición discrepan sobre la urgencia con que se debe resolver esa cuestión. No obstante, han acordado que, en el plazo de un año, una comisión ofrecerá diferentes opciones y modelos para proteger los derechos del Parlamento alemán, sin por ello dejar de ofrecer garantías a sus socios europeos que Alemania será un contribuyente fiable a los despliegues de tropas.

Si el SPD, que votará sobre el acuerdo de coalición a comienzos de diciembre, bloqueara la formación del nuevo gobierno (suceso improbable, pero que no se puede descartar), las desavenencias sobre los asuntos de defensa y seguridad no sería las causantes de ello. Aparte de algunos detalles menores, prevalece el consenso.

Para algunos, es una causa de ambivalencia. “No me gusta la idea de que Alemania se dé importancia para imponer su voluntad a los demás”, dijo recientemente el Presidente de Alemania, Joachim Gauck: “Sin embargo, tampoco me gusta la idea de que Alemania se quite importancia para evitar riesgos o rehuir la solidaridad”.

La de si la política exterior alemana puede y debe hacer más es una pregunta razonable. Hasta cierto punto, la nueva coalición sentirá la presión y examinará la necesidad de asumir una mayor responsabilidad en la dirección internacional, pero responderá siempre muy despacio y muy cautelosamente.

Conclusión: no se deben esperar sorpresas de Alemania. Teniendo en cuenta lo difícil que ha sido para algunos –si no la mayoría de– los demás países de la UE abordar los imperativos de los cinco últimos años, se trata en realidad de una noticia bastante buena.

Wolfgang Ischinger, former State Secretary of the German Federal Foreign Office and a former German ambassador to the United States and the United Kingdom, is Chairman of the Munich Security Conference and Global Head of Governmental Relations at Allianz SE.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *