La monarquía veinte años después de Diana

Entre las aportaciones que ha hecho el Reino Unido a la Europa moderna, cabe destacar la monarquía constitucional. En ningún país ha tenido tanto éxito la institución monárquica ni está tan arraigada. En los últimos años los británicos han sorprendido al mundo acabando con tradiciones como la caza del zorro. Han utilizado una fórmula muy poco británica como es el referéndum para preguntar a los ciudadanos por asuntos tan trascendentales como son la independencia de Escocia y la salida de la Unión Europea. Pero curiosamente, este nuevo afán de la clase política de preguntar a la ciudadanía por grandes asuntos del Estado no ha llegado a afectar a la Corona, ni siquiera tras la muerte de Lady Di.

Hace veinte años el primer ministro Tony Blair, entonces en el mejor momento de su carrera política hizo denodados esfuerzos por evitar que el accidente de la princesa del pueblo, como él la bautizó, pudiera amenazar la continuidad de la monarquía.

Bien es cierto que ya desde que se anunciara el divorcio los príncipes de Gales, en 1992, comenzaron a introducirse cambios en la monarquía con el fin de adaptarla a los nuevos tiempos y evitar que pareciera una institución insensible y distante. En 1992 la reina y el príncipe de Gales decidieron comenzar a pagar impuestos. La lista civil se redujo y se decidió que las cuentas de la Casa Real se sometieran al escrutinio del parlamento. Diana con su especial sensibilidad hacia los más desfavorecidos y su dedicación a las causas benéficas contribuyó de forma muy especial a acercar la corona al pueblo llano. Bien es cierto que esta idea ya la tuvo el Rey Jorge V que decidió que el porvenir de la corona una vez perdido el poder político estaba en convertirse en una institución que resultara útil para promover grandes causas sociales. Así surgió el concepto de “welfare monarchy” mediante el cual la familia real no sólo está al frente de instituciones benéficas sino que utiliza sus propios recursos para promoverlos. Desde la muerte de Diana esta idea de monarquía benéfica se ha reforzado hasta el punto de que la familia real británica está al frente de más de 3500 instituciones benéficas. El denominado Princes Trust, da trabajo a miles de personas en todo el país, por lo que el Príncipe Carlos no sólo se ha destacado por defender la ecología o el patrimonio histórico, sino que es considerado también un gran benefactor.

Donde más se nota el legado de Lady Di es en el estilo de monarquía que representan sus hijos los príncipes Guillermo y Harry. Parecen haber aprendido bien la lección de que nunca deben encontrarse en el lado opuesto de la opinión pública o al margen del espíritu de los tiempos. Por ello se muestran más pendientes de atender al ciudadano medio que de seguir el protocolo y ante todo muestran mucha inteligencia emocional.

Lo que indudablemente sí logró Lady Di es acabar con el concepto de matrimonio de conveniencia que predominaba en las casas reales. La idea de que el príncipe heredero se casara con una princesa o en su defecto con una joven de una familia aristocrática cuidadosamente seleccionada por la familia real se acabó con el malogrado matrimonio de los príncipes de Gales. Desde entonces, la nueva generación de príncipes herederos decidieron que ellos decidirían libremente la persona con quien deberían llevar el peso de la corona. A juzgar por el ejemplo de Kate Middleton y Doña Letizia el resultado ha sido -por ahora- muy positivo.

El Príncipe Guillermo declaró recientemente que la monarquía para sobrevivir debe mostrar su relevancia en el siglo XXI. Esta idea es especialmente relevante en el caso de la monarquía española, pues a diferencia del Reino Unido, hay un sector del ámbito político que sí se propone abiertamente acabar con ella. Por ello la corona española no sólo se ha modernizado de forma similar a la británica, sino que el rey Felipe ha ido incluso más lejos que la familia real británica a la hora de acercarse a los problemas de su pueblo. Así lo muestra su decisión de asistir a manifestaciones como la que tuvo lugar hace unos días en Barcelona, contra los últimos atentados terroristas.

Durante la visita de Estado de los Reyes de España al Reino Unido, españoles y británicos tuvieron ocasión de comprobar la buena salud de la que gozan sus dos monarquías, que son las más antiguas de Europa. Una de las virtudes de la monarquía es dar sentido de continuidad histórica a una nación y aportar unidad frente a las divisiones causadas por los políticos. Por ello, veinte años después de la desaparición de Lady Diana la monarquía parece tener mucho más porvenir que los partidos responsables del Brexit.

Julio Crespo MacLennan es historiador y director del Instituto Cervantes en Londres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *