La naturaleza es nuestro denominador común para una recuperación verde

La naturaleza es nuestro denominador común para una recuperación verde

Ya no queda ninguna duda de que la triple crisis del COVID-19, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad amenaza con afectar drásticamente innumerables vidas y sustentos. Aun así, en cada caso, la desinformación, la negligencia y la total negación del problema siguen minando la respuesta global.

Para avanzar, debemos unirnos para garantizar que nuestras decisiones estén basadas en la mejor evidencia a nuestra disposición. La ciencia es la herramienta más poderosa que tenemos para abordar estas crisis y trabajar hacia una recuperación verde sustentable.

Todas las sociedades claramente valoran los aportes materiales de la naturaleza: alimentos, energía, medicamentos y los materiales que necesitamos para construir y sustentar nuestras economías. Pero, en los últimos cincuenta años, un foco excesivo en el crecimiento económico ha resultado en el uso y la extracción insostenible de los aportes materiales de la naturaleza, de manera tal que las invalorables contribuciones no-materiales y reguladoras de la naturaleza han disminuido a niveles alarmantes.

Se han destruido hábitats de vida silvestre, se ha interrumpido la polinización y se han degradado los ecosistemas –incluidas zonas costeras críticas- al punto en que ya no sirven como amortiguadores contra peligros naturales y antropogénicos. Como resultado de ello, la contaminación ambiental ya no se absorbe lo suficiente, el agua subterránea segura ya no está disponible en las cantidades necesarias, los suelos son menos fértiles y los océanos se están volviendo cada vez más ácidos. Pero lo que más se percibe hoy es que se ha alterado seriamente la capacidad de la naturaleza de regular y contener organismos peligrosos para las personas, como los virus.

Estas tendencias perturbadoras han sido profusamente documentadas. La Evaluación Global sobre Diversidad y Servicios Ecosistémicos 2019 de la Plataforma Intergubernamental Científico-Política (IPBES por su sigla en inglés) determinó no sólo que un millón de especies de plantas y animales hoy están en peligro de extinción, sino también que los aportes de la naturaleza a la gente han declinado –en algunos casos severamente- en 14 de 18 categorías desde 1970.

El consenso científico global es claro: existe una evidencia abrumadora que demuestra que cada vez más estamos pagando el precio de nuestra incapacidad para proteger a la naturaleza. La pandemia del COVID-19 sigue devastando comunidades en cada rincón del mundo. Sin embargo, éste es uno de los muchos virus no identificados en la naturaleza del tipo que, se sabe, infectan a la gente.

Debemos entender que nuestra salud y nuestro bienestar están íntimamente conectados con la salud de los ecosistemas que nos rodean y con las especies con las que compartimos este planeta. Para recuperarnos de la crisis actual, deberíamos empezar por reconocer que las actividades humanas están destruyendo la naturaleza y creando las condiciones para efectos rebote peligrosos como lo es esta pandemia. Es hora de examinar en detalle el uso que hacemos de nuestra tierra y de nuestros mares, la sobreexplotación de los sistemas naturales, la contaminación, las especies foráneas invasivas y los crecientes efectos del cambio climático.

Afortunadamente, la ciencia nos ofrece no sólo las perspectivas que necesitamos para entender estos desafíos, sino también un rango de opciones para abordarlos. La Evaluación Global de IPBES propuso numerosas estrategias para crear una naturaleza sustentable. Es crucial tener una visión diferente de lo que constituye una buena vida y un buen bienestar, así como disminuir nuestro consumo y desechos totales. Igual de crucial es reducir las desigualdades, respetando la justicia y la inclusión en la conservación, e incluyendo los costos y consideraciones ambientales en todas las tomas de decisiones.

Asimismo, es esencial implementar políticas que alienten más tecnología e inversión “positivas con la naturaleza”, como lo es la educación para promover la conciencia de los desafíos que enfrentamos y las potenciales soluciones. En conjunto, estas medidas pueden dar lugar al tipo de cambio transformador que resulta necesario para garantizar un futuro sustentable.

La respuesta inmediata al COVID-19 ofrece oportunidades significativas para empezar a reformular nuestra relación con la naturaleza. La asignación sin precedentes de recursos financieros para respaldar a las economías durante la pandemia –para bien o para mal- determinará la trayectoria de la toma de decisiones durante por lo menos los próximos diez años, que también resulta ser la ventana crítica para detener y reparar el daño que le estamos causando al mundo natural. Las decisiones sobre qué industrias y qué sectores respaldar profundizarán la degradación o destrabarán el potencial de una verdadera recuperación verde.

En 2021, el mundo tendrá otra oportunidad clave para colocar las decisiones políticas en el carril correcto. Una conferencia muy esperada de la Convención sobre Diversidad Biológica, demorada por la pandemia, se llevará a cabo en Kunming, China. Allí los gobiernos acordarán un nuevo marco de biodiversidad global que incluya metas y objetivos específicos. El encuentro será la mejor oportunidad, y probablemente una de las últimas, para que los responsables de las políticas acuerden una acción coordinada para abordar no sólo los motores directos o indirectos de la degradación ambiental, sino también los comportamientos y valores que apuntalan nuestra relación con la naturaleza.

Sabemos que nuestras vidas y nuestros sustentos dependen de la naturaleza. La naturaleza es nuestro denominador común. La respuesta a la pandemia de hoy y la cumbre de biodiversidad del próximo año son oportunidades importantes, pero sólo si los responsables de las tomas de decisiones tienen acceso a la mejor evidencia y experiencia disponibles. La ciencia debería ser nuestra guía. Una recuperación verde no sólo está al alcance –exige la mejor evidencia a disposición.

Ana María Hernández Salgar is Chair of the Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES).

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