La negociación con el ELN y la búsqueda de la paz completa

¿Cómo se influirán mutuamente las mesas de negociación de las FARC y del ELN? ¿Cuáles son los riesgos del desfase entre los dos procesos? ¿En algún momento tendrán que sincronizarse y trabajar conjuntamente?

Completa y sostenible

Ahora que el gobierno y el ELN han anunciado una fase formal de negociaciones que comenzaría en Ecuador dentro de los dos meses próximos, hay esperanza de que en Colombia se dé por fin la “paz completa” a la cual se refirió el presidente Santos en su discurso a raíz de aquel  anuncio.

Los movimientos sociales que han insistido en la salida negociada del conflicto armado suelen decir que una paz sin el ELN no sería “completa”. Y por ejemplo el International Crisis Group sostiene que  la negociación con esta otra guerrilla viene a ser “un componente esencial para la construcción de una paz sostenible”.

Con una agenda ya definida, vale la pena revisar esta afirmación y analizar los retos que implicará la conducción simultánea de dos procesos de paz con dos guerrillas tan distintas y aún distantes en su origen, ideologías, bases sociales, fuerza militar, estrategias y modos de operar.

Tres peligros principales

Antes del anuncio de las negociaciones había mucha preocupación sobre los obstáculos que un ELN militarmente activo podría representar para los acuerdos con las FARC.

– El primer riesgo consistía en que si el ELN seguía actuando en algunas regiones, las comunidades allá residentes no conocerían ni siquiera una paz negativa es decir, la simple ausencia de confrontación o de operaciones militares. La verificación y estabilidad del cese al fuego con las FARC también serían más complicadas si el ELN prosigue sus acciones militares y continúa realizando secuestros.

La presencia de este grupo guerrillero en zonas donde no había estado durante la última década (por ejemplo Tumaco y partes del Cauca y Chocó) aumentaba esta preocupación y hacía temer las consecuencias de los vacíos de poder resultantes de la dejación de armas de las FARC en las regiones respectivas.

– El segundo riesgo radica o radicaba en la incertidumbre sobre la posición del ELN respecto de los miembros de las FARC que dejarían sus armas e iniciarían el trabajo político en zonas de influencia “elena”, lo cual conllevaría una posibilidad de acciones de violencia. Además del temor al eventual reclutamiento de excombatientes de las FARC por parte del ELN (un “cambio de brazalete”).

– Un tercer peligro era la continuidad o reproducción de economías ilegales debido a la participación directa del ELN. Algunos analistas han hablado además de una posible transmisión del conocimiento delincuencial de las FARC al ELN, y hay información de  que en Catatumbo y Putumayo algunos guerrilleros de las FARC estarían alquilando sus servicios relacionados con el narcotráfico al ELN u otros actores ilegales. De hecho, se ha argumentado que el ELN tiene demasiados intereses en las economías ilegales como para hacer una negociación racional.

E independientemente de la verdad de estas afirmaciones, en este momento el ELN es  capaz de proveer el control territorial del cual dependen las economías ilegales en las regiones donde tiene influencia.

Conjurando la paz

En mayor o menor medida los riesgos anteriores siguen estando vigentes porque es muy poco probable que se logre una perfecta “sincronización” entre los dos procesos de paz, toda vez que simplemente el ELN ha empezado demasiado tarde. Las preguntas son entonces si estos riesgos se pueden mitigar, y cómo hacerlo.

– En cuanto al primer riesgo, es fundamental que el gobierno y el ELN acuerden medidas de des-escalamiento del conflicto armado lo más temprano posible.

Asimismo el ELN debería anunciar públicamente el fin del secuestro, no solo porque el gobierno lo ha exigido, sino porque así mostraría desde muy temprano que negociar da frutos en el terreno humanitario, lo cual aumentaría la legitimidad de las negociaciones y de la propia organización guerrillera. El des-escalamiento y el fin del secuestro facilitarían por supuesto los diálogos. Y no menos importante, las zonas donde tiene presencia el ELN podrían gozar de la tranquilidad ofrecida por la falta de confrontaciones.

– El segundo riesgo es más complicado porque depende de la relación política entre todas las partes, pero no es imposible de controlar. Una opción consistiría en destinar un espacio (como se ha hecho anteriormente) en  Cuba para que los líderes del ELN y de las FARC lleguen a un acuerdo sobre la coordinación de metas, ritmos y condiciones para llevar a cabo los respectivos procesos de dejación de armas y “reincorporación”.

Aunque recientemente los dos grupos han mostrado respeto por las posiciones y procesos del otro, su relación histórica ha estado marcada por momentos de conflicto e inclusive de confrontaciones violentas. Por eso es mejor que concierten sobre estos temas a la menor brevedad posible.

Igualmente, la misión de Naciones Unidas debería vigilar el posible reenganche de excombatientes de las FARC por parte del ELN. Aunque le corresponderá primero a las FARC identificar esa eventualidad, es importante que el Estado propicie medidas de “reincorporación” temprana, con la mira puesta en la cohesión interna de las FARC y en prevenir disidencias mayores.

– Finalmente, el asunto de las economías ilegales sigue siendo un tema de largo plazo que requerirá enfoques de desarrollo económico, construcción de Estado y reconocimiento de los derechos de aquellos que están involucrados en los eslabones más bajos de los negocios ilícitos.

En el corto plazo, el Estado tiene una presión intensa para mostrar resultados contra el cultivo ilícito de hoja de coca. Por ejemplo el aumento de la superficie cultivada llevó al ministro de Posconflicto, Rafael Pardo, a anunciar que 94 municipios serán objeto de acciones especiales para terminar con esos cultivos. Es importante que la política de acabar con la coca esté acompañada por medidas de desarrollo alternativo para no crear problemas aún más complejos en las comunidades dedicadas al cultivo, en medio del afán por reducir la superficie cultivada a toda costa.

Los problemas de la negociación

La construcción de una paz que se alimente de los acuerdos con ambas guerrillas también depende de la viabilidad de la agenda con el ELN. Por ahora los puntos definidos con este grupo siguen siendo demasiado amplios y dejan muchas preguntas sin responder.

Por ejemplo el primer tema, la “participación de la sociedad en la construcción de paz”, contiene tres sub-puntos que realmente no precisan o especifican lo que se busca negociar en concreto. El pacto de negociación describe muy genéricamente cómo será la participación de la sociedad, aunque no da un objetivo claro ni dice cómo se definirá el mecanismo para esa participación. Los otros tres puntos siguen este patrón de generalidades y amplitud conceptual y temática, que fácilmente podría llevar a discusiones interminables.

Por todo lo anterior –y como dije más arriba- es muy poco probable que se logren sincronizar las mesas de las FARC y del ELN. Por ende los “elenos” son conscientes de que no habrá demasiado espacio de negociación sobre aspectos como el cese al fuego bilateral, la dejación de armas, el abandono de los negocios ilícitos y la justicia transicional. Pero por otra parte las dificultades de negociación o los errores en el desarrollo de estos procesos con las FARC podrían significar que la “coordinación” no sea tan clara ni tan fácil como todos quisiéramos.

Finalmente, un desafío grande para esta mesa es el tiempo, pues a Santos le quedan poco más de dos años en el gobierno. Es bastante probable que si los desafíos mencionados aquí no se abordan de manera temprana y ágil, no habrá un acuerdo general firmado antes del cambio de administración.

Esto podría llevar a un escenario donde los acuerdos con el ELN fueran rechazados o modificados por la nueva administración o por el mismo ELN. Para disminuir este riesgo el gobierno y la guerrilla deberían empeñarse en mostrar unos primeros resultados durante este mismo año para amarrar el proceso, aunque la firma del acuerdo final no sea con Santos.

A estas alturas ya es inevitable que coexistan las dos mesas de negociación, y el inicio tardío del proceso formal con los “elenos” significará varios riesgos que podrían obstaculizar la construcción de la paz completa. Pero unos logros tempranos con el ELN (o “certezas”, en el lenguaje de la guerrilla), como el des-escalamiento y la renuncia al secuestro, ayudarían a blindar las negociaciones contra todos estos riesgos.

Kyle Johnson, analista del International Crisis Group en Colombia.

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