La noche que Felipe VI le enseñó la puerta a Rajoy

Ha ocurrido como en esas películas de intriga en las que el protagonista deja un vídeo grabado en el que advierte: “Si estás viendo estas imágenes es que estoy muerto”. Solo que aquí ocurre al contrario. Si dentro de unos años seguimos recordando el mensaje a la Nación que Felipe VI grabó un 3 de octubre de 2017 será porque su autor continúa vivo, esto es, en el trono.

Aunque fue proclamado rey en 2014, ha sido este martes por la noche cuando a ojos de millones de españoles se ha coronado Felipe VI. La institución no estaba moribunda, pero sí malherida. En una sociedad a la que ya le cuesta admitir el carácter hereditario del poder, el Monarca no se había ganado la legitimidad ante los ciudadanos. Lo ha hecho. Y por lo visto en las redes sociales, el hisopeo de sus palabras ha tenido en algunos el mismo efecto que el agua bendita en la niña de El exorcista.

Cuando esperábamos la inminente declaración unilateral de independencia de Puigdemont, Felipe VI le ha tomado la delantera. Es el Rey el que se ha independizado al quitarse el tradicional corsé de la indefinición y las cautelas, tan propio del cargo como improcedente cuando se ven amenazados los derechos y libertades de todos los españoles.

España está en jaque desde hace tiempo, como lo está la propia Corona, símbolo de su unidad y permanencia. No por casualidad Juan Carlos I se vio empujado a abdicar hace tres años. Y el tiempo avala hoy aquella decisión. Porque es muy difícil creer que ante una crisis como la que ahora afronta el país, un Juan Carlos envejecido y desacreditado hubiera tenido la capacidad y la fuerza moral para liderar la respuesta. Basta imaginar el efecto que hubieran tenido hoy las tajantes palabras de Felipe VI en boca de su padre. Sería el rey… de los memes.

Muchos han deducido que el Monarca, con su actitud de ponerse al frente contra el golpe, le ha mostrado el camino a Rajoy para que intervenga de una vez la autonomía catalana. Puede. Pero creo que, sobre todo, lo que hace es enseñarle la puerta. Porque el desafío no ha hecho más que empezar. Porque Rajoy es a la Moncloa lo que hace tres años era Juan Carlos a la Zarzuela.

Ferrer Molina

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