La nueva fase del terrorismo islamista

Gustavo de Arístegui es diputado del PP y autor del libro El islamismo contra el Islam (EL MUNDO, 25/07/05)

Los 88 muertos en Sharm el Sheij, sumados a nuevos intentos de atentados en Londres tras los brutales del 7 de Julio, son indicios bastante claros de que el yihadismo está tratando de entrar en una nueva fase. A muchos expertos de salón se les llena la boca con eso de que Al Qaeda es una federación de franquicias. Quedan muy bien y es posible que una parte su red sea eso, pero lo cierto es que están muy lejos de entender la profundidad y la magnitud del problema.

La ideología que alimenta al terrorismo yihadista es el islamismo radical y las siglas sólo son una manifestación de un problema geoestratégico y geopolítico de muchísimo calado. Los más reputados expertos consideran que en torno a un tercio de los musulmanes del planeta tienen algún grado de identificación y simpatía con el yihadismo, es decir, que su base de reclutamiento se ha ampliado espectacularmente en los últimos 10 años, pasando del 15 o 20% de algunos estudios de la época, considerados entonces completamente exagerados, al 30% de hoy. Y no parece que su crecimiento se haya ralentizado. Bien al contrario, el fenómeno ha vuelto a acelerar su expansión. Algunos de los más brillantes islamólogos están revisando sus predicciones y ya no se oye hablar tanto del inminente e inevitable declive del islamismo radical.

No hay que buscar en informes de los servicios de Inteligencia para desentrañar los objetivos y las estrategias del yihadismo y tampoco para conocer qué forma tiene su intenso odio a Occidente.Uno de los padres del más violento islamismo radical, verdadero teórico del yihadismo, el egipcio Sayid Qutb, lo expresó con meridiana claridad en su libro A la sombra del Corán, donde en numerosos pasajes subraya el peligro que para el Islam supone Occidente, que es el peor enemigo del Islam. La siguiente cita ilustra hasta qué punto nos odiaba: «¡Hoy la Humanidad vive en un inmenso burdel! Sólo tenemos que echar un vistazo a la prensa, a las películas, a los desfiles de modelos, a los concursos de belleza, a las salas de baile, a los bares y a las cadenas [de televisión y radio]. ¡O bien observar la enloquecida lujuria por pieles desnudas, posturas provocativas o pasajes enfermos e insinuantes en la literatura, en el arte y en los medios de comunicación de masas! Hay que añadir a todo esto el sistema de usura que alimenta la voracidad del hombre por el dinero y que engendra métodos viles de acumulación y de inversión además del fraude, el engaño y el chantaje, todo ello disfrazado de legalidad».

Otra confusión frecuente en Europa y en Occidente es la de los objetivos del yihadismo. Se habla alegremente del «nihilismo».Pues no. El primer objetivo que el islamismo radical y su brazo armado, el terrorismo yihadista, dice estar buscando es derrocar a los gobiernos del mundo islámico, a los que ellos consideran corruptos, impíos, antiislámicos y sobre todo apóstatas. En segundo lugar, tratar de reconquistar todos los países o territorios que alguna vez estuvieron bajo el dominio del Islam, lo que según algunos historiadores islámicos incluye dos terceras partes de la península Ibérica y según otros hasta cuatro quintas partes.Para algunos teóricos moderados como Ziauddin Sardar, la reconquista de España fue el primer acto de colonialismo de Europa contra el Islam y también la más larga de las cruzadas europeas. Eso es una invitación a formar parte destacada del más siniestro hit parade de los objetivos terroristas. Gracias por darles un pretexto tan redondo y perfecto a los terroristas, señor Sardar, intelectual supuestamente laico. En tercer lugar, crear un supuesto califato islamista mundial, violento y opresivo para extender el reino del terror fanático a todo el mundo.

Las redes de Al Qaeda han sido descritas por muchos expertos.En mi libro El islamismo contra el Islam describo lo que a mi juicio es una clasificación que puede arrojar algo de luz sobre la nebulosa yihadista. En primer lugar, está su propia red, que tiene una estructura mucho más clásica de lo que los expertos de salón, los que hablan de la internacional de franquicias del terror, se han preocupado de investigar. Esta estructura es piramidal y tiene cuatro comités -el militar, el económico, el religioso y el de propaganda-, un consejo asesor y, por debajo, divisiones, campos de entrenamiento y células propias, además de colaboradores esporádicos, madrasas o escuelas coránicas y cientos, quién sabe si miles, de mezquitas radicales que le sirven de banderín de enganche, centro de reclutamiento y de adoctrinamiento.

Por otra parte, parece evidente que hemos entrado en una nueva y terrorífica fase para el islamismo radical más recalcitrante.Por una parte está la evidencia innegable de que las organizaciones y células terroristas están haciendo lo indecible para generar una insuperable sensación de peligro infinito, inestabilidad perpetua e inevitabilidad de los atentados, que propicien un clima de apaciguamiento y cesión que servirá de zaguán de lujo para colar cuantas exigencias e imposiciones puedan. Esta nueva fase implica una cuidada planificación, maquiavélicamente eficaz en la búsqueda del mayor impacto, la selección de los objetivos y de los países en los que lleva a cabo los atentados en función de su valor simbólico y su repercusión, social y mediática. Por eso debemos mantenernos firmes en la defensa de nuestros principios y valores y ser conscientes de que el yihadismo no desaparecerá por lograr concesiones sobre la base reivindicativa de sus pretextos, su objetivo es la dominación total, la dictadura global y la imposición de la tiranía del fanatismo que profesan al mundo entero, empezando por la Umma o comunidad de creyentes, que es su primera víctima y a la que dicen defender, condenándola a la regresión, el subdesarrollo, la inestabilidad y un horizonte de regímenes de terrorismo de Estado.

El crecimiento geométrico que ha experimentado el islamismo radical en los últimos años ha provocado una profunda transformación en el perfil de los islamistas y en el de los terroristas. Hoy decenas de miles de terroristas potenciales que han pasado por los campos de entrenamiento no forman parte de Al Qaeda y de ninguna de sus filiales o de otras organizaciones islamistas: son genéricamente islamistas radicales y, lo que es peor, genéricamente terroristas yihadistas. Estos individuos acaban respondiendo a la inspiración global de Al Qaeda o de otras organizaciones yihadistas o bien creen que alguno de sus comunicados constituye una orden inequívoca que deben cumplir. Por otra parte, se ha producido una proliferación de organizaciones yihadistas, algunas vinculadas a la organización principal o a sus filiales, otras inspiradas y por último las que son autónomas o incluso independientes, que son las que más han crecido en número.

De la «multinacional de la franquicia del terror» que dicen alguno hemos pasado a una especie de internacional de la emulación e imitación del terror. Del control de la vinculación entre pequeñas organizaciones autónomas, los espontáneos del terror y las organizaciones que generan la doctrina e inspiran a las demás, así como la de éstas con las células responsables de los últimos atentados, dependerá en gran medida el éxito que se pueda llegar tener en la lucha contra este tipo de terrorismo.

Pero por otra parte es indispensable lograr desentrañar cómo las organizaciones implicadas en los crímenes más horrendos han transmitido las órdenes, quiénes son los sargentos, oficiales y miembros del Estado Mayor del Terror que han mandado ejecutar los atentados en los que se ha podido identificar tanto en Madrid como en Londres hasta ahora lo que parece ser el tercer y cuarto nivel. Nos sigue faltando el nexo o vínculo entre las células terroristas y las grandes organizaciones yihadistas e islamistas radicales. Esta nueva fase quiere demostrar al mundo entero que no hay más «salvación que la rendición» y que no están debilitados.

La conclusión no puede ser más clara: estamos ante un desafío de proporciones muy preocupantes, un cáncer que se extiende rápidamente para el que hay que ser ortodoxo en lo que la defensa y respeto de los derechos y libertades fundamentales se refiere y muy imaginativo, audaz, tenaz y flexible en lo que toca a la respuesta. Londres y Sharm el Sheij son la Blitzkrieg nazi contra Polonia, después de la expansión a Austria favorecida por la política de apaciguamiento del monstruo nazi. No caigamos en el mismo error 60 años más tarde.