La ofensiva mediática de Israel

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, ha encargado a sus embajadores en Europa que hagan amplio uso de expertos en relaciones públicas. Desde ahora hasta el 16 de junio del 2011, las embajadas israelíes en Londres, Berlín, Roma, Madrid, París, La Haya, Oslo y Copenhague han de preparar una lista de mil personas favorables a Israel, a las que se enviará información regular por el conducto de la embajada.

Se trata de lanzar una campaña de relaciones públicas y defensa, así como de información sobre la política israelí. Se solicitará a tales personas que promuevan y organicen declaraciones y encuentros y faciliten la publicación de artículos en la prensa. Desde esta perspectiva, se duplicará el presupuesto de relaciones públicas de las embajadas en estas capitales.

Entre las personas cuyo apoyo se pedirá figuran miembros de las comunidades judías de los distintos países y también de comunidades y organizaciones cristianas, así como periodistas, políticos, intelectuales, especialistas y militantes de organizaciones estudiantiles.

El ministro de Asuntos Exteriores israelí proporcionará tres clases de apoyo a esta campaña: mensajes políticos sobre las posturas israelíes acerca del proceso de paz y los asentamientos, etcétera (para mostrar la estima y aprecio de Israel a la paz); mensajes sobre las posturas israelíes en campos tan diversos como la tecnología, la economía, el turismo (para valorar la sociedad israelí y no limitar la evocación del país al conflicto palestino-israelí) y, por último, mensajes sobre la evolución política en Oriente Medio en lo concerniente a los derechos humanos en Irán o Siria y sobre el ascenso imparable de Hizbulah en Líbano (para mostrar el carácter pernicioso de los adversarios de Israel). Cada embajada deberá elaborar dos valoraciones de la campaña el año que viene y redactar un informe trimestral sobre el trabajo y gestiones de las personas en cuestión.

Ciertamente, la curiosidad – que sin duda no será satisfecha-induciría con agrado a conocer esta lista de mil amigos en cada capital. Sea como fuere, cabrá observar con interés algunas tomas de postura a la vista de la información al respecto. Algunos amigos de Israel son bien conocidos y, por lo demás, muestran franca y abiertamente su postura. Otros prefieren guardar una mayor discreción y les disgustaría que se desvelara su nombre.

Nos situamos, cabe decirlo así, en un marco clásico de estrategia basada en la influencia que practican todos los países con mayor o menor fortuna según el grado de importancia y capacidad correspondiente. Francia, que suele referirse a tal estrategia, nunca ha sobresalido en realidad en esta labor. Desde hace mucho tiempo, Israel es un experto en la materia.

El hecho de que Israel quiera redoblar su esfuerzo indica que el Gobierno de este país ha caído en la cuenta de que su mensaje se transmite peor que antes.

Sea cual sea la eficacia comunicativa de Israel, su Gobierno está perdiendo la batalla de la opinión en Europa.

Israel carece de la imagen que antes tenía, la de un país que lucha por sobrevivir frente a enemigos árabes mucho más numerosos. Ofrece, en cambio, la de una superpotencia nuclear y militar que ocupa y oprime al pueblo palestino. La guerra de Líbano, la guerra de Gaza y el asalto a la flotilla humanitaria en dirección a Gaza han propiciado en cierto modo el deterioro de la imagen de Israel.

La acusación prácticamente sistemática de antisemitismo dirigida contra quienes critican al Gobierno israelí empieza a perder parte de su impacto y eficacia. Para restablecer su imagen es menester que se produzca un cambio de política, no de comunicación.

Los europeos distinguen entre el ocupante y el ocupado y consideran mayoritariamente que el principal responsable del bloqueo de la situación es Israel. La eterna prolongación de las negociaciones sin mayor resultado que la continuación de la ocupación engaña cada vez menos a la gente.

Si Israel quiere mejorar su imagen, investirse de nuevo de un auténtico atractivo u obtenerlo, existe un medio sencillo: suspender la colonización de Cisjordania, poner fin al bloqueo de Gaza y alcanzar un verdadero acuerdo de paz justa y equitativa.

Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París.

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