La omisión

El llamado proceso de paz ha sido, incluso desde antes de que ETA anunciara "un alto el fuego permanente", un torrente de palabras cuyo significado resulta la mayoría de las veces indescifrable. El término más reiterado es, sin duda, el de proceso.Ha acabado siendo recurrente utilizar dicha palabra sin aditamentos, porque así permite sugerir un flujo continuo de iniciativas, un ánimo paciente, una voluntad inquebrantable o una esperanza fundada en el transcurso del tiempo. Suelen emplearla los dirigentes de la izquierda abertzale para tratar de convencer a los suyos de que el camino acabará indefectiblemente en la meta que ellos quieren alcanzar. Pero resulta tan contagiosa que se ha convertido en lugar común de muchos observadores a la hora de referirse a eso que pasa, o que se quiere que ocurra, precisamente porque no se sabe lo que es. Todo cuanto tiene nombre existe, y la palabra proceso permite recrear una situación a la medida de quien la pronuncia. El término proceso ha sustituido a la palabra diálogo dando a entender que se trata de algo más tangible e ineludible. Dialogar o no representa una opción de parte. Sin embargo, el proceso existe, se da por existente. Y tiene además la ventaja de que sólo se puede estar en él, en el proceso. Muy difícilmente contra él.

Pero todo el caudal de términos sin significación precisa - mesa de partidos, fase resolutiva, verificación, salida dialogada- ha acabado ocultando la gran omisión. ETA hizo pública la declaración de "un alto el fuego permanente" el 22 de marzo pasado. Pues bien, desde aquella fecha ni los comunicados, documentos y declaraciones realizadas en su nombre, ni las manifestaciones públicas de los dirigentes de Batasuna han hecho más que alguna mención de pasada al "alto el fuego permanente". Y la última hace ya meses. En el mes de mayo, en una entrevista publicada en el diario Gara,dos encapuchados se explicaban así: "El término permanente expresa la solidez de la decisión de ETA, el alcance de nuestro compromiso y nuestra voluntad de llevarlo a término". Desde entonces, ninguna palabra más al respecto.

Conviene preguntarse sobre esa particular reserva mental que puede llevar a una banda terrorista a anunciar "un alto el fuego permanente" para evitar después referirse expresamente a ello. Aun siendo incierta la situación generada tras el 22 de marzo, e imprecisas las palabras que había escogido ETA para anunciar el inicio de su tregua, el hecho de que tanto la banda como la izquierda abertzale se hayan referido a ella como "la decisión de ETA", "la aportación de ETA", o "el esfuerzo realizado" denota la incomodidad que a partir del mes de mayo comenzó a provocar "un alto el fuego permanente" entre unos y otros.

La omisión podría tener una explicación de importancia relativa si con ella ETA y Batasuna quisieran resaltar precisamente la relevancia del proceso situándola muy por encima del paso dado por la banda. Pero la propia actividad de ETA y el discurso maximalista de la izquierda abertzale invitan a pensar que la prevención a "un alto el fuego permanente" responde a causas más profundas.

Sería lógico concluir que no es posible verificar la realidad de "un alto el fuego permanente" cuando éste deja de ser mencionado por quienes lo anunciaron. De hecho, hace ya bastantes semanas que también dejó de hablarse de verificación. De manera que siendo el término proceso de por sí inconcreto y proclive a un uso tan inconsistente como oportunista, la desaparición de "un alto el fuego permanente" como formulación verbal que se dio a conocer en marzo pero de la que se había oído hablar desde meses antes introduce un factor añadido de inquietud, aunque haya pasado absolutamente desapercibido. Tal omisión representa más que un signo de autocensura. Podría reflejar las dificultades que tienen quienes optaron por anunciar la tregua para mantener la literalidad de aquellas mismas palabras frente a la disposición activista de quienes no parecen dispuestos a practicar, de forma "sólida, decidida y comprometida", el alto el fuego.

Todavía es pronto para predecir qué ocurrirá con el proceso.Pero para que pudiera salir hacia delante sería imprescindible que las palabras utilizadas fuesen menos y más claras. Que los términos que se emplearan recobrasen su sentido. Y que ETA volviera a declarar "un alto el fuego permanente", por lo menos.

Kepa Aulestia