La OTAN y la Nueva Turquía

Turquía se unió a la OTAN a principios de la Guerra Fría para obtener la protección de Estados Unidos en caso de un ataque soviético. En aquel entonces, Turquía se puso claramente en la primera línea; hoy, sin embargo, sus dirigentes están impulsando activamente una política exterior y de seguridad independiente, y su creciente confianza está poniendo a prueba la cohesión de la Alianza.

Mientras tanto, la cooperación entre la OTAN y la Unión Europea sigue estancada, debido a la disputa con Turquía sobre el Chipre dividido. Más aún, en agudo contraste con la mayoría de los miembros de la OTAN, Turquía sostiene que Irán y Siria no deben ser vistos como una amenaza. Y, en el punto álgido de la crisis de Libia, mientras los funcionarios de la OTAN preparaban planes operativos de intervención, el Primer Ministro de Turquía Recep Tayyip Erdogan hacía declaraciones en contra de la acción militar.

Como resultado, algunos dicen ahora que Turquía está dando la espalda a Occidente. Pero sería más exacto decir que Turquía está ampliando su alcance. Turquía, de hecho, puede generar tensiones dentro de la OTAN, pero su posición representa un astuto equilibrio entre la lealtad a la Alianza y el cuidado apropiado de sus propios intereses nacionales.

Cambios geopolíticos como el final de la Guerra Fría y, últimamente, el impulso a la democracia en el Oriente Medio, junto con el deseo de tener “cero problemas” con los países vecinos de Turquía, han creado nuevos objetivos para los estrategas de política exterior turca. De hecho, los líderes turcos están reduciendo la importancia de los problemas de seguridad de “poder duro” en favor de aumentar el poder blando del país, aprovechando al mismo tiempo las oportunidades económicas.

Una consecuencia principal de esta “des-securitización” de la política exterior de Turquía ha sido una alteración del equilibrio de poder entre las instituciones militares y civiles del país. Una consecuencia no menos importante es el cambio en la relación entre Turquía y Occidente.

En los últimos años, la colaboración para la defensa constituía un pilar de las relaciones de Turquía con Occidente. Pero se trataba de una relación asimétrica, en la que Turquía, como consumidor de seguridad, dependía en gran medida de Occidente. Las opciones de política exterior de Turquía se veían limitadas por la necesidad de mantenerse alineada con la de su proveedor de seguridad.

Hoy en día, sin embargo, la disminución de las percepciones de amenaza han modificado de manera fundamental este punto de vista y han reducido la necesidad de Turquía de actuar al unísono con Occidente. Por otra parte, la menor preocupación de Turquía por su integridad territorial ha disminuido considerablemente la influencia de Occidente. El aflojamiento de la relación de seguridad ha dado una mayor libertad a Turquía en política exterior.

Sin embargo, sería erróneo afirmar que Turquía se está alejando de la OTAN. Turquía sigue siendo un miembro activo e influyente, y espera beneficiarse lo más posible de ser parte de la alianza. Tiene un compromiso con la OTAN y su presupuesto militar cumple más o menos el criterio de gasto de defensa de la OTAN del 2% del PIB. También compromete tropas a las operaciones de la OTAN, en particular para la operación ISAF en Afganistán. El papel de Turquía en la Alianza es más activo que el de la gran mayoría de los demás Estados miembros.

Turquía está presionando a la alianza para adaptarse a los nuevos retos de seguridad y, sin embargo, se mantiene firme en su adhesión a las políticas de uso compartido de recursos nucleares de la OTAN. Turquía es uno de los seis países de la OTAN que han albergado armas tácticas nucleares de los EE.UU. por más de 40 años, incluidas 90 bombas de gravedad B61. La disponibilidad de las armas nucleares que hay en su territorio -una cuestión de semanas o meses en lugar de horas- ofrece poco valor estratégico. Sin embargo, Turquía siempre ha argumentado que una capacidad de disuasión nuclear creíble de la OTAN es vital para la defensa colectiva de la alianza.

En efecto, la posición de Turquía se encuentra en contradicción con los tres países de Europa Occidental – Bélgica, Alemania y los Países Bajos – en la actualidad piden una retirada de las armas nucleares de los EE.UU. de su territorio. Turquía insiste en que tales decisiones no se pueden tomar de manera unilateral, y que es necesario un consenso de la OTAN en su conjunto para cambiar este elemento fundamental de la disuasión nuclear de la alianza.

Turquía también participa activamente en la revisión en curso de las capacidades de disuasión de la OTAN, cuyo objetivo es lograr un equilibrio entre las capacidades nucleares y convencionales de la Alianza, y también apunta a aclarar el papel de defensa antimisiles en este contexto. Las autoridades turcas dicen que no se opondrían a un programa que fortalezca la seguridad de la OTAN. Pero temen el despliegue de un sistema de defensa antimisiles dirigido exclusivamente a los vecinos de Turquía.

Como resultado, los líderes turcos han establecido tres condiciones para aceptar dicho programa. En primer lugar, el sistema debe tener en cuenta los riesgos de seguridad actuales, basándose en la capacidad de misiles existentes de los países que no pertenecen a la OTAN. En segundo lugar, debe cubrir todo el territorio de Turquía. Por último, ya que Turquía no tiene ningún deseo de ser un estado en “primera línea de conflicto” en Oriente Próximo, como lo fue durante la Guerra Fría, se opone vigorosamente a que Irán y Siria sean identificados como amenazas directas.

Hoy en día, Turquía considera su pertenencia a la OTAN como sólo un aspecto de su política de seguridad más amplia. Su gobierno busca desempeñar un papel importante en los asuntos mundiales y, en consecuencia, sus políticas no siempre coinciden con las de la mayoría de los miembros de la OTAN. En última instancia, sin embargo, los líderes turcos no tienen ninguna intención de socavar la cohesión y eficacia de la OTAN. Por el contrario, su objetivo es afirmar la posición de Turquía en la OTAN para que la Alianza refleje mejor sus propios objetivos.

Sinan Ülgen, presidente del Centro de Estudios Económicos y de Política Exterior (EDAM, por sus siglas en inglés), con sede en Estambul, es académico visitante en el Centro Carnegie Europa. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *