La pancarta

Por Juan Carlos Sancho (EL CORREO DIGITAL, 13/01/07):

Consciente de su derrota intelectual y de que el tiempo se le acababa, hace unos meses que el movimiento terrorista nacional vasco nos anunció su ‘tregua permanente’. La sociedad española en general y la vasca en particular apreciaron esa señal como algo positivo, aunque con los recelos de siempre ya que no era la primera vez que las expectativas de la anhelada paz se frustraban. También los disidentes del invento de Sabino Arana podíamos estar contentos, ya que coyunturalmente los terroristas nos perdonaban la vida. Se abría así una nueva etapa de esperanza mezclada con escepticismo, que de no haber sido por la ingenuidad del Gobierno de Zapatero, sumada a la torpeza del principal partido de la oposición y al maquiavelismo del nacionalismo y sus socios de gobierno, hubiese sido posible acabar definitivamente con la pesadilla.

De bochornoso se podía calificar el espectáculo dado por gran parte de la clase política en este tiempo transcurrido de tregua trampa. Gobierno y oposición han impartido de manera gratuita toda una lección de insensatez, y no ha habido un solo día que escuchando las noticias, la mayor parte de la sociedad no pasase vergüenza ajena. La discreción, en estos casos primordial, ha brillado por su ausencia; vamos, que se lo han puesto en bandeja al MTNV (Movimiento Terrorista Nacional Vasco) para pujar al alza su jubilación. Los errores han sido garrafales; en primer lugar el propiciado por la ingenuidad de ZP. El presidente es un buen hombre falto de talento, ese que por ejemplo le sobra a Rubalcaba. En política y sobre todo para gobernar una nación como España, además de honestidad y buen talante se requieren otras cualidades y nunca está de más un poco de carácter e inteligencia. De ahí el rocambolesco discurrir de la política exterior y la sinuosa marcha del resto de los ministerios.

Referente a la oposición, solamente decir que los señores Acebes y Zaplana son más útiles a Batasuna y al nacionalismo en su conjunto que a su propio partido. No he escuchado una sola intervención pública de estos dos paradigmas de la torpeza, que no haya motivado una afiliación masiva a sus contrarios.

En cuanto al PNV, como siempre, agazapado tras el nogal esperando la sacudida para recoger las nueces, mientras Madrazo, ejemplo de coherencia donde la haya, continúa tutelando una Izquierda Única defensora de privilegios territoriales en detrimento de los más desfavorecidos.

Volviendo a la explosiva tregua, ha bastado el primer desencuentro en las conversaciones para de una forma trágica dejar claro lo que muchos temíamos. Y de nuevo esa paz cautiva que nos querían vender, tan ajena a la libertad, salta en pedazos llevándose por delante otras dos vidas.

Uno nunca pierde la esperanza en la recapacitación y siempre que ocurre la tragedia espera esa reacción sensata que definitivamente coloque las cosas en su sitio. Pero lamentablemente la historia se repite. El lehendakari de los nacionalistas convoca una manifestación con el lema ‘Por la paz y el diálogo’. Este lema, al igual que la ‘tregua permanente’ de ETA, tenía su trampa pues lo habían preparado de manera que en el supuesto de intentar matizarlo, convertía por arte de magia a los discrepantes en enemigos del pueblo. Afortunadamente la presión social ha empujado a Patxi López a echar un órdago, así que al PNV no le ha quedado más remedio que claudicar y añadir la coletilla ‘Exigimos a ETA el final de la violencia’. Es curioso que a gente tan aparentemente sensata como Ibarretxe, le cueste tanto llamar a las cosas por su nombre. Éste es nuestro eterno problema: la claridad; y para muestra un botón: habrán visto todos ustedes esos graciosos cartelitos colocados en las balconadas de las instituciones, que dicen: ‘Necesitamos la paz’; como si nadie supiese quién nos la está quitando, o como si tuviesen miedo al que nos la quita, para no poder exigirla. Y es que el PNV es maestro en el terreno de la ambigüedad para sacar tajada en beneficio propio, importándole un bledo la sociedad en su conjunto.

De todos modos, a estas alturas es de dominio público lo que encierra la filosofía del diálogo con ETA: O aceptas mis condiciones, o sigo matando. Y, ¿cuáles son sus condiciones? Están claras: convocatoria inmediata de un referéndum de autodeterminación y anexión de Navarra.

Los vascos no debemos aceptar este chantaje porque desde tiempos inmemoriales hemos sido tan responsables como el que más en el hecho histórico llamado España. Es algo de lo que a estas alturas no tienen ningún atisbo de duda los más prestigiosos historiadores, así que no añadiré nada en este artículo al margen de reseñar que nunca ha habido una guerra territorial, ni de ocupación ni de secesión en nuestro país, y que los únicos conflictos acaecidos hasta la fecha jamás han sido entre vascos y españoles, sino entre vascos y vascos por motivos dinásticos e ideológicos.

Al comienzo de la fenecida tregua y empujado por unas desafortunadas declaraciones del lehendakari de los nacionalistas, escribí un artículo que fue publicado en distintos diarios y en el que expresaba la otra razón, todavía más poderosa, contra la convocatoria precipitada de un referéndum que cambiase nuestro actual marco de convivencia. Y es que cuarenta años de terror han hecho mella en nuestra sociedad hasta enfermarla. Como decía también por aquel entonces: «una sociedad con un porcentaje tan elevado de individuos insensibles al dolor ajeno, que durante tantos años han venido apostando por la muerte del adversario sin un atisbo de compasión, es una sociedad enferma. Un país con una tasa tan elevada de gente que ha venido colaborando, comprendiendo, tolerando o simplemente mirando hacia otra parte ante el crimen organizado, es un país enfermo y un país enfermo necesita tratamiento para curarse, antes de cualquier consulta trascendental para su futuro, porque partiríamos de un plebiscito viciado y por tanto injusto».

No obstante toda situación política es susceptible de ser modificada mediante la voluntad mayoritaria de la sociedad; pero ahí es donde los ciudadanos debemos estar atentos, pues como decía en aquel mismo artículo, «no es de extrañar la prisa del régimen de Arzalluz por convocar lo antes posible un referéndum; saben que parten de una situación ventajosa y tratarán por todos los medios de aprovecharla, al igual que durante cuarenta años han venido cosechando sin escrúpulos lo que el terror sembraba».

Nadie puede poner en duda que los señores Juan José Ibarretxe y Josu Jon Imaz son dos buenas personas, como tampoco pasa desapercibida su falta de carácter. Estoy convencido de que estos dos buenos muchachos habrían elegido desde el primer momento para la manifestación un lema proporcional al bombazo, pero quien manda de verdad, hasta no comprobar el rechazo social a su engaño, no se lo ha consentido.

Siempre he mantenido y hoy me reafirmo en mis convicciones, que los halcones del Partido Nacionalista Vasco han sido los máximos responsables de la larga pesadilla que vive este país. El primer lema lo dejaba definitivamente claro. Piensen por un momento en el maquiavelismo de elegir la consigna ‘Por la paz y el diálogo’. En esa manifestación cabían hasta los que pusieron la bomba el otro día, pues ellos también quieren ‘su paz’ mediante el ‘diálogo’, ese diálogo que consiste en la rendición de todos aquellos que no aceptamos un país de corte racista y fascistoide.

El PNV lo sigue teniendo claro: ETA es el camino más corto para doblegar a la oposición y conseguir sus objetivos; por eso ellos también quieren la paz mediante el ‘diálogo’.

Un artefacto ha estallado en la T4 y han muerto dos personas; ETA ha reivindicado el atentado y en su comunicado cínicamente lamenta los daños colaterales de los que culpa al Gobierno de ZP por no aceptar sus condiciones. Verán cómo dentro de unos días, el PNV nos señalará también como culpables de la tragedia a los que no se han dejado chantajear. La situación es crítica y desde aquí hago un llamamiento al mundo de la cultura para propiciar una plataforma unitaria por la libertad. Hasta el día de hoy las condiciones las vienen imponiendo ETA y el resto del nacionalismo. Va siendo hora de que los ciudadanos independientes digamos basta ya y exijamos lo esencial; ese bien preciado que tanto necesita nuestra tierra: Libertad.