La patología del embustero

Ricardo Arques, en Cantabria. Estudios Vimagit
Ricardo Arques, en Cantabria. Estudios Vimagit

Comencé y desarrollé buena parte de la investigación de los GAL en circunstancias y condiciones un tanto adversas. Muy joven, sin experiencia, en solitario, en el País Vasco y durante los duros años del plomo. En este contexto, mis trabajos fueron dando luz a la total oscuridad que se cernía sobre los GAL.

Fui desvelando quién era el lugarteniente del policía José Amedo en la organización, quiénes los mercenarios que la componían, dónde estaban, por quiénes habían sido contratados y en qué atentados habían participado. Es decir, la base y sustancia de la guerra sucia, el organigrama que culminaría tiempo después en el gran sumario de los GAL, el 1/88 instruido por el juez Garzón.

ETA seguía matando. Eso me colocaba en una posición de mayor vulnerabilidad, pues en paralelo a las investigaciones sobre los GAL, que comprometían cada vez más a la Seguridad del Estado, seguía también la pista de la organización terrorista vasca desde el diario Deia, en Bilbao, como periodista encargado de la información que entonces se llamaba de "orden público".

Amedo (derecha) y Domínguez (izquierda), en el Eurobuilding. Cedida por el entrevistado
Amedo (derecha) y Domínguez (izquierda), en el Eurobuilding. Cedida por el entrevistado

Entonces, en la Policía había gente buena y gente mala, como en el periodismo, como en todas las partes y en todos los tiempos. Un comisario por quien guardaba un profundo afecto (era mutuo) me advirtió en no pocas ocasiones, cada vez que se ponían las cosas calientes: "Modera, Ricardo. Un día te van a pegar un tiro y nadie va a saber de dónde viene. Es lo peor que puedes hacer, asomar en todos los frentes".

Hubo otros policías en el entorno de mis contactos y fuentes que también me dieron muy buenos consejos, que me avisaron de peligros en aquella época tan explosiva donde la bomba-lapa bajo el coche y el tiro por la espalda eran formas frecuentes, recurrentes y efectivas de matar. De acabar con lo que resultaba incómodo.

Recuerdo entre todos los momentos delicados uno muy especial, seguramente el más especial de todos los que recuerdo. En la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, un día se armó el gran revuelo. Había publicado una información donde desvelaba la práctica de escoltas ilegales salidos de esa jefatura y que vigilaban a los propios agentes. Entre ellos, Amedo y Domínguez.

Molestó mucho la información y también la serie de fotografías probatorias que la profesionalidad del fotógrafo Fidel Raso logró captar como evidencia tras pasar los dos toda la noche camuflados en una higuera.

Ese mismo día, a última hora de la tarde, recibí una llamada anónima en la redacción del periódico. "No me conoces, pero yo a ti sí", dijo. Me dio datos muy precisos sobre mis movimientos. "Tenemos amigos comunes, aunque no sabes quiénes. Tengo algo muy importante que decirte, pero no por teléfono y tampoco en lugar alguno donde puedan vernos juntos".

Me citó a las 23:00 del día siguiente en el espigón del muelle de Castro Urdiales, en Cantabria. Por allí paseamos en medio de la oscuridad y de la nada entre el ruido rompiente de las olas. Me dio confianza. "Los que has nombrado en tu reportaje se han reunido en la Jefatura. Estaban los artificieros, esos son tipos duros y están muy cabreados. Quieren ponerte una lapa bajo el coche. Extrema al máximo las precauciones, aquí nadie va en broma".

Durante algún tiempo, no usé el coche. Fui en transporte público a todas partes.

Nunca he sabido si realmente mi vida estuvo alguna vez sentenciada y si algo de todo aquello la salvó, pero sí sé que sentía seguridad gracias a esas advertencias, como si me alejaran, porque me alejaban, de los peores precipicios a los que me arrimaba con la inconsciencia y la inexperiencia de la juventud.

Ricardo Arques (izquierda) y Melchor Miralles (derecha) sacan el baúl del zulo de los GAL.
Ricardo Arques (izquierda) y Melchor Miralles (derecha) sacan el baúl del zulo de los GAL.

Por esas impagables ayudas que recibí en clave de aviso en los difíciles tiempos del plomo, investigando a los GAL, siguiendo pistas de ETA, solo, joven, inexperto, en el País Vasco primero y luego en Madrid, escribí tiempo después en el libro Amedo, el Estado contra ETA este sincero y sentido agradecimiento entre once reconocimientos más que dediqué a familiares y amigos: "A todos los policías, anónimos a la fuerza en esta dedicatoria, que se preocuparon por mi seguridad".

Por este gesto plasmado de todo corazón en el libro, Melchor Miralles (MM a partir de ahora) ha intentado de nuevo socavar mi honra y sembrar la injuria en su obsesiva intención de difuminar mi trabajo para apropiárselo como suyo. Es multirreincidente en este empeño que ya ronda el acoso. Con su capacidad de manipulación, su insultante ego y su infinita ingratitud.

En una entrevista publicada en este medio, MM responde así a esta pregunta sobre el descubrimiento del zulo de los GAL:

–Fuisteis con las manos vacías, sin nada con lo que protegeros. ¿No fue una inconsciencia?

–Creo que no. Yo era plenamente consciente de que existía el riesgo de que fuera una trampa y de que allí nos estuviesen esperando para pegarnos un tiro. Pero lo asumía. Años después, ocurrió algo relacionado con esto que me distanció de Ricardo. En el libro que hicimos juntos dio las gracias a los "policías anónimos" que se ocuparon de su seguridad. Le pregunté: "¿Y mi seguridad? ¿Cómo no me has dicho nada?".

¿Qué pretenderá MM con este nuevo embuste, con este nuevo embate? Sus mentiras, aunque muy dañinas, no son tan importantes como las intenciones que esconden.

El periodista de EL ESPAÑOL, Daniel Ramírez, buen periodista, por cierto, repregunta: "Quizá ese dispositivo de seguridad os protegiera a los dos". A lo que MM responde: "Se lo pregunté y no me dio explicaciones".

Mentira sobre mentira, embuste sobre embuste. La falacia de su primera respuesta es tan grande y tan obvia que se desvanece en su propio absurdo. ¿Dónde tenía yo la seguridad policial en aquel solitario y aislado monte donde se encontraba el zulo? ¿Escondida en el bolsillo para que nadie la viera? ¿Hay alguna razón que vincule la dedicatoria a la apertura del zulo?

¿Cómo se llega a las conclusiones de MM desde una simple dedicatoria en un libro de casi mil páginas y un trabajo de más de diez años? ¿Alguien me vio alguna vez con vigilancia de protección, con escolta? ¿Lo vio MM en los años (para mi desgracia) que trabajamos juntos? Si lo vio, ¿por qué no lo dijo?

El zulo se destapó en agosto de 1987 y el libro donde aparece la dedicatoria se publicó en octubre de 1989. ¿Tuvo que esperar más de dos años para dar el paso de preguntarlo?

A la segunda cuestión del periodista, MM endosa otra infame mentira. Jamás me preguntó nada. Nunca tuvo la oportunidad de hacerlo. Ni el coraje. Cuando se publicó el libro de los GAL donde figura la dedicatoria, yo ya había roto toda relación con él: por abusivo, por manipulador, por mal compañero, por ingrato, por mentiroso y por su intento continuado de robar mi trabajo. Yo rompí la relación con él, no se distanció el de mí, como dice, mintiendo otra vez en la entrevista.

La elaboración del libro fue la gota que colmó el vaso. MM impuso capítulos fuera de lugar con los que subrepticiamente pretendía presentar la investigación de los GAL como una continuación de pesquisas previas suyas sobre grupúsculos como el Batallón Vasco Español o la Triple A.

Esa es su estrategia y su obsesión: enredarlo todo para quedarse con todo.

Se observa en la propia entrevista con Daniel Ramírez en EL ESPAÑOL. Dice MM que, desde la cúpula del Ministerio del Interior, se pidió a Jean Paul Raguet, un exmercenario, "que montara una organización paraterrorista para combatir a ETA en el sur de Francia, lo que luego serían los GAL".

El tal Raguet se lo cuenta a MM y lo publica, "pero sin mencionar todavía lo de los GAL", matiza. Un día, el tal Raguet llama a MM para decirle que va a tirar de la manta, que lo recoja al día siguiente en Barajas. Pero al tal Raguet lo asesinan por la tarde. "Había salido de casa con sus papeles para llamarme desde una cabina", declara MM. "Siempre los llevaba consigo. Nunca aparecieron".

Resulta insistente en sus obsesiones. MM estuvo a punto de desenmascarar los GAL antes de que nadie ni nada pusiera luz sobre los GAL. Es curioso cómo cose y trenza para sus espurios intereses.

Curiosa resulta también la conducta de su controvertida fuente. Mientras el resto de la humanidad esconde los secretos bajo la seguridad de siete llaves, el tal Raguet los llevaba siempre encima, consigo a todos lados, impropio de alguien que por supuesta alta jerarquía en su pasado mercenario atesoró, decía, importante información comprometedora.

Uno aprende con la experiencia cómo son las fuentes, qué se puede esperar de las fuentes y cuánto hay que creer a esas fuentes. Todo está en función de su perfil, ligado a su comportamiento.

El tal Raguet era un antiguo mercenario ostentoso y lenguaraz que presumía en público de su pasado, de poseer información sobre la guerra sucia y sobre tráfico de diamantes en Tenerife, que fue rico, que contó con el apoyo del sector hostelero de la isla, donde tenía una discoteca, que un día ese sector le retiró el apoyo por "lengua fácil" y cayó en desgracia, que se arruinó, que vivió de la caridad de algún amigo, que pregonó a viva voz y a los cuatro vientos que iba a tirar de la manta por venganza y que apareció muerto con cuatro puñaladas sin que nada se supiera jamás de los secretos que decía tener.

Para extraer la realidad entre las turbulencias que provocan los fantásticos intentos de MM, hay que ordenar varias certezas.

Una: el gran sumario de los GAL, el 1/88, no se genera por trabajo alguno de MM, el que hubiere o los que hubiere, sobre los grupúsculos ni los mercenarios anteriores al GAL.

Dos: ningún nombre fuera de la actividad de los GAL, incluido el tal Raguet, tiene importancia alguna o relevante en la investigación sumarial de los GAL.

Tres: el gran sumario 1/88 de los GAL se genera por el descubrimiento del zulo de los GAL.

Cuatro: la localización y apertura del zulo de los GAL es posible por la revelación de 'Garganta Profunda', una fuente exclusivamente mía que MM nunca llegó a conocer.

Cinco: MM estuvo en la operación del zulo gracias a mí y a Pedro Jota Ramírez. A mí, porque llevé a Diario 16 la exclusiva del zulo para su apertura. Y a Pedro Jota porque, como director del periódico, dispuso que trabajáramos juntos.

Seis: el zulo aportó la primera y única documentación relevante sobre la guerra sucia.

Siete: por esa documentación y el sello de los GAL, encontrado en su interior, se atribuyó a los GAL el rango de organización terrorista y no el de asociación de malhechores, de menor responsabilidad.

Ocho: el zulo fue el origen, la piedra angular y el cimiento de las investigaciones judiciales sobre los GAL, determinantes en el desenlace final del caso.

Parece que en el ego de MM, simplemente, no cabe el papel de convidado. Sólo eso explica que todavía ahora, pasado tanto tiempo, siga hilvanando pérfidas estrategias y cosiendo mentiras para minimizar al máximo y en su propio beneficio mi aportación y trabajo en la investigación de los GAL. ¿Qué sentido tiene sembrar cizaña por una dedicatoria? ¿A qué obedece esa actitud?

La patología del embustero
Ricardo Arques. Estudios Vimagit

A estas alturas, la verdad, es que de poco o nada hay que extrañarse. MM es un periodista con contradicciones, un sastre de la manipulación que usa cualquier hilo suelto para hacerse un traje a la medida.

Hábil como nadie en ponerse a la luz de los focos, en su currículum, el que retrata a alguien desde fuera y no el que se autoescribe desde dentro, presenta por contraste vergonzosas manchas de oscuridad. Por su torticera actitud, depredador infatigable del trabajo ajeno, en los mentideros de la profesión se ha conocido a MM por dos alias de desaconsejada reproducción en este espacio.

En lo real, MM es también Manuel Mallo, el seudónimo oficial que usaba en determinadas informaciones para que el nombre completo de MM coincidiese con su alias en la doble M, ilustre letra del abecedario que en su cruz representa también el lugar al que se manda, con finura, a quien no deja de molestar.

Con el nombre de Manuel Mallo actuó el protagonista de la película de los GAL que el propio MM, el real, produjo en el epítome de su descaro contra mi persona y mi trabajo. Manuel Mallo lo vio todo, lo olfateó todo, lo siguió todo, se encargó de todo y resolvió todo. A mí me llevó a las antípodas con otro personaje. Me convirtió en una mujer. Sí, en una mujer, y con escasa relevancia, que una tarde pasaba casualmente cerca de un teléfono sonando, que lo descolgó y escuchó al otro lado a alguien que se identificó como 'Garganta Profunda', sin más.

MM, el productor de la película, o sea, quien manda, ¡tremendo ingrato!, convirtió en bodrio un trabajo de investigación impecable, perpetrando con su desfachatez un triple crimen: contra la historia, contra la verdad y contra el periodismo, tan necesitado de referentes donde recuperar el prestigio y la credibilidad perdidos.

Para desmentir las mentiras que fabrica MM sin quedar atrapado en el vaivén de réplicas que no interesan a nadie, salvo a su ego y su interés en hilar nuevas mentiras para alimentar su ingratitud inabarcable, quizá tendría que haber empezado por el final. No importa. Digo ahora: aquí empieza y aquí acaba la respuesta a esta nueva felonía, a esta nueva infamia de MM.

Una vez leí una frase del escritor Mark Twain muy al pelo con su sentido de la gratitud: "Recogéis un perro que anda muerto de hambre, lo engordaréis y no os morderá. Esa es la diferencia más notable que hay entre un perro y un hombre".

Ha amanecido un día magnífico, de esos del norte que, aunque recios, dan para todo. Me hundo un poco en esta carga que llevo involuntariamente como desgracia. Lo que tuve que remar para investigar a los GAL y salir airoso ante tan poderosos enemigos y lo que tengo que remar todavía, pasado tanto tiempo, para que un ladrón de bicicletas no se apropie de mi trabajo. Este largo relato es mi desahogo. Cada cual con su conciencia y en su papel.

Al fin y al cabo, las moscas que reciben la luz de un foco jamás pueden apartarse de él. Siguen siendo moscas aunque simulen volar como los pájaros. El día es espectacular, me encontraré gente noble y sana por la calle.

Ricardo Arques es periodista.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *