La paz de Colombia está en juego en unas elecciones polarizadas

Colombian presidential candidates: Sergio Fajardo (Colombia Coalition); German Vargas Lleras (Cambio Radical Party); Ivan Duque (Democratic Center Party) and Gustavo Petro (Colombia Humana Party) take part in a TV debabate in Medellin on 3 April, 2018. AFP/JOAQUIN SARMIENTO
Colombian presidential candidates: Sergio Fajardo (Colombia Coalition); German Vargas Lleras (Cambio Radical Party); Ivan Duque (Democratic Center Party) and Gustavo Petro (Colombia Humana Party) take part in a TV debabate in Medellin on 3 April, 2018. AFP/JOAQUIN SARMIENTO

¿Qué está en juego en las elecciones del 27 de mayo?

Ese día se realizará la primera vuelta de votaciones para decidir quién será el próximo presidente de Colombia. Hay dos resultados posibles. El primero es que ningún candidato obtenga más del 50 por ciento de los votos, caso en el que los dos candidatos que obtengan la mayor votación pasarían a una segunda ronda que se realizará el 17 de junio. El segundo resultado potencial – aunque extremadamente improbable – es que uno de los candidatos gane por más de la mitad de los votos y sea elegido presidente automáticamente, reemplazando el 7 de agosto al saliente Juan Manuel Santos.

El próximo presidente heredará una serie de problemas no resueltos que jugarían un papel central en determinar la futura paz y seguridad de Colombia. Estos incluyen la implementación de los acuerdos de paz firmados entre el gobierno colombiano y la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a finales de 2016; las negociaciones que se están adelantando con el segundo grupo guerrillero, Ejército de Liberación Nacional (ELN); y el posible sometimiento, desarme y desmovilización de la organización narcotraficante más grande de Colombia, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, cuyo liderazgo ha sufrido múltiples bajas a manos de las fuerzas del Estado a pesar de aún ser capaces de enviar toneladas de cocaína a los mercados internacionales.

Otra cuestión que ronda sobre la campaña electoral colombiana es cómo manejar el flujo de refugiados venezolanos que cruzan a Colombia – un fenómeno que bien puede incrementarse luego de la reelección del presidente venezolano Nicolás Maduro el 20 de mayo en una votación que muchos países latinoamericanos, al igual que los EE.UU., han tildado de ilegitima.

Las encuestas de opinión, aunque no son completamente confiables, apuntan a un resultado polarizado, con los candidatos de extrema derecha e izquierda avanzando a segunda vuelta. Eso sería una novedad en la política colombiana, por lo menos en décadas recientes, cuando la izquierda democrática ha tendido a ser débil y se va visto opacada por las insurgencias marxistas.  El inminente enfrentamiento entre izquierda y derecha hace que el futuro del frágil proceso de paz con las FARC y otras negociaciones sea altamente incierto, principalmente debido a que esta polarización parece decantarse hacia la derecha.

¿Quiénes son los principales candidatos y cuáles son sus posibilidades?

Hay cinco candidatos compitiendo en esta elección, aunque dos de ellos parecen llevar cómodamente la delantera sobre los demás. Liderando actualmente las encuestas está Iván Duque, candidato del partido de derecha Centro Democrático, y discípulo del ex presidente Álvaro Uribe.  Uribe ha criticado consistentemente el acuerdo de paz con las FARC, liderando la oposición en el plebiscito de octubre de 2016 donde los votantes lo rechazaron por un ajustado margen (aunque una nueva versión del acuerdo con cambios sustanciales fue posteriormente aprobada por ambas cámaras del Congreso de Colombia en vez de ir a una segunda votación). Uribe sigue siendo una figura profundamente divisoria, destacándose como el político con mayores niveles de popularidad y también de rechazo público. Duque, un personaje  casi desconocido para el público hasta finales del año pasado, ganó más de 4 millones de votos el 11 de marzo en las primarias entre los candidatos de los partidos de derecha, casi doblando los votos del siguiente competidor.

El segundo candidato es Gustavo Petro, un ex senador, ex alcalde de Bogotá y ex guerrillero (de otro grupo, el M-19). Él ahora representa el partido de izquierda Colombia Humana. Petro se disparó en las encuestas a finales de 2017, asombrando a muchos y preocupando a las élites políticas y económicas con sus denuncias sobre las inequidades del país. Ha llamado a una Asamblea Constituyente para rediseñar la democracia del país, a un gran programa de reforma agraria y un alejamiento de la dependencia de las industrias extractivas. Su simpatía histórica por el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez también ha causado consternación entre la población en general. En la consulta primaria interpartidista de izquierda en marzo, Petro ganó casi 3 millones de votos estableciéndose como un candidato viable. Los constantes ataques en su contra por parte de casi todos los demás candidatos, particularmente en un momento de profundo distanciamiento del público con los partidos políticos tradicionales y el estancamiento económico, parecen haber sido contraproducentes e incluso pueden haberle permitido ganar fuerza. Sus emocionantes mítines con discursos anti-sistema también han atraído a grandes multitudes en todo el país.

El candidato centrista, Sergio Fajardo, un crítico feroz de la corrupción política, se queda varios puntos porcentuales atrás de Petro en las encuestas. Pero por extraño que parezca, el candidato que ocupa el cuarto lugar en las encuestas tiene una posibilidad remota de pasar a segunda vuelta. Germán Vargas Lleras es nieto de un ex presidente y un político de carrera que fue vicepresidente en el gobierno de Santos. Su partido de centro-derecha, Cambio Radical, se ha enfocado en la fórmula tradicional de crear alianzas con barones políticos locales y regionales. En principio, estos líderes políticos movilizarían a “sus” votantes a cambio de futuros beneficios. Por lo tanto, las posibilidades de Vargas Lleras dependen en gran medida de la habilidad de estos barones de entregar estos votos a través de mecanismos clientelistas. Debido a que esta dinámica generalmente no se refleja en las encuestas de opinión, Vargas Lleras es un candidato que podría causar sorpresa.

¿Qué significan estas elecciones para la paz con las FARC?

Cuatro de los cinco candidatos – todos menos Duque – han dicho que apoyan el acuerdo de paz con las FARC. De hecho, el candidato que va de último en las encuestas, Humberto de la Calle del Partido Liberal, fue el jefe negociador del gobierno durante los diálogos de paz que llevaron al acuerdo de paz con las Farc en La Habana, Cuba. En la primera ronda, el voto a favor de la paz estará dividido, lo que favorecerá a Duque, quién dice que quiere cambiar partes clave de lo acordado.

Duque dice que reclasificaría el narcotráfico, que es tratado actualmente en el acuerdo como delito político, a crimen ordinario punible por la ley. Así, está enviando claramente el mensaje de que espera reescribir aspectos claves del acuerdo que tomaron años en concertar. Aunque este cambio puede parecer un tecnicismo, si se implementa, la posibilidad de afrontar largas condenas de prisión podría generar temor entre los líderes y los comandantes de rango medio de las FARC. La amenaza de una acción legal real en ese sentido, contra cualquier líder o miembro de las FARC, generaría un enorme descontento en las filas del movimiento, e incluso podría empujar a algunos a tomar las armas nuevamente. El arresto en abril del comandante Jesús Santrich por su supuesta participación en un plan para enviar diez toneladas de cocaína ha profundizado las divisiones en la guerrilla y ha llevado a los grupos disidentes de las FARC a pedir que los ex guerrilleros abandonen el proceso y se unan a sus filas.

Además, Duque ha declarado que la creciente cosecha de coca en Colombia debe ser erradicada sin el consentimiento de los agricultores y que volverá a la fumigación aérea de cultivos, que ha estado prohibida en el país desde 2015. Ambas políticas arruinarían el programa de sustitución voluntaria de cultivos de coca del gobierno colombiano, que formó una parte central del acuerdo de paz con las FARC. Si este programa diera paso a la erradicación forzada, el tamaño de los cultivos de coca podría reducirse en el corto plazo. Pero el cultivo intensivo de coca probablemente continuará en Colombia a largo plazo, con agricultores aliándose con las guerrillas, los grupos disidentes y narcotraficantes para defender sus medios de subsistencia y rechazando participar en futuros esquemas de desarrollo alternativo.

Es poco probable que Duque gane de entrada en la primera ronda de votaciones. Por lo tanto, es probable que la segunda vuelta en junio incluya candidatos que representen ambos lados del espectro de opinión sobre el acuerdo de paz. Incluso si Duque gana la segunda vuelta, como predicen actualmente las encuestas, probablemente no desechará el acuerdo con las FARC – el riesgo político y de seguridad de hacerlo sería inmenso. Pero podría elegir respetar solo algunas partes del acuerdo, tales como los planes de reintegración para ex combatientes, y modificar otras, como por ejemplo, limitar el alcance del sistema de justicia transicional. Él también podría eliminar la sustitución de coca y sabotear los planes a largo plazo de una reforma rural. El resultado en general sería privar al acuerdo de su sustento financiero y político. En este escenario, posiblemente los líderes de las FARC continúen luchando por la implementación del acuerdo de paz como un partido político legal; pero los comandantes de nivel medio y los combatientes de bajo nivel podrían volver fácilmente a la guerra.

¿Qué significan estas elecciones para las negociaciones con el ELN?

Los diálogos de paz con el grupo guerrillero ELN, integrado por unos 2.000 combatientes, son mucho menos importantes para el público colombiano que el acuerdo con las FARC. Sin embargo, estas negociaciones se reiniciaron hace unas semanas en La Habana, luego de resistir a una serie de reveses causados por los ataques armados realizados por esta guerrilla. El escepticismo público sobre las intenciones del ELN ha crecido con el tiempo, ya que el grupo se ha expandido gracias a  la retirada de las FARC, tomó el control de ciertas rutas del narcotráfico y mantuvo una importante retaguardia al otro lado de la frontera con Venezuela.

Entre los candidatos presidenciales, la mayoría sugiere imponer condiciones a los diálogos con el ELN. Duque dijo que hablaría con el ELN solo como preludio a su desmovilización; agregó que al comienzo de su presidencia demandaría que el grupo concentre a todos sus combatientes en un lugar para que el cese al fuego sea fácilmente monitoreado. Pero la totalidad del ELN se negaría a cumplir con esta condición. Álvaro Uribe, jefe político de Duque, rompió los intentos de conversaciones con el ELN entre 2005 y 2007 al hacer la misma demanda.

Petro ha dicho que continuaría los diálogos con el ELN, pero insiste en que el movimiento guerrillero debe negociar en serio o correr el riesgo de seguir “los caminos de Pablo Escobar” al convertirse en una organización motivada únicamente por las ganancias del narcotráfico. Si el ELN eligiese el segundo camino, lo combatiría militarmente. Si Petro es electo, el progreso de las conversaciones con el ELN dependería principalmente de cuán comprometido está el grupo con el proceso de paz y cuán impresionado está con un presidente de izquierda. Petro sería el primero en la historia de Colombia.

Vargas Lleras es igualmente pragmático. Ha dicho que el ELN tiene de mayo a agosto – cuando empiece la administración del nuevo presidente – para demostrar su buena fe en las negociaciones. El ELN anunció recientemente un cese al fuego unilateral que se implementará en los días alrededor de las elecciones, un gesto que puede incentivar a los candidatos a respaldar que los diálogos continúen.

Mientras tanto, las autoridades colombianas mantienen la esperanza de que los líderes de la mayor organización criminal del país, las Autodefensas Gaitanistas, se entregarán pronto, luego de soportar tres años de operaciones militares y policiales sostenidas.  Por lo menos parte del grupo ha mostrado voluntad de hacerlo, pero los términos del sometimiento a la justicia no han sido definidos. La desaparición de este grupo, sin embargo, no significa que el narcotráfico desaparecerá. Los enormes beneficios y la experiencia adquirida – por  parte de guerrilleros, agricultores, blanqueadores de capitales y otros – constituyen motivos muy poderosos para mantener el suministro de cocaína.

En el último año, Colombia ha recibido cientos de miles de venezolanos que buscan refugio allí o en otros países. ¿Cómo los afectarán las elecciones?  

Venezuela es una cuestión central en estas elecciones. El Centro Democrático, al igual que otros partidos y políticos de derecha, han invocado repetidamente el fantasma de la expansión del “castro-chavismo” para atizar el miedo de que Colombia se vuelva otra Venezuela, un sinónimo en la actualidad a lo largo de América Latina de hambre, hiperinflación y opresión. Petro, presionado por los partidos de derecha y centro, ha adoptado una postura más crítica sobre Venezuela, especialmente luego de la dudosa victoria de Maduro el 20 de mayo, que describió como un “secuestro de la democracia”.

La mayoría de los candidatos han hecho vagas declaraciones sobre cómo tratarían al gobierno de Maduro, un problema que los confunde tanto como a los demás líderes del hemisferio. Mientras tanto, han hecho algunas propuestas concretas con relación a los venezolanos refugiados (se estima que unos 800.000 venezolanos viven ahora en Colombia, más de la mitad de ellos ilegalmente). Duque ha solicitado un fondo especial para hacer frente a la emergencia humanitaria con apoyo de la ONU, esencialmente una continuación del actual enfoque del presidente Santos. Vargas Lleras concuerda en que los refugiados necesitan ayuda. Pero se apresura a agregar que los que cometan crímenes en Colombia deben ser deportados, alimentándose de la xenofobia hacia los venezolanos, a quienes comúnmente se les culpa injustamente por la creciente inseguridad donde sea que vivan.

La votación del 27 de mayo – y la posible segunda vuelta tres semanas después – definirá el panorama político de Colombia para los próximos cuatro años. Probablemente, la segunda ronda enfrentará a dos candidatos, uno inequívocamente de derecha y el otro inconfundiblemente de izquierda, uno contra el otro, lo que refleja la polarización de Colombia. Las perspectivas de paz están en el aire.

Kyle Johnson, Senior Analyst, Colombia.

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