La paz de los ciudadanos

Por Joseba Arregui, Pilar Pérez-Fuentes, Koldo Hualde, Pablo García, Carlos Trevilla, Imanol Zubero y Andoni Unzalu. Aldaketa-Cambio por Euskadi (EL CORREO DIGITAL, 19/12/06):

Existen momentos políticos en los que es difícil que se escuche la voz de los ciudadanos, aunque todos los que participan en el debate público, principalmente partidos políticos y gobiernos, se refieran constantemente a ellos. Es lo que sucede en estos momentos en los que, según todas las señales, el proceso de desaparición de ETA parece estancado. Se afirma, como máximo argumento, que la sociedad no permitirá que ETA vuelva a matar. Pero esta afirmación parece intentar ocultar la imposibilidad de poderes públicos y partidos políticos de conseguir ellos mismos el fin de ETA. Y se busca un alineamiento partidista de la ciudadanía: o está a favor de una opción política o de otra.

Aldaketa-Cambio por Euskadi no representa más que a sus propios afiliados, una parte muy pequeña de la sociedad vasca. Pero como asociación ciudadana quiere elevar su voz para exigir a ETA que desaparezca, y para reclamar de los partidos políticos y de los poderes públicos la unidad de los demócratas en la defensa del Estado de Derecho. Es precisamente la preservación del Estado de Derecho y el desarrollo necesario para ello de una cultura democrática viva lo que creemos que en estos momentos se está poniendo en peligro. El ruido actual, las críticas cruzadas de todo tipo, la asunción sistemática de la terminología acuñada por ETA y Batasuna, independientemente del final, está dañando seriamente la legitimidad de las instituciones democráticas.

Debiera ser posible en una situación como la actual reclamar de todos los actores políticos algunas reglas mínimas de juego: es preciso reconocer que todos los partidos políticos democráticos desean el fin del terrorismo de ETA. Todos deben reafirmarse en que primero es el fin del terrorismo y luego la política. Todos deben reafirmase en que la desaparición de ETA no supondrá, en ningún caso, menoscabo del Estado de Derecho. Es necesario, en este estado de confusión, que cada uno manifieste claramente cuáles son los pasos posibles, y cuáles los que no se pueden dar sin romper la legalidad constitucional.

La responsabilidad de que ETA no desaparezca es y será exclusivamente de ETA. Nada existe en la democracia española y en el Estado de Derecho español que pueda justificar ni explicar la existencia ni la superviviencia de ETA. Si se llega a la convicción de que ETA no estaba madura para asumir la necesidad de su propia desaparición, ello no significará que el intento emprendido por el presidente de Gobierno haya sido ilegítimo. De igual manera que si el proceso conduce, a pesar de todo, a la desaparición definitiva de ETA sin que condicione de forma alguna la reforma del Estatuto de Gernika, ello no significará que el camino haya estado libre de peligros, de equívocos e incluso de errores. Y que a ese fin de ETA no haya contribuido el esfuerzo de todos los partidos democráticos y de varios gobiernos.

Es necesario recordar al Partido Popular que está obligado, precisamente por el Pacto antiterrorista que tanto nombra, a no utilizar la lucha antiterrorista como elemento de la pelea partidista. Y también es necesario recordar al Partido Socialista y al Gobierno de Rodríguez Zapatero que, puesto que ha habido un cambio sustancial en la forma de abordar la lucha antiterrorista -de utilizar todos los medios contra ETA para derrotarla a abrir la puerta del diálogo- estaba en la obligación de buscar con todo ahínco la confianza del principal partido de la oposición. Tanto si se trunca la esperanza como si al final conseguimos el fin del terrorismo, a nadie, más que a ETA, beneficiará el actual enfrentamiento. Ni siquiera el haber tenido razón equilibrará el daño causado por la división, y por ello no será rentable electoralmente para nadie.

Reclamamos de los partidos políticos y de los medios de comunicación un esfuerzo por elaborar un discurso propio con términos propios para hablar de la situación en la que estamos, sin caer permanentemente en el uso de la terminología de ETA y de Batasuna. Reclamamos de los partidos políticos y de los medios de comunicación un esfuerzo grande por no hacer de ETA y de Batasuna los mayores -y a veces los mejores- actores de la situación.

Las víctimas son protagonistas no porque lo hayan querido -nadie ha pedido ser víctima- sino porque ETA las ha constituido como víctimas. Lo único que une a todas las víctimas es la voluntad de ETA de imponer su proyecto totalitario, siendo ellas mismas plurales. Debemos reconocer esta pluralidad y no utlizarla en luchas partidarias, anulando de esta forma su verdad esencial: ser hitos ensangrentados del deseo totalitario de ETA. Sus voces y presencia deben hacernos recordar que el fin de ETA no puede suponer en nigún caso el triunfo de su proyecto político.

Hacemos un llamamiento a la ciudadanía comprometida para que no sea mera espectadora en estos momentos importantes para nuestro futuro. Lo que está en juego, como siempre lo ha estado a causa de ETA, es la libertad de cada uno de nosotros, la libertad de todos. Lo que está en juego es el reconocimiento definitivo de la pluralidad interna de la sociedad vasca. Lo que nos jugamos es el consenso interno que garantice a todos los vascos la libertad de cada uno. Sin respetar el pluralismo y la complejidad no es posible la libertad. Lo que más debiera importarnos es nuestro ser de ciudadanos: por encima de identidades, por encima de creencias, por encima de intereses. Ciudadanos como sujetos de derechos, como sujetos de libertades. Ésa es nuestra paz.