¡La paz esté con vosotros!

Antes de entregar su alma, el profeta Mahoma recomendó a sus compañeros saludar a cualquier persona que se encontraran por el camino con la expresión Salam aleikum (literalmente, “la paz esté con vosotros”). Este saludo es una premisa del paraíso. Con el tiempo esta expresión se ha vuelto banal y es pronunciada por todos los musulmanes para decir buenos días o buenas noches. Desde hace unos años, algunos creyentes no contestan “diga” por teléfono, sino Salam aleikum,señal y símbolo de una identidad musulmana. En este momento, después de que el presidente Obama pronunciara estas dos palabras, la moda continúa. Casi todos los participantes en la conferencia internacional Muslim Voices, que tuvo lugar en Nueva York del 6 al 8 de junio, comenzaron sus discursos con este saludo a la musulmana, lo que emocionó a unos e hizo reír a otros. Así, en el acto de inauguración, el señor Bloomberg, alcalde Nueva York, así como el de Brooklyn, se mostraron orgullosos de repetir la fórmula en árabe, provocando los aplausos de la sala. Nunca se había visto algo así en esta parte de EE. UU. marcada de manera profunda por la tragedia del 11-S. La amalgama entre islam y terrorismo va camino de desaparecer. Los siete millones de ciudadanos estadounidenses de confesión musulmana se sienten reconocidos y están agradecidos a Obama por haberles devuelto la dignidad. El hecho de haber declarado que “el islam forma parte de la identidad americana” les ha dado razones para esperar y olvidar la era Bush. La sospecha sistemática ya no existe, aunque las medidas de seguridad siguen siendo severas.

Ha bastado con una frase y sobre todo con un discurso bien preparado para que EE. UU., o al menos buena parte de su población, contemple al musulmán con un poco de simpatía o al menos sin prejuicios. Vemos como la fuerza de Obama, que juega inteligentemente con los símbolos, es un arma política que no hará milagros, pero sí va camino de producir cambios notables en la sociedad americana.

Muslim Voices, encuentro que preparaban desde hace tres años tres asociaciones (Asia Society, Brooklyn Academy of Music y NYU Center for Dialogues), coincidió con un momento histórico: el discurso de Obama al mundo musulmán en la universidad de El Cairo. Los debates giraron sobre esta cuestión fundamental: ¿cómo construir un puente entre EE. UU. y el mundo musulmán? El tema general y el eslogan de la conferencia, a la que acudieron cuarenta personalidades americanas, asiáticas, árabes, iraníes, pakistaníes, indias y europeas, era precisamente ese.

El primer punto fue definir las cosas. ¿Qué es un artista musulmán? ¿Qué hay de común entre un escritor árabe, un cantante senegalés, un dramaturgo kuwaití y un investigador orientalista? El islam no es sólo una religión, es también una cultura, una civilización. Su deriva por voces extremistas y fanáticas es un acto antimusulmán. Los pensadores franco-egipcios que firman bajo el nombre de Mahmud Husein demostraron que la lectura literal del Corán es una traición del mensaje divino. Su ensayo Pensar el Corán es un adoquín en el charco del pensamiento estereotipado de un islam también estereotipado. El pensador marroquí Fauzi Scali, responsable del festival de músicas sacras de Fez, dijo: “El mundo en su globalidad se hace preguntas sobre el islam, nosotros recibimos imágenes del islam en las que no nos reconocemos, no basta con decir ´esto no es el islam´, hay que ir más allá y construir proyectos culturales que respondan a nuestra visión de esta civilización”.

Los estadounidenses del Departamento de Estado presentes en la conferencia dijeron y repitieron: hemos de atenuar las tensiones existentes y conocernos mutuamente. Se trata, como ha dicho Stephen Heintz, presidente de la Rockefeller Brothers Fund, de “reconsiderar la diplomacia cultural americana los estadounidenses quieren respuestas rápidas y acabar con los años sombríos de la indiferencia, hace falta que nuestro mensaje llegue a los estadounidenses de Nevada, de Texas y de todas partes, y para eso debemos invertir masivamente en el otro”. Dicho de otra manera, llevar a cabo un combate contra los prejuicios y las amalgamas, abrirse a las culturas tan diversas del mundo musulmán.

El embajador americano William Luers (ONU), amigo de Obama, concluyó la conferencia insistiendo en el hecho de que EE. UU. se compromete a largo plazo a desarrollar su diplomacia cultural con el mundo y especialmente con el mundo musulmán diverso, parecido y complejo. La presidenta de Robert Sterling Clark Foundation, Margaret Ayers, dijo que “Obama tiene la firme intención de desarrollar estos intercambios entre EE. UU. y los otros países del mundo usando también los canales culturales”. Uno de los tres organizadores, el escritor tunecino Mustafá Tlili, prometió enviar las conclusiones de las jornadas a las embajadas, al Departamento de Estado y a Obama.

El momento es crucial, ya que todos tenemos miedo de que este hombre excepcional se vea empujado a ir al límite de sus audacias. Algunos conferenciantes evocaron la nueva política americana en Oriente Medio, advirtiendo al mundo contra el rechazo sistemático de Israel a negociar una paz justa y duradera. Se dibujan otros Estados Unidos. El público asistente aplaudió a rabiar a un grupo de cantantes sufíes (místicos musulmanes) y al cantante senegalés Yusu Ndur, que levantó la sala con sus cantos y músicas de África.

Tahar ben Jelloun, escritor. Miembro de la Academia Goncourt.