La perversidad que esconde el «alto el fuego permanente»

Por Jaime Larrínaga, presidente del Foro El Salvador y sacerdote de Maruri (EL MUNDO, 16/11/06):

Siempre es buena noticia que ETA deje de asesinar. Pero, tras esta reacción espontánea, se impone analizar qué hay detrás de los últimos comunicados de los terroristas, así como de las manifestaciones posteriores de los batasunos. En el discurso del pasado 22 de marzo, no había nada nuevo en la postura de los etarras. Sólo el término «permanente» aplicado a la actual tregua, sin duda, por influencia irlandesa -éste fue el término usado por el IRA cuando anunció el cese de sus actividades al Gobierno británico-.

No hemos avanzado, pues, mucho. Porque, ni en aquél ni en ninguno de sus comunicados posteriores han mencionado nunca el abandono y la entrega de las armas, ni mucho menos su disolución. En un Estado de Derecho, en un sistema democrático, no se puede negociar con terroristas porque hayan decretado un «alto el fuego». Las razones de los terroristas, así como su fuerza, son sus pistolas, sus bombas; es decir, el chantaje. Los etarras ponen un precio para acabar conmás de 40 años de asesinatos. Este precio es el siguiente: amnistía para sus presos, unidad territorial de Euskadi junto con Navarra y el País Vasco francés, y el derecho de autodeterminación. Pero el Gobierno francés, fiel a la democracia, no negocia ni negociará con ETA. Por tanto, la reivindicación del territorio francés no se la creen ni los mismos etarras. Terminaba el famoso comunicado de los terroristas, que dio origen al actual proceso, como siempre : «Jotake independentzia eta sozialismoa lortu arte» («luchar hasta conseguir la independencia y el socialismo»), pronunciado en euskera.

¿Qué impacto ha tenido la tregua en el País Vasco?

En el País Vasco -donde he pasado este último verano con escolta-, me he encontrado con una sociedad vasca rota y dividida. La sociedad nacionalista vive con alegría, con gran esperanza por lograr sus objetivos. Objetivos -y esto es muy importante para entender el problema vasco-, que son los mismos para todos los nacionalistas: ETA, Batasuna, Aralar, Nafarroa Bai, EA y PNV. Sólo en los medios para alcanzarlos difieren: ETA-Batasuna usa la violencia, mientras que las otras formaciones no, aunque se benefician felizmente. Todos los nacionalistas pueden expresarse libremente y no temen a los terroristas.

Los vascos no nacionalistas -más o menos un 50% de la población, muchos de ellos con escolta-, viven con miedo -si eso es vivir- y no pueden expresarse libremente. Son pesimistas ante el futuro. Yo, que tengo que vivir exiliado en Madrid, soy requerido para que no vaya al País Vasco a los funerales de familiares y amigos que no quieren aparecer públicamente como parientes y amigos míos. ¡Qué miedo tendrán para prohibirme ir a funerales, cuando en otros tiempos les bauticé, les di la primera comunión, les casé…! Además, cerca de 300.000 vascos han tenido que abandonar su tierra por amenazas de ETA. Éste es el objetivo de ETA: establecer una dictadura de terror con todo su vigor. Ésta es la realidad del País Vasco. Sin embargo, la última Semana Santa y este verano ha habido más turistas en el País Vasco que en los últimos años en las mismas épocas. Todos disfrutando del maravilloso paisaje y de la buena cocina. También en los años 60 del siglo pasado, San Sebastián, Fuenterrabia, Zarauz y otros lugares de la región hacían las delicias de miles de turistas.

¿Por qué el «alto el fuego» se produjo en marzo de 2006?

ETA lleva asesinando más de 40 años y en este tiempo ha publicitado varios «alto el fuego». Casi todos, coincidiendo con sus momentos de debilidad, y todos ellos utilizados para rearmarse y continuar después cometiendo asesinatos. La banda nunca ha afirmado que sin la unidad territorial y sin derecho a la autodeterminación vaya a dejar de matar. Y no creo que los terroristas hayan abandonado esta forma de pensar. ETA hasta ahora nunca ha mentido. Tampoco en esta ocasión lo va a hacer, porque sus cartas están boca arriba. Todos conocemos el precio que ha puesto, aunque los socialistas lo ignoren o lo nieguen.

Sin embargo, desde finales de 2001 han tenido muchas conversaciones, siempre negadas tanto por los socialistas como por el Gobierno. Han negado por activa y por pasiva que hayan sido desleales al Pacto Antiterrorista y que hayan llegado a acuerdos con los etarras, lo que es un insulto a la inteligencia del común de los mortales. Nadie se cree que la tregua ha llegado porque ETA, de repente, ha reconocido que matar no es correcto y que, de aquí en adelante, sus integrantes van a ser buenos chicos y que van a abandonar la violencia.

El País Vasco es pequeño y todos nos conocemos, y más pronto que tarde nos enteramos de las cosas. La tregua no es una decisión autónoma de ETA. No es una expresión de la bondad y la magnanimidad de los terroristas. Es el resultado de los pactos previos de ETA y del Gobierno. El PSOE ha acordado con ETA la declaración de la tregua. Y se ha hecho con las cartas marcadas. Por tanto, la tregua «permanente» terminará cuando el PSOE se tire para atrás o no cumpla con lo acordado. Los demás partidos nacionalistas coinciden con todas las cartas marcadas de la tregua, menos con la violencia de ETA-Batasuna.

El origen del «alto el fuego» también pudo estar en la mala situación militar y política de la banda: estaba totalmente acorralada. Y los socialistas le han proporcionado el oxígeno que necesitaban, a cambio de aparecer ellos como los pacificadores y de esa forma rentabilizar políticamente el «alto el fuego».

Las negociaciones comenzaron con una nueva promesa incumplida: Zapatero se comprometió a pedir permiso al Parlamento para que éste le autorizara a negociar con ETA. No lo hizo.

Además, hay una gran mentira o engaño que nos quieren vender los partidarios del mal llamado proceso de paz. Dicen que sólo habrá negociación con los terroristas en ausencia total de violencia . ¡Qué perversidad! De ahí el gran interés que tiene el Gobierno en ocultar los pequeños brotes de terrorismo que se dan en el País Vasco y en Navarra. En la misma dirección, la propaganda oficial divulga, por todos los medios, que en tres años ETA no ha matado a nadie. ¡Qué argumentos más repugnantes y miserables! ¿No está matando todos los días el asesino de Azcoitia a Pilar Elías, y a todos los que vivimos sin libertad y con miedo en el País Vasco y Navarra?

El objetivo último del terrorismo laico, como es el de ETA, no es matar. Es establecer una situación de terror, muerte intelectual, en la sociedad vasca y navarra. Una vez conseguido eso, como ocurre actualmente, ya no le hace falta matar. Basta con recordarnos que tiene sus armas preparadas para actuar. Matar, actualmente, le sería contraproducente, perjudicial, ya que la sociedad está harta de tanta violencia, dolor y muerte, y por esta razón perdería el apoyo social, sin lo cual muere todo terrorismo laico, porque el apoyo social es como el agua para los peces.

Hace tres años, los terroristas estaban en horas bajísimas, cerca del fin… Pero actualmente, -¡qué desastre de país!- con el apoyo de muchos irresponsables, los terroristas se están recuperando, mientras las víctimas son presentadas como obstáculo para la paz. ¡Qué obscenidad e inmoralidad!

Ni el Gobierno vasco ni el Gobierno español quieren la paz verdadera. ¿Qué ha hecho el Gobierno vasco en estos últimos 30 años que ha gobernado? Nada. Infundir más odio hacia España, más nacionalismo separador, con odio, y todo con la complicidad del Gobierno central -tanto del PSOE como del PP-, al permitir tales desmanes en Educación y Cultura.

Nunca se puede llegar a la paz olvidándose de la justicia, sin pasar por ésta. La paz es fruto de la justicia. El segundo paso para conseguir la paz es trabajar todos los días en la construcción de una paz democrática. Es decir, establecer una educación y una cultura en favor de la paz. En una generación, crearíamos una hornada de jóvenes de paz, no terroristas, como actualmente ocurre en el País Vasco.

La conducta de las víctimas ha llamado la atención de todo el mundo, porque ha sido modélica: nadie ha tomado la justicia por su mano. Nuestra sociedad ha de reconocer esta conducta y no permitir que nadie se ría de las víctimas -como los terroristas recientemente en la Audiencia Nacional-. Yo exijo a los responsables y lucho para que no cometan la barbaridad de imponer una falsa paz, cometiendo un nuevo atentado contra las víctimas.