La política del avestruz de Europa del Este sobre el VIH

Rusia y Ucrania representan aproximadamente el 90% de los 1,5 millones de personas que, se estima, están infectadas con el VIH en Europa Central y del Este. En un reciente viaje a estos países, y a pesar de las reiteradas peticiones, ningún político o funcionario de salud pública estuvo dispuesto a reunirse conmigo ni devolvió las llamadas telefónicas, faxes o correos electrónicos que envié tras regresar a casa.

Ambos países tienen epidemias impulsadas por usuarios de drogas inyectables (UDI) que comparten agujas y jeringas, la forma más eficaz de transmitir el VIH. Sin embargo, existen métodos probados para reducir la propagación del VIH por parte de los UDI.

Si los UDI se inyectan heroína u opiáceos relacionados – como es principalmente el caso en el este de Europa – el establecimiento de programas de sustitución de opiáceos con metadona o bupenorfina puede reducir notablemente transmisión del VIH. El éxito de estos programas también depende de la creación de centros de intercambio de agujas y jeringas en lugares convenientes, tanto para proporcionar utensilios limpios como para atraer a los usuarios al sistema de salud. Como tercera pata del taburete, los UDI precisan de consejería de salud.

Este trío de políticas constituye la base de lo que se conoce entre los profesionales de la salud como el “paquete de reducción del daño.”.Rusia y Ucrania, sin embargo, no destinan recursos a este apartado.

La ayuda internacional apoya las iniciativas de reducción de daños en ambos países en una escala modesta: la mayor parte del dinero proviene del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Pero Rusia, debido a un aumento en su renta nacional, ya no es elegible para las subvenciones de este Fondo.

Un grupo de organizaciones no gubernamentales (ONG) rusas que ha dirigido una iniciativa de reducción del daño con dinero del Fondo Mundial recibió garantías del gobierno de que financiaría el trabajo una vez que el dinero llegara a su fin. Pero el otoño pasado el gobierno incumplió su compromiso, y el Fondo Mundial dio al grupo una subvención de emergencia por dos años. Ucrania, que por sus problemas financieros sigue siendo elegible para recibir ayuda del Fondo Mundial para luchar contra el VIH / SIDA, también depende enteramente de las ONG – creadas en su mayoría por las comunidades afectadas – para ejecutar sus programas de reducción de daños.

Aparte de la financiación inestable, los esfuerzos de reducción de daños en Rusia y, en gran medida, en Ucrania, carecen de una herramienta fundamental: el tratamiento de sustitución de opiáceos. Rusia prohíbe el uso de la metadona por completo. “No hay evidencia de que el uso de la metadona y la bupenorfina facilite el tratamiento de los adictos a las drogas”, declaró Olga Krivonos, jefe del Departamento de Ayuda Médica y Desarrollo de Salud del Ministerio ruso de Salud y Desarrollo Social, en marzo de 2009. Ucrania, que legalizó la importación de metadona sólo en diciembre de 2007, la proporcionaba a apenas 5.000 personas cuando visité el país.

“Existe un gran conjunto de evidencias científicas sobre la eficacia del tratamiento de sustitución frente al VIH / SIDA”, concluyeron la Organización Mundial de la Salud, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH / SIDA en un informe de políticas de 2004. El Instituto de Medicina de EE.UU. opinó sobre el tema en un informe de 2007: “Dada la fuerte evidencia de su eficacia en el tratamiento de la dependencia de opiáceos, el tratamiento de mantenimiento con agonistas opiáceos debería estar ampliamente disponibles siempre que sea posible.”

La explicación popular para la falta de acción en Rusia y Ucrania es que sus gobiernos ven a los UDI como criminales, en lugar de personas que padecen una enfermedad, y adoptan una política informal de “dejarles pudrirse”. De hecho, la policía acosa regularmente a los usuarios (y a las personas que les ayudan), empeorando las cosas. Muchos países fuera de la región adoptan una postura similar.

Pero es más complicado en el este de Europa. La desconfianza hacia los extraños, procedente de la época soviética, tiñe muchas opiniones, y a menudo se afirma que la cultura es diferente: una intervención que funciona en Occidente puede fallar en el Este. También existe la sospecha de que los sucios cerdos capitalistas quieren sacar provecho de la venta de sucedáneos de opiáceos, independientemente de si funcionan.

Esto es tan absurdo como sostener que los medicamentos antirretrovirales no funcionan en la región y que el tratamiento del VIH es una enorme trama de las grandes empresas farmacéuticas. Los seres humanos son seres humanos. La reducción de daños funciona en todas partes, y quienes se benefician principalmente son los propios países, que ven una reducción de la propagación del VIH, una baja de la delincuencia y el regreso de personas a sus trabajos.

Ocultar la cabeza en la tierra, como el avestruz, sobre la reducción de daños no perjudica a los UDI solamente. Por supuesto, los usuarios de drogas inyectables infectados por el VIH tienen relaciones sexuales con no usuarios. Las UDI embarazadas que están infectadas por el VIH transmiten el virus a sus bebés, y a veces – a menudo en Rusia -abandonan a sus recién nacidos, dejando el problema en manos del estado. Las personas infectadas por los IDU también pueden infectar a otras por vía sexual, cimentando aún más el puente con la población “general”.

En julio, Viena acogió la 18 ª Conferencia Internacional sobre SIDA, que atrajo a cerca de 20.000 personas. Entre los oradores estuvieron el presidente austríaco, Heinz Fischer, Bill Clinton, Bill Gates, y el Vicepresidente de Sudáfrica Kgalema Motlanthe. Los organizadores escogieron Viena en concreto porque es “la puerta de entrada a Europa del Este”, y esperaban involucrar a la región más que nunca. Por primera vez, todos los debates se tradujeron al ruso. Sin embargo, no asistió ningún funcionario de alto nivel de Rusia o Ucrania

En la reunión se formuló la “Declaración de Viena”, que recibió más de 10.000 firmas, para apoyar la reducción de daños y hacer hincapié en la necesidad de políticas frente al problema de las drogas basadas en la ciencia, no en la ideología. Pero la firmante más influyente del Este europeo fue la Primera Dama de Georgia, país cuyo estimación de 2.700 personas infectadas por el VIH representa apenas el 0,018% del total regional. A juzgar por la indiferencia de sus gobiernos, el 99,982% restante de personas infectadas por el VIH en Europa del este – y todos aquellos a quienes ponen en riesgo – no tienen otra opción de echarse a morir.

Jon Cohen, autor de Shots in the Dark: The Wayward Search for an AIDS Vaccine y Coming to Term: Uncovering the Truth about Miscarriage. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate, 04/01/11):

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