La pornografía como síntoma

La noticia ha pasado desapercibida, pero es una de las que afecta a más personas, ya que la pornografía está cada vez más presente en nuestra sociedad, en nuestros móviles. Hace unos días se aprobó en el Senado, por unanimidad, una moción para la prevención contra el consumo de pornografía en la población adolescente, a instancias del PSOE. Quizá esa unanimidad, tan sorprendente en nuestro país, ha favorecido la poca atención prestada en los medios. Aunque precisamente, por ese hecho, era un buen ingrediente para cocinar una noticia. Los datos, se miren por donde se miren, son abrumadores. Nos bastan los dos estudios más mediáticos, con muestras representativas, realizados en España en 2019 y 2020. El más reciente, a cargo de Save the Children, resalta que el 68% de los adolescentes consumen contenidos sexuales de forma frecuente, o que el 14% de quienes han visto pornografía han entrado en contacto, al menos una vez, con una persona desconocida con fines sexuales a través de internet.

El otro estudio, «Nueva pornografía y relaciones sexuales en jóvenes», de la Universidad de las Islas Baleares, también arroja datos preocupantes. Por ejemplo, uno de cada cuatro adolescentes varones de trece años ha visto pornografía. Y otro más inquietante: el 50% de los que entran en estas páginas reconoce haber incrementado las prácticas de riesgo en sus relaciones.

La asociación Dale Una Vuelta, pionera en España en este campo, lleva cinco años ofreciendo información y ayuda a adolescentes y adultos que deseen salir de esta espiral de consumo. Los estragos de este otro virus nos llegan a diario. Personas que han tocado fondo, que buscan una mano tendida que las acoja y escuche sin vergüenza. Muchos han perdido parejas, amigos. Algunos, incluso el trabajo. Todos, la capacidad de sentir, compartir y relacionarse. Y también todos piden un consejo, unas pautas, una receta mágica para salir, porque ninguno puede con sus solas fuerzas.

Las adicciones del comportamiento nos acompañan desde hace unos años. Numerosos estudios equiparan sus efectos en el cerebro a las adicciones tradicionales. En un mundo donde todo está a mano y todo debe ser inmediato, la frustración no se tolera y el placer es el rey, el cóctel está servido. En este terreno pantanoso de las adicciones, tremendamente complejo, lo importante es no caer en la pendiente resbaladiza de «mientras no sea adicto, no pasa nada» o el «tranquilo, yo controlo». Precisamente, esa es la puerta de entrada, lenta pero inexorable, para un futuro solitario, ansioso y con menos libertad. Si se trata o no de un trastorno adictivo lo evaluarán los profesionales sanitarios.

Nuestros hijos se merecen otro sexo, unas relaciones más sanas, igualitarias y respetuosas. Donde las palabras afecto o compromiso tengan más protagonismo. Donde la mujer sea tratada de igual a igual, no comprada como producto. Donde, más allá de debates sobre el porno, acojamos el sufrimiento diario de todos aquellos que empezaron porque «era lo normal, lo que hacía todo el mundo». ¿Por qué un placer tan grande y maravilloso está causando tanto dolor?

Bienvenida, por tanto, esa moción, que implica un interés compartido en un problema que no entiende de ideologías ni de partidos. Ojalá sea el primer paso de muchos.

Jorge Gutiérrez es fundador de la Asociación Dale Una Vuelta.

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