La posverdad en Catalunya: 18 meses, 18 mentiras

Recientemente, la Real Academia de la Lengua Española ha anunciado que la palabra ‘posverdad’ pasará a formar parte de su diccionario a finales de este mismo año. La inclusión del término contribuirá a despejar las dudas sobre este neologismo, considerado por muchos expertos como un eufemismo para nombrar las informaciones que, en apariencia verídicas, no se basan en hechos objetivos, sino en mentiras.

En esta época de populismos y chamanes que ofrecen soluciones mágicas para problemas complejos y que ponen en riesgo las democracias occidentales, la expansión del concepto, popularizado después de la victoria de Donald Trump, es una alarma para los que creemos que, en política, lo más importante es hablar claro a los ciudadanos.

Tener un proyecto realista, que sea capaz de ilusionar y que esté a la altura de las necesidades y demandas de los que nos han dado su confianza es la obligación de cualquiera que aspire a trabajar para los ciudadanos de su ciudad, comunidad o país. Un ejemplo valioso de esta forma de hacer política la encontramos en Francia con el presidente Macron que, con un proyecto político de centro, liberal, progresista e inclusivo, derrotó en las urnas a los viejos partidos y al populismo nacionalista más rancio que representaba Lepen.

Por otra parte, en el debate social y político que se ha generado en torno a lo que significa e implica la ‘posverdad’, también se ha destacado, sin embargo, la poca novedad del fenómeno y la proximidad de los casos de desinformación que vivimos.

Y es que no hace falta que vayamos muy lejos. En Catalunya, por ejemplo, ya han pasado los famosos 18 meses desde la investidura de Puigdemont tras los cuales prometió declarar la independencia. Pero en vez de eso, desde hace un tiempo, vuelven a hablar otra vez de hacer un ‘9-N bis’ con voluntarios.

En el gobierno de Puigdemont y Junqueras la verdad no tiene cabida. Han sido tantos los giros argumentales de la película del ‘procés’ que ya no saben cómo salir de la encrucijada en la que ellos mismos se han metido. Y es que Puigdemont no gobierna ni para sus votantes; ya hace mucho tiempo que sabemos que esto es una pelea por los sillones entre ERC y la antigua Convergència.

Así que este es el balance de Puigdemont: 18 meses de mentiras para llevar a Catalunya a ninguna parte, porque mentía cuando prometía la independencia en 18 meses y sabe que miente cuando promete un referéndum para el 1 de octubre. Se juega todas sus cartas en una obsesión que no estaba ni en su programa electoral y destituye a ‘consellers’ por ser sinceros y atreverse a reconocer en público lo que muchos de sus cargos dicen en privado. Cuando se quejaba de que Rajoy no quería recibirle, sabía que estaba mintiendo; igual que mienten ahora cuando dicen que están comprometidos con la libertad de prensa y votan junto a la CUP a favor de perjudicar a los medios que no hagan propaganda del 1-O, con la abstención cómplice de Podemos.

Pero el rupturismo de los que quieren separarnos del resto de España ha llegado a su fin. Sin duda se abrirá pronto un nuevo ciclo político, donde para gobernar se impondrá tener un proyecto moderno e ilusionante, liderado por un partido limpio y de centro, que dialogue y que se comprometa, porque sabe que la política es el arte de hacer posible lo difícil para mejorar la vida de nuestros ciudadanos.

Una nueva etapa que ya empezó hace poco más de un año a nivel estatal, con un nuevo mapa político que demostró la necesidad de un proyecto que interpele a todos y que supere el conformismo y el inmovilismo que ha gobernado durante estos últimos años en España.

Como principal partido de la oposición en Catalunya, en Ciudadanos somos conscientes de que tenemos ante nosotros un gran reto, pero también una gran oportunidad.

En primer lugar, tenemos el reto de seguir trabajando para que haya un nuevo gobierno que trabaje para todos; un gobierno preparado, sin mochilas por casos de corrupción, con un proyecto de futuro dentro de España y dentro de la Unión Europea.

Estamos ante la oportunidad de dejar de hablar de un ‘monotema’ que todos saben que no lleva a ninguna parte y de una hoja de ruta mutante que se ha convertido en un laberinto sin salida. Y trabajaremos, entre todos, para que la sentencia de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” no se haga realidad y que volvamos a retomar el ‘seny’ y el sentido común que siempre ha caracterizado a esta tierra.

Inés Arrimadas, portavoz nacional de Ciudadanos y jefa de la oposición en el Parlament de Catalunya.

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