La prensa turca prisionera

De acuerdo con dos diarios turcos partidarios del gobierno, Star yYeni Akit, y del propio primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, aquellos que denuncian la situación de la libertad de prensa en Turquía, son “terroristas.” Ese es el término que usaban la semana pasada para acusar al Comité de Protección a Periodistas con sede en Nueva York y a Reporteros Sans Frontières, con sede en Paris, pues las dos organizaciones publicaron informes en los que afirman que en Turquía se han encarcelado más periodistas que en Irán y China.

En octubre pasado, el CPJ informó que se encarcelaron a 76 periodistas en Turquía, incluidos 61 que estaban en prisión debido a su trabajo periodístico. Si bien esta última cifra disminuyó a 49 en diciembre, después de que los tribunales pusieran en libertad a algunos periodistas, de cualquier modo todavía quedan muchos en la cárcel.

El panorama es especialmente desalentador dado que durante varios años la situación de los derechos humanos en Turquía ha estado mejorando espectacularmente bajo el liderazgo de Erdoğan. El uso de la tortura ha disminuido abruptamente. Los derechos culturales de la enorme minoría kurda, incluido el derecho a usar su propio idioma, han avanzado significativamente. El control militar hacia el gobierno civil ha terminado. Y la lista sigue.

Con todo, a medida que Erdoğan y su Partido moderado islamista de Justicia y Desarrollo han consolidado su poder y control del país, su tolerancia hacia el disentimiento ha disminuido. Actualmente, la libertad en Internet casi ha desaparecido. La legislación establece la obligatoriedad de filtrar los contenidos, y muchos sitios Web han sido bloqueados por razones varias como facilitar el uso de drogas o estimulantes, o por infracciones tipificadas en la Ley de Regulación de Delitos contra Atatürk (el fundador del Estado moderno turco y héroe nacional turco).

Aunque el gobierno turco es el culpable por la precipitada disminución de la libertad de prensa, las políticas de la Unión Europea y de los Estados Unidos han sido factores que han contribuido. La UE ha señalado que el avance en el tema de los derechos humanos sería un factor clave en la potencial admisión de Turquía como Estado miembro. Con todo, parece que durante el periodo en el que mejoraron rápidamente los derechos humanos, Europa dio la espalda a ese país.

Ese resultado minó los esfuerzos de aquellos en Turquía que habían promovido reformas a los derechos humanos. Sus argumentos de que los avances conducirían a la entrada del país a la UE resultaron ser falsos, y se destruyeron incentivos importantes para las autoridades. Si se restablece el proceso para el acceso de Turquía a la UE, respaldaría en gran medida los esfuerzos para garantizar que Turquía se convierta en una sociedad abierta.

Por su parte, el gobierno de los Estados Unidos tiende a ser tibio cuando se trata de los abusos a los derechos humanos en Turquía. Durante la Guerra Fría, el valor estratégico de Turquía, dada su proximidad geográfica con la Unión Soviética, predominó sobre otras inquietudes. Actualmente, en términos geográficos sigue siendo importante, pero debido a su contigüidad con Siria, Irak e Irán, los Estados Unidos se han negado a darle relevancia al asunto de la libertad de prensa. Los Estados Unidos han apoyado la entrada de Turquía a la UE, aunque sus esfuerzos tendrían mayor credibilidad en Europa si también presionaran a Turquía para abordar sus fallas.

La situación puede remediarse. Turquía tiene una sociedad civil dinámica e instituciones orgullosamente independientes entre las que se incluyen algunas destacadas universidades. El periodo de rápido avance es reciente. Europa se fortalecería económica y militarmente si Turquía fuera Estado miembro, y debería restablecer las negociaciones de ingreso bajo los mismos criterios que otros Estados miembros si Turquía cumple con los requisitos políticos, incluida la libertad de prensa.

Con la llegada de John Kerry como Secretario de Estado, los Estados Unidos deben reconocer que un país islámico así de grande, que se encuentra en una región problemática, debería mostrar liderazgo en temas de derechos humanos. Como modelo para la región, es especialmente importante que Turquía ejerza libertad de prensa. Si Europa y los Estados Unidos hacen su parte, Erdoğan bien puede convencerse de retomar el papel de reformador de derechos humanos que tuvo durante los primeros años de su administración.

Aryeh Neier, President Emeritus of the Open Society Foundations and a founder of Human Rights Watch, is the author of Taking Liberties: Four Decades in the Struggle for Rights. Traducción de Kena Nequiz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *