La preparación contra pandemias no puede esperar

La preparación contra pandemias no puede esperar
Mamy Rael/AFP via Getty Images

Como firme creyente en el multilateralismo que soy, me alegró que la Asamblea General de las Naciones Unidas haya emitido, en su primerísima reunión de alto nivel sobre el tema, celebrada en septiembre, una declaración política sobre medidas de prevención, preparación y respuesta frente a pandemias. Confirma el hecho de que la dirigencia internacional reconoce la amenaza existencial de las pandemias, así como su compromiso con cortar el ciclo pánico‑descuido: frente a un brote contagioso, los gobiernos redoblan esfuerzos para combatirlo, pero cuando la crisis termina se olvidan del tema.

La histórica declaración ha generado un muy necesario ímpetu hacia la firma de un tratado internacional sobre pandemias, que en este momento está en elaboración en la Organización Mundial de la Salud. Pero para convertir un compromiso político en un acuerdo significativo se necesita un nivel suficiente de apoyo de los estados miembros de la OMS, y es seguro que las negociaciones serán arduas.

A la par de ese proceso, es necesario que tomemos medidas prácticas para salvaguardar lo que aprendimos durante la pandemia de COVID‑19 y mejorar los mecanismos innovadores que surgieron de ella. De tal modo, cuando finalmente se firme un acuerdo, muchos de los componentes operativos ya estarán en su lugar. Y entretanto, el mundo estará mejor preparado para el próximo brote de una enfermedad contagiosa.

Aunque la pandemia de COVID‑19 haya desaparecido de la conciencia colectiva, con una cifra oficial de muertes cercana a siete millones de personas y un costo que sólo en el caso de los Estados Unidos alcanzó los 14 billones de dólares, es evidente que para protegernos contra futuras amenazas se necesita una respuesta global más coordinada. Y no nos engañemos: la próxima pandemia es una certeza evolutiva. Además del aumento actual de casos de COVID‑19, estamos viendo más emergencias sanitarias relacionadas con el clima, por ejemplo brotes de enfermedades transmisibles como el cólera y la fiebre amarilla.

La buena noticia es que ya se están haciendo algunos avances en este frente. El programa COVAX, una iniciativa conjunta lanzada en 2020 por Gavi (la alianza para la vacunación, cuya junta directiva presido), la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), la ONU y la OMS, ya ha entregado casi dos mil millones de dosis de vacunas contra la COVID‑19. La inmensa mayoría se destinó a países de bajos ingresos, donde el 81% de los trabajadores sanitarios y el 67% de las personas mayores recibieron al menos dos dosis. La iniciativa, que evitó más de 2,7 millones de muertes, es sin duda la respuesta más exitosa de la historia a una emergencia sanitaria mundial.

En vísperas de discontinuar el programa COVAX a fin de año, Gavi ha dedicado un considerable esfuerzo a evaluar sus falencias, e implementó medidas prácticas para que la próxima vez lo hagamos mejor. Ante todo eso implica contar con una provisión suficiente de efectivo para la compra anticipada de vacunas destinadas a los países de bajos ingresos (así como en su momento, los países más pudientes se reservaron dosis contra la COVID‑19). También implica incentivar la inversión en capacidad de producción de vacunas en África y otras regiones desfavorecidas que fueron muy afectadas por las prohibiciones de exportación.

La creación adecuada de redes de producción es un proceso que lleva años. Pero es necesaria (tanto como el acceso inmediato a efectivo) para contrarrestar la tendencia (evidenciada en la pandemia y surgida del interés propio nacional) a que los escasos suministros se dirijan a aquellos países que más dinero tienen para pagarlos, en vez de a los que más los necesitan. Y hay que hacer más para asegurar que los países estén preparados, para mejorar la disponibilidad a tiempo de vacunas, y para sostener una coalición amplia de socios que estén listos y dispuestos a poner en práctica una respuesta coordinada.

Hay que dar a los países toda la ayuda que sea posible para enfrentar aumentos rápidos de casos que puedan debilitar su capacidad para proveer otros servicios de salud pública. Esto implica invertir en los sistemas sanitarios actuales (sobre todo en los de prevención y detección de brotes) y contratar y entrenar a los futuros vacunadores. También es importante redoblar esfuerzos para completar los esquemas de vacunación infantil (que mostró una pronunciada caída durante la pandemia), ya que de lo contrario, corremos riesgo de que los sistemas sanitarios se derrumben al tener que enfrentar varias crisis a la vez.

Para extender el acceso a vacunas no es suficiente aumentar la capacidad de producción. También hay que financiar y aprovechar las innovaciones, trátese de la tecnología de ARNm, nuevos métodos de administración (por ejemplo el uso de parches en vez de inyecciones) o tal vez algo totalmente distinto. Además, hay que acumular reservas de vacunas candidatas para patógenos mortales como la cepa sudanesa del ébola o el virus de Marburgo, de modo de tener una primera línea de defensa contra el próximo inevitable brote si en aquel momento no existieran antígenos con el proceso de autorización completo.

Finalmente, tenemos que crear una red coordinada con socios de diferentes regiones y sectores para impulsar este trabajo. COVAX logró proveer en muy poco tiempo una solución integral (de la provisión de fondos para investigación a la administración de las vacunas), pero ahora hay que reunir un número mayor de partes interesadas (organizaciones civiles, representantes del sector privado, agencias humanitarias y de respuesta a emergencias, bancos de desarrollo y organizaciones regionales) que trabaje en conjunto con los organismos sanitarios internacionales, los aportantes de fondos y los gobiernos nacionales para empezar a prepararnos para la próxima pandemia.

Los patógenos no van a esperar a que terminen las negociaciones. Aunque la firma de un tratado internacional sobre pandemias merece todo el apoyo que podamos darle, mientras tanto tenemos que crear una coalición amplia para las vacunas, o correremos el riesgo de que la próxima pandemia vuelva a encontrarnos mal preparados.

José Manuel Barroso, a former president of the European Commission and prime minister of Portugal, is Chair of the Board of Gavi, the Vaccine Alliance. Traducción: Esteban Flamini.

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