La presidencia del PP de Madrid la deben decidir los afiliados

Todo parece indicar que será el próximo congreso regional madrileño quien determine el ganador de la guerra declarada por Génova contra Isabel Díaz Ayuso por la presidencia del PP de Madrid.

Desde 2018, los estatutos del PP señalan que, si se presentan dos o más precandidaturas a la presidencia, se celebrarán unas primarias que proclamarán vencedor a aquel que obtenga más del 50% de los votos y 15 puntos de ventaja respecto al segundo. Si eso no ocurre, los dos candidatos más votados pasan a una segunda vuelta donde la presidencia del partido se dirime ya en el congreso regional.

Esta es la normativa con la que Génova pretende someter a Ayuso y seguir controlando el PP de Madrid. Si Génova presenta una candidatura alternativa fragmentará el voto, haciendo casi imposible que la presidenta de la Comunidad pueda alcanzar las cifras requeridas para ser proclamada presidenta del partido en las primarias.

Pero, para ello, Génova debe buscar un candidato solvente. Solvente y capaz de restarle votos a la presidenta Ayuso.

Y ahí es donde entra en acción la candidatura de José Luis Martínez-Almeida. Ahora sólo resta saber si el alcalde de Madrid terminará dando el paso, a pesar de ser la persona que más puede perder en esta guerra fratricida.

Almeida, de hecho, ya ha experimentado algo parecido a lo que ahora sufre su compañera de partido. No olvidemos que su nombramiento como portavoz nacional del PP se produjo en el momento en que alcanzó mayor popularidad y a sabiendas (por parte de Génova) del fuerte desgaste político que esto le iba a suponer.

En las primarias sólo pueden votar los militantes que se encuentren al corriente de pago de sus cuotas. Y estos suelen ser los que ostentan un puesto de representación institucional o un cargo en el partido. Desde luego, no los más críticos con el partido. Porque estos últimos lo primero que hacen es dejar de pagar sus cuotas.

Además, las últimas listas electorales fueron elaboradas por dos personas próximas a Pablo Casado: la secretaria general del PP de Madrid Ana Camíns y Ángel Carromero.

Un detalle más: la actual dirección del PP de Madrid ha nombrado aproximadamente 55 gestoras en municipios de la región que dependen directamente de Pío García-Escudero. Es decir, de Teodoro García Egea. Algo no precisamente anecdótico: las direcciones locales son clave en la designación de los compromisarios que acuden al congreso regional.

De esta manera, el alcalde podría salir ileso del primer envite y ganar en el congreso regional.

Si finalmente todo se resolviera en dicho congreso regional, Génova tendría a priori ventaja, ya que es más importante el saber hacer orgánico y la fontanería de partido que el fervor popular.

Los compromisarios electos de los congresos son designados a través de un sistema en el que los afiliados votan a los candidatos a través de listas abiertas en sus respectivas sedes locales o de distrito. Y es ahí donde comienzan los problemas para Isabel Díaz Ayuso.

Todos los que conocemos el PP sabemos que los afiliados que presentan su candidatura como compromisarios a un congreso son los más cercanos a las direcciones locales o de distrito. Y, en caso de que no fuera así, la maquinaria del partido se pondría en marcha.

No sería esta la primera vez que en una sede del PP se produce una numerosa afiliación de militantes antes de un congreso o que los censos no son accesibles a todos los candidatos. Por eso sólo algunos candidatos llevan a cabo una campaña de llamadas telefónicas a los militantes para solicitarles el voto, a sabiendas que el nivel de participación en este tipo de votaciones es muy bajo.

Ayuso y su equipo no son desconocedores de estas maniobras y por eso quieren que los afiliados madrileños puedan participar en todo el proceso para designar al presidente regional, como ya sucedió en 2017. Se trata de un modelo recogido en los estatutos del PP madrileño y que, sin lugar a dudas, beneficia a Ayuso (porque premia el tirón que tiene la aspirante entre las bases). Pero es también un modelo mucho más democrático y que obedece al principio de un afiliado, un voto.

Sin embargo, Génova no está dispuesta a aceptar a este sistema. Si por algo se ha caracterizado Pablo Casado hasta ahora es por haber sabido controlar el aparato del partido. Si hoy Casado es presidente nacional del PP es precisamente por eso: por haber ganado un congreso nacional tras haber perdido las primarias ante Soraya Sáinz de Santamaría.

De ahí que, de momento, el equipo de Isabel Díaz Ayuso no haya podido tener acceso al censo del partido que se encuentra en manos del secretario general nacional y de la secretaria autonómica (Egea y Camíns). Ambos han comenzado, según ha informado algún medio de comunicación, a llamar personalmente a los cargos electos y del partido para sondearles.

El equipo de Isabel Díaz Ayuso tampoco ha sido informado sobre las nuevas afiliaciones, ya que el comité responsable está a cargo de Inmaculada Sanz, mujer de confianza de Almeida. Además, será la actual dirección regional quien designe a los miembros del comité organizador del congreso.

Al mismo tiempo, Génova está lanzando a los medios de comunicación mensajes que indican que Ayuso se ha precipitado. Mensajes en los que se afea el pulso que mantiene con la dirección nacional del partido.

Con todo ello, Pablo Casado quiere doblegar a la presidenta de la Comunidad para obligarla a pactar un candidato. Pero la presidenta no desfallece.

Llegados a este punto de no retorno, nadie puede ceder. Ahora sólo queda saber quién es el que saldrá menos dañado en esta guerra en la que nadie gana.

El primero, el PP, que ha visto cómo se frena su tendencia ascendente en las encuestas y que ha perdido también la perspectiva de lo que existe más allá de Génova. Y el segundo, un Pablo Casado que va a tener dificultades para explicar de forma creíble a lo que está ocurriendo en Madrid.

Gema Sánchez Medero es profesora de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid.

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