La primera gran ley sanitaria del siglo XXI

Por Ana Pastor, ministra de Sanidad (EL PAÍS, 07/03/03):

Si la política es el arte de lo posible, la política sanitaria es el arte de hacer posible lo necesario. Y lo necesario es, en estos momentos, hacer realidad un Sistema Nacional de Salud donde no haya servicios de primera y de segunda, que motive a los profesionales, que responda al envejecimiento, y a las nuevas formas de vivir y enfermar, que tenga en cuenta las opiniones de las personas como individuos y como sociedad; y que en definitiva esté a la altura de los nuevos tiempos.

La Ley de Cohesión y Calidad pretende responder a este reto, en el marco de la realidad actual y plantea para ello una política sanitaria basada en tres grandes líneas estratégicas: Mejorar los resultados en salud, garantizar a los ciudadanos la equidad, calidad y participación en la atención sanitaria, y promover la cohesión en el Sistema Nacional de Salud. El acuerdo alcanzado entre todos los grupos parlamentarios en la Ponencia del Congreso, hacen que estemos más cerca de hacer realidad la primera gran ley sanitaria del siglo XXI.

Como primera línea, La Ley de Cohesión y Calidad apuesta por un Sistema Nacional de Salud solidario, capaz de diseñar políticas sanitarias consensuadas y resalta el concepto del abordaje integral de la atención a la salud. Y para ampliar y perfilar el contenido de la atención sanitaria, en el Catálogo de Prestaciones se incorporan, por primera vez, la Salud Pública y la Atención Sociosanitaria y se añaden tanto en la Atención Primaria como en la Atención Especializada, la salud bucodental, la salud mental, los cuidados paliativos y el mantenimiento de la salud para las personas discapacitadas. Se pone especial énfasis en la orientación hacia la Atención Primaria, como garantía de la continuidad de la atención a lo largo de la vida del paciente.

Mejorar los resultados en salud es también plantearse de una manera global el mejor modo de prestar la asistencia. Con los Planes Integrales sobre las patologías más prevalentes o con mayor impacto social, se pretende centrar la atención en los resultados sanitarios finales considerando la promoción, la prevención y la atención sanitaria como una cadena continua de actuaciones.

De esta cadena forman parte las innovaciones en la terapia farmacológica y en las tecnologías sanitarias; su influencia para mejorar los resultados en salud es incuestionable. Para que el Sistema Nacional de Salud disponga de los tratamientos más actuales y asegurar a los ciudadanos su calidad, seguridad y eficacia, se regula su incorporación sobre la base de una evaluación objetiva, realizada por las Agencias de Evaluación de Tecnologías. Es un reto que no admite demora, que no se había abordado hasta ahora de una manera rigurosa por las autoridades sanitarias.

Uno de los factores que mejor explica los resultados de nuestro sistema sanitario es la competencia de nuestros profesionales. Una competencia científico-técnica que se adquiere desde el pregrado al postgrado, en la formación profesional, mediante la formación continuada, frecuentemente en diferentes Comunidades Autónomas. En la Ley, se crea la Comisión de Recursos Humanos, como medio para coordinar y cooperar, no sólo en el SNS, sino también con el Ministerio de Educación, porque la calidad del sistema es la calidad de sus profesionales. Hay una apuesta irrenunciable por la movilidad voluntaria de los profesionales como garantía de calidad y unas bases sobre lo que debe ser el desarrollo profesional.

Porque los grandes pasos en la Medicina siempre son consecuencia de la investigación y de la experiencia clínica, en la Ley de Cohesión y Calidad se dedica un capítulo a la investigación. La innovación de base científica es esencial para el desarrollo de los servicios sanitarios y, en definitiva, para mejorar los resultados en salud del sistema. Debemos seleccionar sus grandes líneas de manera que la investigación responda a las necesidades en salud y también a impulsar la innovación asistencial. El diálogo entre la investigación básica y clínica ha de ser permanente y sus resultados difundidos de forma que supongan una verdadera ganancia para la salud. Que el uso de la evidencia científica, permita informar el proceso de decisión de los órganos responsables, para definir y actualizar la política sanitaria. Este modelo exige vertebrar los recursos, crear una masa crítica de investigadores y la alineación de objetivos y procedimientos entre el Ministerio, las Comunidades Autónomas y las Universidades. Para lo cual se impulsa la Iniciativa Sectorial de Investigación en Salud y el incremento de la cooperación estable, a largo plazo, entre el sector público y la industria, por medio de la Comisión de Investigación en Salud.

La segunda línea estratégica es garantizar la equidad, calidad y participación a los ciudadanos. Nuestro sistema sanitario que ha alcanzado un alto nivel de equidad, conserva aún en su seno desigualdades, puede ser más solidario, puede ser más equitativo, orientarnos al incremento del nivel de calidad y las garantías de la atención sanitaria, y de esta manera evitar la variabilidad geográfica y de la práctica clínica. Los valores que los ciudadanos exigimos han aumentado e incluyen, no sólo alcanzar los mejores resultados, sino garantizar la equidad, la seguridad, la accesibilidad en espacio y tiempo, la información, la calidad y, en fin, la humanización de la asistencia.

En este sentido, la regulación de las garantías de las prestaciones constituye un aspecto esencial, ya que el reconocimiento de un derecho tiene el valor que le concede su garantía. Y en este contexto conviene destacar dos aspectos más de los que se ocupa la Ley: El primero es la previsión de la existencia de Centros de Referencia del Sistema Nacional de Salud, para la atención de aquellas patologías que por su alta especialización profesional o una elevada complejidad tecnológica, requieran la concentración de los recursos diagnósticos y terapéuticos; el segundo, es realizar la necesaria extensión de las prestaciones más allá del ámbito estricto del Sistema Nacional de Salud, a la totalidad del sistema sanitario incluidos, por tanto, los centros y servicios privados. La Tarjeta Sanitaria vehiculizará la información en todo el sistema, permitiendo la movilidad de los pacientes. Y en un futuro, espero que no lejano, será el nexo para el intercambio de su información clínica y para su movilidad en la UE.

Incorporar la filosofía de la mejora continua como guía para la práctica diaria, en todos los niveles del sistema será un largo proceso, que requerirá cambios importantes en nuestra manera de trabajar y de organizarnos. Para impulsarlo se crea la Agencia de Calidad y el Observatorio del Sistema Nacional de Salud. Su información ayudará a profesionales de la salud y otros interesados a aumentar sus competencias y conocimientos, incluirá inventarios y guías de práctica clínica y de cuidados, análisis de buenas prácticas, basadas en la evidencia, para que la experiencia de unos se pueda convertir en el aprendizaje de otros.

La calidad de los servicios sanitarios tiene otras dimensiones que se contemplan en esta Ley. El ciudadano no sólo tiene derecho a ser informado como sujeto pasivo, sino que el sistema debe canalizar sus inquietudes y facilitar su participación. Los pacientes, las asociaciones de pacientes, los familiares, y finalmente las personas son, en gran medida, los que definirán los servicios del Sistema. Por otro lado, los profesionales, sus asociaciones y sociedades científicas, deberán contribuir a la formación de la opinión ciudadana.

La tercera y última de las líneas estratégicas es potenciar la cohesión del sistema. Cuanto más extendido, diversificado y descentralizado está un sistema sanitario, más necesario es asegurar la visibilidad de los objetivos centrales que den coherencia al conjunto.

Por ello, la Ley define los ámbitos de actuación en que se precisa la colaboración de todas las administraciones públicas sanitarias: las prestaciones, la farmacia, los profesionales, la investigación, los sistemas de información, la calidad, los planes integrales, la salud pública y la participación social.

Además, precisamos definir instrumentos capaces de fortalecer la cohesión del sistema. Estos instrumentos son el Consejo Interterritorial, el Fondo de Cohesión Sanitaria, el Sistema de Información y las Redes de conocimiento. El Consejo Interterritorial se convierte en el elemento clave del sistema donde se forjarán los consensos que hacen realidad nuestro sistema. De sus actividades se rendirá cuenta al Senado, al que se elevará, anualmente, el informe del Sistema Nacional de Salud. El buen gobierno, aplicado al contexto de las políticas sanitarias, exige, a mi juicio, los principios de transparencia y de responsabilidad, que incluye la obligación de rendición de cuentas. Ambas son condición indispensables para el éxito de las políticas sanitarias, con mayúscula. El consenso y la responsabilidad compartida es la base de esta Ley, acordada por todos los interlocutores sociales, que marcará la evolución del Sistema Nacional de Salud en los próximos años.

El Fondo de Cohesión Sanitaria permitirá que todos puedan utilizar los mejores servicios especializados, profesionales y tecnológicos, en las mismas condiciones, independientemente de su ubicación. Pero, además de facilitar la movilidad de los pacientes, el Ministerio de Sanidad y Consumo, a través del Fondo de Cohesión Sanitaria, financiará políticas que aseguren la cohesión sanitaria y la corrección de desigualdades. Textualmente, estas “políticas se desarrollarán mediante los planes integrales de salud, que tendrán en cuenta las variables epidemiológicas y sociales que supongan una mayor necesidad de servicio, tales como patologías crónicas, morbimortalidad estandarizada por edad, población infantil, población inmigrante y otras de carácter similar”.

Los sistemas de información y comunicación sanitarios estatales y autonómicos son un requisito previo para el desarrollo y el seguimiento de las políticas sanitarias efectivas, eficientes y equitativas. La información sanitaria debe ser relevante y fácilmente accesiblepara los políticos, los gestores, los profesionales, así como para el público en general.

Necesitamos un sistema en el que cada actor contribuya, con su experiencia y capacidad, en su puesto de trabajo, en su ámbito de influencia o autoridad, para el éxito del conjunto de la organización. Un sistema descentralizado, en que los objetivos de cada uno tengan su reflejo y contrapartida en los objetivos comunes. Para que el Sistema Nacional de Salud tenga realmente una proyección de futuro es imprescindible que exista un sentimiento de integración del sistema. En este sentido, el propio Sistema Nacional de Salud se debe configurar como una auténtica red de conocimiento. En el futuro, que empieza hoy, debemos promover el intercambio de información y la complementariedad de actuaciones de todos los agentes en materias como la promoción de la salud, la cooperación internacional, la evaluación de tecnologías y la formación en salud pública y gestión sanitaria.

Todos podemos sentirnos contentos por el esfuerzo realizado. Por el sentido de responsabilidad que han demostrado las personas que a lo largo de estos meses han intervenido con sus aportaciones en la elaboración de esta Ley. Todos pueden sentirse protagonistas de este texto de consenso que consolida nuestro sistema de salud y pone las bases para afrontar con esperanza el futuro. Pero quiero que mis últimas palabras vayan dedicadas a reconocer el esfuerzo, el trabajo y la ilusión que todos los profesionales del sistema sanitario realizan día a día. Ellos son los que están haciendo que nuestro sistema sanitario sea uno de los mejores del mundo.

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