La primera víctima de la guerra es la verdad

Por Francisco Rey Alamillo, vocal del Foro de laicos y miembro del Movimiento Cultural Cristiano (LA RAZON DIGITAL, 23/03/03):

La guerra que el presidente de EE UU anunció es un crimen contra un pueblo de 21 millones de personas; es un crimen contra Dios y la humanidad. Si la gente supiera la verdad -decía el ministro británico de la guerra de 1914- la guerra se acabaría mañana. Es en la opinión pública donde se está produciendo este combate en estos momentos y la propaganda es esencial.

El Papa Juan Pablo II, incansable luchador por la Paz, continúa alentándonos a combatir la guerra, siendo voz de los que no tienen voz. ¿Qué bravo luchador por la Paz! y algunos querían jubilarle. Es seguro que se merece el Premio Nobel, pero tal vez, quien está inmolando su vida por la Paz, logre la palma del martirio.

Ahora que se nos pide que creamos de nuevo la antigua retórica de asemejar Sadam Husein a Hitler (para que los ciudadanos aceptemos más fácilmente un nuevo episodio de esta guerra), es importante recordar las mentiras de la pasada Guerra del Golfo. No olvidemos que la primera víctima en una guerra es la verdad y la mentira es un arma fundamental en la propaganda bélica. En la década transcurrida desde la Guerra del Golfo, ha salido a la luz que muchas de las justificaciones para la guerra no eran completamente ciertas y, a veces, incluso fueron fabricadas intencionalmente para influir en la opinión pública. Uno de los ejemplos más notorios de las mentiras que se utilizaron para «vender» la Guerra del Golfo fue la falsa alegación de que soldados iraquíes sacaran a bebés kuwaitíes fuera de sus incubadoras y les dejaran morir. La historia fue ideada por una empresa dedicada a las campañas de comunicación. Antes de la Guerra del Golfo, esta mentira fue divulgada y fue citada específicamente por varios senadores en sus discursos de apoyo a la resolución que dio al presidente Bush (padre) la autorización para atacar Iraq. A pesar de la manida invocación de los derechos humanos, Washington nunca ha valorado a los regímenes dictatoriales en función de cómo tratan a sus pueblos; más bien establece sus relaciones internacionales según conviene al interés y al lucro de las grandes multinacionales norteamericanas. EE UU no tuvo el menor escrúpulo de apoyar a dictadores igualmente abominables: Suharto en Indonesia, Marcos en Filipinas, el Sha en Irán, Somoza en Nicaragua, Batista en Cuba, Pinochet en Chile, Mobutu en Congo-Zaire, Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial, etcétera. ¿Cuántas resoluciones del la ONU lleva incumplidas Israel? EE UU es el protector de Ariel Sharon, jefe del Gobierno israelí que posee la bomba atómica y demás armas de destrucción masiva. De hecho, el ejército israelí tiene un misil atómico dirigido a cada capital del mundo árabe, pero para Occidente ese arsenal está en manos aliadas. Sharon es el asesino declarado de las matanzas de Sabra y Shatila, que ha incumplido sistemáticamente las resoluciones de la ONU para abandonar las zonas ocupadas del sur del Líbano, Gaza y Cisjordania, y sigue haciendo todas las salvajadas necesarias para hacer interminable la guerra de Oriente Medio.

Sadam Husein fue el aliado de Occidente mientras interesó, como lo son hoy otros gobiernos opresores a los que EE UU ha apoyado como el del general paquistaní Musharaf, que llegó al poder tras un golpe de estado. ¿Cuántos miles de kurdos ha masacrado Turquía, su aliado en la OTAN? ¿De verdad, señor Trillo y señor Aznar, creen que están trabajando por la Paz? Quiere ignorar el señor Trillo que los kurdos han sido oprimidos durante toda la historia del Estado turco moderno, como señala el analista Noam Chomsky. El estado turco, aliado en la OTAN, en 1984 puso en marcha una guerra contra la población kurda. El resultado de la misma fue imponente: cientos de miles de personas fueron asesinadas. Hubo entre dos y tres millones de desplazados, y una limpieza étnica masiva dejó destruidas unas 3.500 al- deas. La comunidad internacional se ha mantenido en silencio sobre la masacre del estado turco sobre los kurdos. Además, lo que es más escandaloso, Turquía ha perpetrado la matanza de millón y medio de armenios durante el primer holocausto moderno del mundo, campaña de exterminio racial contra los armenios en 1915 y en la cual, paradójicamente, participaron muchos kurdos. Se recuerda a las víctimas del Holocausto nazi, pero se olvida o se oculta este otro genocidio que en 1987 reconoció el Parlamento Europeo y, sin embargo, aún en la actualidad el Gobierno turco sigue negando que se haya producido. Este hecho es una prueba más del doble rasero que utilizan las grandes potencias con su aliado Turquía.

Lazos empresariales con Sadam.

¿Cómo es posible, que según un informe de The Economist, treinta multinacionales petrolíferas, entre ellas las española Repsol YPF, hayan firmado un acuerdo con un régimen tan sanguinario como el iraquí? Las tres compañías que poseen mayores lazos empresariales con el Gobierno de Sadam son las petroleras más importantes de Francia, Rusia y China, países que hasta ahora se oponen a la guerra preventiva. Sus compañías petroleras TotalFinaElf, Lukoil y China’s National Petroleum Company son las principales beneficiadas de los contratos petroleros millonarios que Bagdad ha promovido desde finales de los 90. ¿Se llegará a un acuerdo para repartirse el pastel? El Foro de Política Global, dependiente de la ONU, señala que no hay ninguna petrolera que no tenga puesto el ojo en Iraq. Lo analistas coinciden en que los cuatro gigantes mundiales del negocio petrolero, las estadounidenses Exxon y Chevron, la británica BP y la angloholandesa Shell, apostarán fuerte para sacar provecho en el nuevo reparto («El Mundo», 10 de febrero). ¿Cuánta sangre de inocentes debe derramarse para que los ciudadanos clamemos: ¿no más guerras!?

¿No cree usted, señor Aznar, que hay una doble moral con las armas biológicas? La guerra biológica y química no son fenómenos nuevos. No es nuevo tampoco que entre las empresas que desarrollaron el agente naranja y el napalm que EE UU usó amplia e indiscriminadamente contra Vietnam, se encuentren Monsanto y Dow, dos de los cinco mayores gigantes de la agrobiotecnología que, por lo tanto, están entre las empresas que tienen alta capacidad de modificar bacterias, virus, hongos u otros organismos y convertirlos en armas. Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de EE UU, halcón de la guerra que ha acuñado el concepto de «guerra preventiva», seguramente conoce bien el tema. Antes de ser designado en ese cargo, fue presidente y director ejecutivo de G.D. Searle & Co, multinacional farmacéutica que se fusionó con Monsanto. Esta actitud de precaución frente a la guerra biológica contrasta con la posición que tomó EE UU en julio de 2001, cuando se negó a colaborar para que se estableciera un protocolo internacional de verificación del Convenio de Armas Biológicas y Tóxicas de la ONU, que comprometía a sus signatarios a prevenir y descartar el uso de armas biológicas y tóxicas.

Arsenal químico y bacteriológico.

Según manifestó EE UU, permitir esta verificación internacional en su territorio atentaría contra los intereses comerciales de sus empresas biotecnológicas. En realidad nadie sabe si el régimen iraquí tiene ese arsenal químico y bacteriológico del que se le acusa, pero aunque así fuera, es bochornosa la hipocresía con la que actúa Occidente al convertir a Sadam en el diablo de las armas químicas y no decir nada respecto de todos los demás. Thomas J. Nagy, profesor de la School of Business and Public Management de la Universidad George Washington, ha analizado una serie de documentos, parcialmente desclasificados, de la inteligencia militar estadounidense, que prueban y son testimonio de un genocidio: la destrucción del servicio de aguas de Iraq se hizo de manera intencional y a sabiendas de las consecuencias que acarrearía. EE UU realizó un boicot a los productos de depuración de aguas, cloro, bombas dosificadoras de productos químicos, buques cisterna y otros, durante más de diez años, conociendo el coste en vidas que representaba. La ONU ha estimado en más de 500.000 los niños fallecidos a consecuencia de las sanciones y que 5.000 niños siguen muriendo mensualmente por el mismo motivo. Nadie puede decir que los EE UU no sabían lo que estaban haciendo. Los profesores John y Karl Mueller, de la Universidad de Rochester, escriben que las sanciones han causado «la muerte de más personas en Iraq que las producidas por las así llamadas armas de destrucción masiva a lo largo de la historia». Es importante recordar que, en los orígenes de la nación iraquí, Churchill, estaba a cargo del control militar de Bagdad y Basra como secretario de Guerra y Aire, cuando los recursos naturales de la región eran repartidos entre Inglaterra y Francia después de la I Gran Guerra. La ocupación británica distaba mucho de ser popular, y requirió una brutal represión de los habitantes locales. Es posible argumentar que de la misma forma Churchill es digno de comparación con el carnicero de Bagdad. Podemos asombrarnos de lista de multinacionales occidentales que sacaron provecho en el desarrollo del armamento químico y biológico del dictador Sadam. Un informe, publicado en 1990 por el Simon Wiesenthal Centre, confirmó algunos datos que habían sido previamente publicados en diferentes medios. El informe documenta un total de 207 empresas occidentales de 21 países implicadas en la producción de componentes químicos y balísticos vendidos a los iraquíes para guerras con gas nervioso y gas venenoso. Todas las personas que creemos en la resolución pacífica y dialogada de los conflictos internacionales debemos oponernos a esta guerra.

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