La próxima política exterior de la India

El mes próximo, la India consumará su elección maratónica. Se espera que un nuevo gobierno asuma el poder a fines de mayo y, si las encuestas son acertadas, el Partido Bharatiya Janata (BJP por su sigla en inglés), que ha nombrado a Narendra Modi como su candidato a primer ministro, será quien lidere ese gobierno.

Con toda razón, el lento desempeño económico de la India dominó la campaña, y el interrogante sobre qué política exterior debería adoptar el nuevo gobierno sigue sin respuesta. Más allá de las cuestiones específicas, un imperativo es claro: la India debe dejar atrás su lealtad al Movimiento de Países No Alineados (MNOAL).

Tal vez donde mejor se refleje la confusión que causa la diplomacia del MNOAL sea en el reciente cuasi respaldo por parte del gobierno indio de la anexión rusa de Crimea. El primer ministro Manmohan Singh y su gobierno parecen haber pasado por alto que China codicia el territorio indio y, en consecuencia, quizá se sientan complacidos de que Rusia haya sentado el precedente de que un país poderoso puede menospreciar el derecho internacional y apropiarse de parte de un país vecino. Es como si la política exterior india hubiera estado en piloto automático desde los años 1980, cuando el gobierno casi siempre adoptaba una postura a favor de Rusia.

La realidad es que el MNOAL nunca fue particularmente efectivo a la hora de mantener a la India fuera de conflicto, como lo demostraron claramente las guerras con China y Pakistán en 1962, 1965 y 1971. En 1971, fue el respaldo de la Unión Soviética, más que el del MNOAL, lo que ayudó a la India a superar la crisis de refugiados generada por el genocidio de Pakistán en Bangladesh. De la misma manera, en 1999, la India se apoyó en la intervención estadounidense para presionar a Pakistán a poner fin a su agresión en torno de la ciudad de Kargil en los Himalayas.

Frente a este historial, ¿cómo se puede esperar que la vieja diplomacia del MNOAL resuelva los desafíos de política exterior que enfrenta la India, especialmente en un momento en que China y Pakistán se unen para enfrentar a la India?

La amenaza más urgente para la paz de la India reside en sus fronteras, especialmente en la frontera himalaya con China, la frontera que más tiempo estuvo en disputa en el mundo –en particular, porque la incertidumbre allí facilita el ingreso de fuerzas terroristas que quieren minar la integridad territorial de la India y sembrar semillas de conflicto étnico y religioso-. Aunque la India ha combatido el terrorismo más tiempo que cualquier otro país, el problema ahora afecta a toda la región, incluidos Afganistán, China y Pakistán.

Frente a la infiltración del terrorismo islamista por sus fronteras, la India ya no puede permitir que otros manejen la agitación en el mundo árabe. Por el contrario, debe asumir un papel activo en los esfuerzos por contenerla y mejorarla –y eso significa desarrollar nuevas alianzas estratégicas-. De la misma manera que los terroristas han creado una suerte de ofensiva multilateral, los países que ellos amenazan deben construir una defensa multilateral.

Para empezar, la India debería acoger –y fomentar- la distensión en las relaciones entre Estados Unidos e Irán. Dado que ambos países son amigos de la India, y que los tres comparten intereses estratégicos, un gobierno indio astuto tiene la posibilidad de ayudar a facilitar un acercamiento diplomático.

Mientras tanto, podría forjarse, lentamente y con calma, una alianza estratégica que respalde la paz en la región india y del Océano Pacífico –por ejemplo, entre la India, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Australia y Vietnam-, sin bloquear la capacidad de cualquiera de los socios de establecer lazos económicos con terceros, entre ellos China. La India también debe hacer un esfuerzo intenso por renovar sus relaciones en el sudeste asiático, donde corre el riesgo de abandonar el terreno a manos de China.

Al mismo tiempo, la India debe desarrollar un acuerdo estratégico con China, Rusia y Estados Unidos respecto de la explosión jihadista en Pakistán, Afganistán y los países de Asia Central. Ese acuerdo, por supuesto, tendría bordes ásperos ya que la India, Rusia y China compiten simultáneamente por influencia en Afganistán. De todos modos, algún tipo de acuerdo, más allá de los matices, es posible y necesario, dado que impedir que Afganistán vuelva a caer en una guerra civil o se convierta nuevamente en una base exportadora de terrorismo es del interés de todos, incluido de Pakistán.

El próximo gobierno de la India también debe alimentar la asociación del país con Estados Unidos. Hasta hace poco, la relación bilateral tendió a estar guiada por una perspectiva transatlántica y trans-euroasiática, que al mismo tiempo ignoraba la opción trans-Pacífico. Pero la India, bloqueada al oeste por Pakistán, cada vez mira más hacia el este en busca de asociaciones comerciales y estratégicas. Mientras explora estas posibilidades, puede trabajar con Estados Unidos para forjar una perspectiva común en Asia Central.

En cuanto a Pakistán, la inacción impulsada por el MNOAL en la India le ha dado a su archienemigo la delantera para aislar a la India estratégicamente. Esto es extraordinario, considerando que Pakistán es el principal protector de las fuerzas terroristas en la región –y ahora, tristemente, se ha convertido en la víctima de sus propios militantes locales.

El retiro de Estados Unidos de Afganistán, en el corto plazo, implicará un revés para toda la región. Pero, incluso si Estados Unidos retira su infantería, no puede ignorar la amenaza que plantea el terrorismo islamista para Estados Unidos. Es por este motivo que Estados Unidos cada vez dependerá más de países como la India para garantizar el éxito de su política antiterrorista global.

Sin embargo, el valor de la relación bilateral se extiende mucho más allá de la guerra contra el terrorismo. Estados Unidos y la India también deben establecer canales claros para una transferencia de tecnología –militar, industrial y científica, inclusive en el ámbito espacial.

Cualquier paso hacia adelante en la cooperación entre Estados Unidos y la India debe caracterizarse por la precaución y el respeto, con objetivos que sean inequívocos, prácticos y alcanzables. Si ambos gobiernos dedican al otro el tiempo y la energía necesarios, pueden crear una asociación entre las dos democracias más grandes del mundo capaz de desempeñar un papel estabilizador clave en el sur de Asia y más allá.

Jaswant Singh was the first person to have served as India’s finance minister (1996, 2002-2004), foreign minister (1998-2004), and defense minister (2000-2001). While in office, he launched the first free-trade agreement (with Sri Lanka) in South Asia’s history, initiated India’s most daring diplomatic opening to Pakistan, revitalized relations with the US, and reoriented the Indian military, abandoning its Soviet-inspired doctrines and weaponry for close ties with the West. His most recent book is India at Risk: Mistakes, Misconceptions and Misadventures of Security Policy.

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