La quinta columna europea de Putin

Si algo tendría que haber aprendido el mundo de los últimos meses de tensiones entre Rusia y Occidente es a nunca subestimar la ambición y la habilidad estratégicas del presidente ruso Vladimir Putin. Es desde este punto de vista que Occidente debe ver los recientes acercamientos de Putin hacia algunos grupos en la Unión Europea.

Es posible que Putin crea realmente que los levantamientos antirusos en Ucrania el año pasado hayan sido resultado directo de la interferencia de Estados Unidos y la Unión Europea o no, pero no hay duda de que es consciente del papel que los ideales europeos –y la posibilidad de la membresía en la UE– han desempeñado para motivar la lucha en Ucrania y limitar sus acciones.

El popular deseo de unirse a la comunidad de estados democráticos de Europa fue una fuerza clave para el colapso de los dictadores de derecha en Grecia, España y Portugal en la década de 1970. También desempeñó un papel crítico en la caída de los regímenes comunistas de Europa Central y Oriental después de la caída del Muro de Berlín y ciertamente contribuyó a la expulsión del presidente ucraniano Víktor Yanukóvich –un aliado clave de Putin– en 2014. De hecho, la existencia de un modelo europeo continúa guiando y alentando a quienes buscan un gobierno transparente y democrático en muchos países poscomunistas.

No hay duda de que Putin se beneficiaría con la desaparición de la UE, el atractivo de Europa como modelo de gobierno democrático se vería muy debilitado y los estados aspirantes a miembros de la UE buscarían otros objetivos. De hecho, algunos de los actuales miembros de la UE, como Hungría, donde el euroescepticismo y los sentimientos intransigentes ya se han difundido, pueden verse tentados a seguir a Putin por la senda del autoritarismo y los países en la región se verían más expuestos a la presión rusa y a las tentaciones de su influencia.

Putin lo sabe y por eso el Kremlin ha estado tendiendo la mano a los partidos y grupos euroescépticos de ambos extremos del espectro político. En algunos casos, es posible que incluso Rusia les haya provisto asistencia financiera. En noviembre, por ejemplo, Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés de extrema derecha, reconoció que su partido recibió un préstamo de 9 millones de euros (11 millones de dólares) de un banco estatal ruso.

Mientras tanto, los oligarcas rusos han estado comprando periódicos europeos, entre ellos, The Independent, The Evening Standard y France-Soir. El periódico francés Libération destacó recientemente el grado de las conexiones pro-Putin en los comités asesores de la academia francesa (tanto de derecha como de izquierda), en los medios y en las redes de negocios, y se sospecha que el gigante energético Gazprom ha financiado el activismo antihidrofracturación en Lituania y Rumanía.

Los esfuerzos de Putin parecen estar dando sus frutos. A pesar de las continuas tensiones entre Rusia y Occidente –o tal vez debido a ellas– Putin disfruta un notable apoyo entre algunos intelectuales y políticos europeos. Las representaciones por el Kremlin del levantamiento ucraniano como un golpe fascista y de la anexión rusa de Crimea y su apoyo a los separatistas ucranianos como una actitud defensiva han sido reproducidas a través de una densa red de seguidores de Putin –incluidos el profesor Stephen F. Cohen, de la Universidad de Princeton, el presidente checo Miloš Zeman, el primer ministro húngaro Viktor Orbán, el izquierdista alemán Matthias Platzeck y el derechista holandés Geert Wilders– y medios de difusión.

La narrativa de Putin puede recordar a la propaganda soviética, pero eso no ha evitado que sea abrazada una y otra vez cuando el proyecto europeo ya sufre fuertes presiones por la crisis económica del continente.

Se avecina una batalla de valores: en una esquina, la UE, en defensa de la democracia, la libertad, el imperio de la ley y la cooperación internacional institucionalizada; en otra, Putin, representando al autoritarismo, la intolerancia y el uso de la fuerza y la intimidación como instrumentos de política exterior.

Desafortunadamente, la clase dirigente europea no hace lo suficiente para contrarrestar la ofensiva antieuropea moscovita, que busca dividir y conquistar. Eso se da especialmente en Berlín, donde el gobierno alemán continúa promoviendo la austeridad en la zona del euro frente al anémico crecimiento y el desempleo generalizado.

Si Putin se ha lanzado realmente a destruir a la UE, ese enfoque es la mejor manera de ayudarlo. Europa necesita crecimiento desesperadamente; lograrlo requerirá el liderazgo audaz del estado miembro más importante de la UE, Alemania, y de su líder más importante, la canciller Angela Merkel. Se debe hacer entender al público alemán lo que está en juego y por qué continuar por la senda actual podría dejar a la UE en manos de Putin.

Yuriy Gorodnichenko is Professor of Economics at the University of California, Berkeley. Gérard Roland is Professor of Economics and Political Science at the University of California, Berkeley. Edward Walker is Professor of Political Science at the University of California, Berkeley, and Executive Director of the Berkeley Program in Soviet and Post-Soviet Studies.
Traducción al español por Leopoldo Gurman.

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