La realidad sobre Irak

Por Soeren Kern, licenciado del School of Foreign Service de la Universidad de Georgetown, con especialización en diplomacia y seguridad internacional y de la Universidad Hebrea de Jerusalén en política internacional (GEES, 13/12/06):

Ahora que los demócratas están a punto de hacerse con el control del Congreso en Estados Unidos, muchos izquierdistas europeos tienen la esperanza de que Estados Unidos empiece pronto a retirar sus tropas de Irak para que Oriente Próximo pueda volver a la utopía de paz y estabilidad elucubrada en su imaginación colectiva. No obstante, a diferencia de sus homólogos europeos, hasta la mayoría de demócratas entiende que una retirada americana precipitada de Irak crearía un vacío de poder que llevaría a una matanza a un nivel sin precedentes. Muchos demócratas también parecen entender, mejor que los izquierdistas europeos, que una retirada apresurada sería vista como victoria de propaganda a favor de al-Qaeda, lo que a su vez aumentaría enormemente la probabilidad de más ataques terroristas en suelo europeo (no en suelo americano).

Es cierto que muchos congresistas demócratas, especialmente los que están en la extrema izquierda, están deseosos de encontrar una forma de dejar Irak rápidamente. El senador Carl Levin, por ejemplo, es el recién nombrado presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, comité cuya responsabilidad es definir la política de defensa y de autorizar miles de millones de dólares en gasto militar; Levin, uno de los primeros opositores de la guerra, dice que Estados Unidos debería empezar con una “retirada escalonada” de las más de 140.000 tropas americanas en Irak en los próximos 4 a 6 meses. Pero su posición está siendo cuestionada por incluso algunos de los críticos más duros de la Administración Bush acerca de la política en Irak, quienes argumentan que cualquier reducción sustancial de fuerzas americanas durante los próximos meses probablemente serviría para acelerar en lugar de detener el desencadenamiento hacia la guerra civil.

Luego está el senador Joe Biden, el presidente entrante del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Él piensa que Irak debería dividirse en 3 regiones semiautónomas: una chiíta, una sunní y otra kurda. Pero muchos analistas, inclusive algunos demócratas muy importantes, la han tildado de receta para la lucha sectaria en masa. Y otros demócratas están exhortando a Bush para que hable con Siria e Irán del futuro de Irak, con esos estados canallas que han suministrado ayuda en gran escala a los grupos terroristas y a las milicias que se están empleando para que Irak se haga añicos. Tales propuestas, no obstante, han sido rechazadas como cándidas y peligrosas por una serie de expertos en Oriente Próximo e incluso hasta por algunos demócratas importantes porque ignoran el inconveniente hecho de que acrecentar vínculos con Irán y Siria envalentonaría a estos regímenes como fuerzas destructivas en el escenario mundial. Además, la sospecha de que Siria perpetró el asesinato del político libanés Pierre Gemayel el 21 de noviembre aumentará seguramente la resistencia dentro de la misma Administración Bush a buscar la ayuda de Siria para la estabilización de Irak. (La Casa Blanca rompió los contactos de alto nivel con Damasco a principios de 2005, después del asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri).

En cualquier caso, la superficialidad de mucho del debate sobre Irak está perfectamente ceñido al eslógan de que algunas de las propuestas ya han sido presentadas por el congresista demócrata Rahm Emanuel. Las llama las 5 letras “R”: Reconciliación de las partes combatientes, reconstrucción, responsabilidad por los resultados, reconocer a las partes en la región y repliegue. Pero hasta los demócratas admiten que esta fórmula no es particularmente esclarecedora ni añade en realidad mucha sustancia al debate sobre Irak. Efectivamente, si lo miramos bien, ni los demócratas ni sus fingidos amigos de la izquierda europea han ofrecido en realidad ninguna alternativa seria para Irak.

En este contexto, hay actualmente dos debates en marcha sobre Irak: el primero es, en realidad, un pseudodebate que va más sobre políticas de izquierdas e ideología que sobre Irak; es prácticamente irrelevante. El segundo debate está siendo llevado por demócratas y republicanos serios sobre opciones realistas acerca de Irak y, por lo tanto, es la única discusión que verdaderamente importa. Este debate está siendo moldeado por 3 actores principales: El Grupo de Estudio sobre Irak, el Pentágono y los neoconservadores.

El Grupo de Estudio sobre Irak

El Grupo de Estudio sobre Irak es una prestigiosa comisión bipartita de 10 miembros que está examinando opciones estratégicas para Irak. El panel, que dirigido por James A. Baker III, ex Secretario de Estado del primer Presidente Bush y Lee H. Hamilton, ex congresista demócrata, podría tener un rol decisivo en remodelar la posición americana en Irak. Aunque el panel está llegando a la fase final de su busca, de 8 meses de duración, para encontrar una nueva política, los 5 republicanos y los 5 demócratas que forman el grupo siguen estando profundamente divididos sobre qué camino seguir y no se espera que den recomendaciones formales hasta que el Congreso suspenda sus sesiones a finales de 2006.

Hasta hace poco, el Grupo de Estudio sobre Irak, cuyas deliberaciones son secretas, era poco conocido más allá de los círculos de la élite que pertenecen al mundillo de la política exterior americana. Sin embargo, últimamente algunas de las ideas tomadas en consideración por el panel han sido filtradas a los medios de comunicación americanos. Por poner un ejemplo, Baker ha indicado que las recomendaciones del grupo estarán entre la estrategia de la retirada de tropas a menudo atribuída a los demócratas y la política de seguir el mismo rumbo que es lo que prefiere la Casa Blanca. También ha desechado la idea de dividir Irak.

Más específicamente, no obstante, el Grupo de Estudio sobre Irak está examinando 2 conceptos primordiales: “Primero la estabilidad” y “Repliegue y contención”.

La primera opción se concentraría menos en el fomento de la democracia y más en la estabilización, especialmente en Baghdad y en tratar de atraer a los insurgentes nacionalistas a la vida política centrándose en un nuevo acuerdo político entre combatientes sunníes y chiítas. También hay algo de especulación sobre si el Grupo de Estudio sobre Irak fomentará una diplomacia regional más agresiva de Estados Unidos respecto a Siria e Irán.

La segunda opción sería más radical. Tendría prevista una posible retirada escalonada grande de las fuerzas americanas, quizá con bases dentro de Irak o incluso bases en países vecinos desde donde se podría apoyar al gobierno iraquí si fuese necesario. En realidad, algunos demócratas creen que poner una fecha para empezar la retirada es la única forma de presionar a los iraquíes para que muestren más liderazgo y acepten más responsabilidades sobre su propio futuro. Sin embargo, los republicanos y los demócratas del panel siguen estando profundamente divididos acerca del tamaño y calendario en el caso de una retirada de las tropas americanas.

De cualquier forma, la mayoría de analistas está de acuerdo en que al final, el Grupo de Estudio sobre Irak probablemente no ofrecerá ninguna recomendación genuinamente nueva porque quedan pocas buenas opciones, si es que quedan, a las que se enfrenta Irak. Según se dice, muchas de las ideas que se están tomando en consideración ya han sido puestas en práctica o tienen posibilidades limitadas de éxito, de acuerdo a la opinión de muchos expertos en el tema de Irak.

Como el grupo Baker-Hamilton está estudiando una serie de temas, en consecuencia, muchos legisladores americanos creen que su verdadero significado puede tratarse más de la forja de un consenso bipartito que de hacer nuevas propuestas. Efectivamente, aunque republicanos y demócratas están enconadamente divididos en el asunto de Irak, los actores claves en ambos partidos (a diferencia de sus homólogos europeos, como parece ser) entienden que no hay respuestas fáciles para un Irak roto por la guerra. Esto implica que el aspecto más importante del Grupo de Estudio sobre Irak es que es bipartito y por tanto podría proveer a las 2 partes con un marco de acuerdo en un año en el cual el descontento por la guerra provocó un relevo en el panorama político de Washington.

El plan del Pentágono

El Departamento de Defensa, mientras tanto, está preparando su propia serie de nuevas opciones para ganar en Irak, en parte para darle al Presidente Bush contrapropuestas a las que pueda recurrir en caso de que el Grupo de Estudio sobre Irak salga con ideas que no le gusten. El celosamente guardado informe del Pentágono acerca de cómo mejorar la situación en Irak, fue encargado en septiembre de 2006 por el General Peter Pace que dirige el Estado Mayor Conjunto y consiste en 3 opciones básicas: Enviar más tropas, retirarse por completo de Irak o reducir el tamaño de la fuerza americana pero quedarse más tiempo.

La primera opción contempla un gran aumento de tropas en Irak para tratar de romper el ciclo de violencia sectaria e insurgente. Una campaña clásica de contrainsurgencia, no obstante, requeriría varios cientos de miles de tropas adicionales tanto americanas como iraquíes al igual que una policía iraquí sumamente armada. Por consiguiente, esta opción ya ha sido rechazada por el Grupo de Estudio sobre Irak que ha llegado a la conclusión de que no hay suficientes tropas en las fuerzas militares americanas, ni tampoco tropas iraquíes lo suficientemente efectivas.

La segunda opción, que exhorta a la retirada inmediata de las tropas americanas en Irak, ya ha sido rechazada por el Pentágono sobre la base de que una medida de esa naturaleza socavaría al gobierno iraquí y probablemente provocaría que el país cayera directamente en una guerra civil total. Esta posición fue articulada muy recientemente por el General del Ejército John Abizaid, el comandante militar americano más importante en Oriente Próximo, cuando le dijo al Comité de Servicios Armados del Senado el 15 de noviembre que su opinión era que la retirada inmediata de tropas aumentaría la violencia en Irak. El Pentágono también se opuso a algunas variantes de retirada como por ejemplo llevarse unidades americanas fuera de las ciudades y mantenerlas en enclaves aislados en donde no tendrían que interactuar con la población iraquí pero donde estarían disponibles para combatir contra grandes ofensivas insurgentes así como para proteger al gobierno contra golpes de estado.

La tercera opción es un plan híbrido que combina parte de la primera opción con la segunda, requiere un aumento inicial y luego un recorte de la presencia de combate americana en pro de una expansión a largo plazo para entrenar y asesorar a los iraquíes. Bajo esta combinación de opciones, la presencia americana en Irak, actualmente de 140.000 tropas, aumentaría con 20.000 ó 30.000 soldados más por unos 6 meses. El propósito del aumento temporal sería hacer todo lo que sea posible para recortar la violencia sectaria, mientras que al mismo tiempo serviría para extender el programa de entrenamiento y asesoramiento de las fuerzas iraquíes. Esta tercera opción es la preferida del Pentágono; también se rumorea que está increíblemente cerca de la actual forma de pensar del Grupo de Estudio sobre Irak.

Realistas, neocons y realidad

El Presidente Bush ya ha invitado a algunos miembros del Grupo de Estudio sobre Irak a la Casa Blanca para consultas iniciales sobre las posibles opciones para Irak.

Pero hasta ahora, Bush ha mostrado escasa inclinación a estar abierto a cambios dramáticos de política. Más bien ha dicho a los periodistas reunidos en la Oficina Oval el 13 de noviembre que “las mejores opciones militares dependen de las condiciones en el terreno” en Irak, una posición que en la práctica suena casi idéntica al mantra de “mantener el rumbo” que muchos demócratas dicen que hace falta cambiar.

Además, Bush sigue oponiéndose con vehemencia a algunas de las llamadas propuestas “realistas” para alterar la estrategia en Irak. Por ejemplo, el presidente dice que no ha habido ningún cambio en su posición respecto a que Irán deba suspender primero su enriquecimiento de uranio antes de que sea posible que haya un diálogo bilateral. “El enfoque de esta administración es convencer a los iraníes para que renuncien a su ambición de poseer armas nucleares” dijo Bush después de la reunión del 13 de noviembre con el Primer Minsitro israelí Ehud Olmert. “Ese enfoque se basa en nuestro firme deseo de que haya paz en Oriente Próximo. Y un Irán con un arma nuclear sería una influencia desestabilizadora” dijo Bush. También exhortó a que Siria se retirase del Líbano y que dejara de “albergar terroristas”.

Cual sea que fuere la política que la Casa Blanca escoja finalmente, todos los flancos en Washington parece ser cada vez más de la misma opinión y es que la única opción prometedora para reducir la presencia americana en Irak es encontrar formas de acelerar el entrenamiento y despliegue de las fuerzas iraquíes. Exactamente eso han estado exigiendo los aliados neoconservadores de la Administración Bush desde que empezó la intervención iraquí en 2003.

En realidad, a la luz de muchas de las propuestas para Irak que han estado flotando en el ambiente desde las elecciones de mitad de período legislativo de noviembre, la prensa europea ha estado muy activa especulando con que la Administración Bush está a punto de abandonar el idealismo neoconservador en pro del regreso al realismo más tradicional que marcó la política exterior durante la Guerra Fría. Pero nada podría estar más lejos de la realidad.

La realidad es que la realpolitik clásica es una reliquia europea de una etapa anterior de la diplomacia americana que es en gran parte responsable de la locura geopolítica que representa el Oriente Próximo contemporáneo. Durante la mayor parte de los últimos 100 años, ese “realismo” ha mimado a dictadores y ha abanderado falsas conferencias regionales de “paz” que son directamente responsables de la mayor parte de la inestabilidad sistémica que plaga al mundo árabe en la actualidad.

Es también ese mismo realismo el que provocó tanta furia entre la izquierda americana y europea durante la Guerra Fría, pero que de alguna manera increíble ahora está siendo celebrado por aquellos que se llaman “progresistas”. En realidad, el “realismo” que de pronto está de moda entre muchos “intelectuales” izquierdistas es un eufemismo para describir el cinismo por ganar tiempo y renunciar a oportunidades con altos riesgos pero que potencialmente darían grandes réditos.

No obstante, semejante realismo es regresivo, no progresista. También es poco realista. La verdad es que el realismo de la vieja escuela niega la realidad porque en su esencia, la realpolitik promueve el beneficio a cortoplazo a costa de la seguridad a largo plazo. Y lo que el Oriente Próximo de hoy necesita más es una estrategia a largo plazo, no un apaño a corto plazo.

En este contexto, los únicos realistas de verdad en el mundo hoy en día son los pensadores neoconservadores que aconsejan a la Administración Bush. Efectivamente, los neocons son los únicos intelectuales de política exterior que reconocen que la vieja forma de hacer las cosas en Oriente Próximo ya no es sostenible en una era que combina armas de destrucción masiva con terrorismo islámico.

Además solamente los neocons han tenido aplomo para articular una visión a largo plazo y crear un nuevo orden sostenible en Oriente Próximo. A pesar de que el proyecto neocon de traer la democracia a Oriente Próximo está condenado a sufrir contratiempos a corto plazo como los de Irak, el neoconservadurismo es una ideología que ha llegado para quedarse porque el statu quo “realista” no es una alternativa realista a largo plazo.

En la guerra, por lo general, solamente hay dos resultados posibles: victoria o derrota. En el análisis final, por tanto, la mayoría de expertos está de acuerdo en que Estados Unidos realmente tiene sólo 2 opciones en Irak: Una es quedarse y ganar, la otra es irse y perder. Cualquier intento de maniobrar hacia un rumbo intermedio no puede tener éxito porque ellos ignoran la realidad de que los militares iraquíes no está aún listos para proteger Irak sin la presencia continua de tropas americanas. Y hasta los más optimistas planificadores del Pentágono dicen que la creación de un ejército iraquí estable y competente podría tomar otros 10 años.

Esto significa que hasta con los demócratas en control del Congreso, las tropas americanas pueden estar seguras de que se quedarán en Irak (por no decir en el Gran Oriente Medio) durante bastante tiempo en el futuro inmediato. También significa que la Doctrina Bush neoconservadora estará operativa mucho después de que un nuevo ocupante entre en la Casa Blanca en enero de 2009, sin importar si el próximo presidente es republicano o demócrata.

De esta forma, al negarse a enunciar una visión propia y válida de política exterior, sea para Irak o para cualquier otro lugar, las élites políticas europeas prefieren quedarse como algo irrelevante en los grandes asuntos de esta era. El efecto es que no serán los cínicos de la izquierda europea sino los neocons los que forjen el futuro. Bienvenidos a la realidad.