La ‘reformica’: 60 años de un hito en la lucha por la igualdad

Mercedes Formica
Mercedes Formica

“Lucha la abogada de 40 años de edad, Mercedes Formica, la que pide la igualdad en el Derecho Matrimonial. Hoy tienen que abandonar las mujeres españolas sus hogares y sus hijos cuando se separan. Una disposición que la señora Formica marca a hierro candente y considera injusta”. Así describió el periódico alemán Kölner Stadt-Anzeiger, el 18 de diciembre de 1953, la campaña que la intrépida jurista había iniciado con el propósito de transformar una serie de leyes que marginaban a la mujer, y que habían existido desde siempre como reflejo de una sociedad eminentemente conservadora que había ido confeccionando un marco jurídico por y para hombres.

No debe obviarse que el artículo 44 de la Ley de Divorcio de 2 de marzo de 1932 mantuvo el 1.880 (y siguientes) de la Ley de Enjuiciamiento Civil que regulaba el “depósito de la mujer” por considerarse el domicilio conyugal “casa del marido”. Y, en consecuencia, la mujer pasaba a vivir en el lugar que dictaminase la parte contraria, o bien en un convento, privada de bienes y con restricciones sobre los hijos, una situación que solo podía verse modificada al final del proceso que, con apelaciones, podía durar entre siete y nueve años.

Fue la trágica historia de Antonia Pernia Obrador, que agonizaba en un hospital madrileño por las diecisiete cuchilladas que recibió de su marido, y que sobrevivió gracias a la penicilina, la utilizada por Mercedes Formica para denunciar esta situación. La abogada, pese a estudiar su caso, sabía que, si solicitaba la separación, lo perdía todo. Por eso la única solución que encontró fue hacerlo público. Acababa de abrir su propio bufete en su casa de Madrid cuando escribió el artículo “El domicilio conyugal”, el cual, tras tres meses retenido por la censura y con la oposición de la Sección Femenina -que ya la tildaba de “no ser trigo limpio” (porque aquel trigo era verdaderamente limpio)- vio la luz el 7 de noviembre de 1953 en ABC: “Nuestro Código Civil, tan injusto con la mujer, no podía hacer una excepción con la esposa. Esta parcialidad lleva a las cuchilladas”.

Las reacciones no se hicieron esperar: “Creo que se avecina un torbellino; gracias a Dios, mi esposa no lee los periódicos”, fueron las impresiones de un ciudadano que recogió la revista Time, que dedicó una página al asunto con el sugerente título de “SPAIN: Woman’s day?”, en la que se proponía que el 7 de noviembre debía designarse “Día de la Mujer” en España.

Formica hablaba para el exterior con la claridad que no podía en el interior. Así, en el citado medio, señalaba que “sin el consentimiento por escrito de su esposo, una mujer no podía heredar bienes, no podía administrar dinero o negocios, no podía ser testigo de un testamento, o no podía aceptar un empleo. Sí podía obtener una separación legal de su esposo, pero solo si abandonaba su hogar y entregaba a los hijos mayores de tres años”. Para la revista Time, Mercedes Formica era una “hermosa e inteligente mujer de Andalucía que había triunfado sobre los vetos machistas para lograr una carrera”.

La prensa extranjera se empeñaba en recalcar que la mujer española vivía, en pleno siglo XX, en la Edad Media, y que la organización que se ocupaba del adoctrinamiento femenino, la Sección Femenina, tenía sedes en castillos, como en el de La Mota. Algunos titulares entusiastas con la labor de Formica fueron: “Leyes deplorables para la esposa española” (The New York Times), “Mejores leyes para las esposas españolas” (Montreal Gazette), “Creciente emancipación de las mujeres españolas” (The Daily Telegraph). Por su parte, la revista Holiday en un número especial, “Women in the World“, escogió a la abogada como representante española. El reportaje fotográfico estuvo a cargo de la agencia Magnum Photos, y su director, Robert Capa, envió a la fotógrafa Inge Morath a España: “Irás a España. Tienes que ver a una mujer extraordinaria. Se llama Mercedes Formica, es abogado y defiende a las mujeres que no pueden separarse de sus maridos”. Mercedes Formica deslumbró a Inge Morath; bastaba con oírla hablar…

En España, los medios de comunicación se mostraron también receptivos. ABC organizó una encuesta con destacados juristas que expresaron sus opiniones, más favorables que en contra, muchos de los cuales habían sido profesores de Derecho de la autora. Josefina Carabias realizó un reportaje para Informaciones titulado “La mujer que ha puesto el dedo en la llaga”: “El artículo de Formica ha levantado una polvareda comparable solamente al del célebre ‘¡Yo acuso…!’ de Zola”.

Por su parte, La Codorniz aportó su lado sarcástico y condenó a Mercedes Formica “a siete días y una hora en una cárcel de papel por haber importunado el luengo sueño del Código Civil”, e incluso, en 1954, se erigió una falla, en la plaza de la Universidad, en la que se observaba una figura gigante de la abogada que se alzaba sobre el Código Civil y hacía pasar por un aro a varios abogados revestidos con sus togas, mientras unas hormigas revoloteaban el espacio, símbolo de su apellido en italiano.

Recientemente, la sevillana editorial Renacimiento ha devuelto a las librerías la novela A instancia de parte -junto a dos obras más-, en la que se plasma, en su faceta de escritora, este interés por erradicar unas leyes que ultrajaban a la mujer. Concretamente, alude al problema del adulterio, penado únicamente en el caso femenino. La novela se publicó en 1955, en plena campaña, y obtuvo el premio Cid de la Cadena SER. En ella se constata el miedo de las mujeres españolas, ya que todas podían ser, a ojos de las leyes, adúlteras, aunque jamás cometieran tal acción. Y es que, si el marido quería deshacerse de su esposa, montaba un escenario, con la ayuda de cómplices, que ante unos testigos le diesen a él la apariencia de engañado. Era suficiente para que los tribunales condenasen a la esposa a prisión menor, sin tener en cuenta las pruebas que pudiese ofrecer para justificar su inocencia.

La reforma del Código Civil, y de otros cuerpos legales, se produjo el 24 de abril de 1958. Tiempo antes, Mercedes Formica se había reunido en audiencia privada con Franco para exponerle sus inquietudes. Y no paró hasta cumplirlas. Recorrió España por foros y sedes de periódicos para ofrecer conferencias y entrevistas, e incentivaba a los medios extranjeros para que ejercieran presión.

Se trató de la primera reforma del Código Civil, desde que fue promulgado en 1889, que incluyó derechos para las mujeres. Entre otras medidas, la “casa del marido” pasó a denominarse “domicilio conyugal”; se suprimió el “depósito de la mujer”; la mujer podía casarse en segundas nupcias sin que les arrebataran a sus hijos menores; los bienes que poseyera la esposa antes del matrimonio serían siempre suyos, sin que pasasen a manos del marido; el adulterio “de cualquiera de los dos cónyuges” se consideró causa de separación (aunque seguía siendo delito); la mujer dejaba de ser equiparada con niños, enfermos y delincuentes, reminiscencia de la imbecilitas sexus, que le impedía ser testigo en los testamentos y ejercer los cargos de tutor y protutor, etc. Es obvio que quedaba mucho por andar -y aún queda hoy-, pero la “reformica”, como la denominó cariñosamente Antonio Garrigues, significó un hito en el camino hacia la igualdad, y sirvió para que las mujeres conociesen la situación en la que se encontraban en las leyes.

Estos hechos apuntados apenas son conocidos. La voz de Mercedes Formica fue silenciada. Y todavía cae oscuridad sobre ella. En Cádiz, su ciudad natal, el gobierno municipal retiró en 2015 el busto que rendía tributo a su memoria porque, según se argumentó, “defendió el modelo de mujer abnegada y sacrificada del franquismo”, entre otras valoraciones infundadas. No obstante, el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid ha propuesto su nombre para dedicarle una calle. Ojalá sea una realidad.

En su juventud, Formica estuvo vinculada a la primitiva Falange, especialmente, desde la rama femenina del SEU. De la política se apartó tras el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, cuando le sobrevino un desencanto ideológico integral, como ella misma manifestó. Nada hay indigno en su persona. Y sí debería existir mucha gratitud, pues continuó destapando injusticias hasta casi el final de sus días. Nadie defendió en el franquismo a la mujer como Mercedes Formica. En 1976, recibió la cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort por los méritos obtenidos en el ámbito del Derecho.

Francisco Umbral, quien la admiraba profundamente, decía de ella: “En los años cincuenta, Mercedes Formica abría su balcón de Madrid a una paz pobre, sombría y mal distribuida. Fue dama de jurisprudencia, literatura y belleza”.

Miguel Soler Gallo es doctorando de la Universidad de Salamanca y está terminando actualmente la biografía de Mercedes Formica.

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