La Refundación del Estado en Bolivia

Por Isabel Moreno —investigadora de los programas de Paz, Seguridad y Derechos Humanos de FRIDE. Es licenciada
en Periodismo con especialización en Relaciones Internacionales por la Università degli Studi di Perugia,
en Italia, y la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado para la Fundación Abdul Aziz Saud Al-Babtain, como consultora externa y relaciones públicas— y Mariano Aguirre —codirector y coordinador de los programas de Paz, Seguridad y Derechos Humanos de RIDE. Ha sido director del Centro de Investigación para la Paz, en Madrid, y coordinador de programas sobre paz y conflictos en la Fundación Ford, en New York (FRIDE, ENE/07):

Bolivia es un Estado débil con una sociedad civil dinámica. El funcionamiento, en general precario, de las diferentes fases del Estado boliviano desde su independencia en agosto de 1825 hasta hoy, ha sido desbaratado una y otra vez por incontenibles rebeliones populares capaces de derrocar un gobierno tras otro.

Las elecciones del 18 de diciembre de 2005 supusieron un momento histórico para el país al resultar elegido por mayoría absoluta el primer presidente indígena de la historia bajo el lema de la refundación del Estado, en un país cuya población mayoritariamente indígena lleva siendo excluida durante siglos. Bolivia llama poderosamente la atención internacional.

Para algunos países, como España, Brasil y Argentina, debido a las nacionalizaciones de los hidrocarburos que el Presidente Morales ha realizado y que han obligado a las compañías petroleras a renegociar los precios a los que compran el crudo y el gas, así como las tasas de beneficio que obtienen por las concesiones para la explotación. En este campo, Bolivia ha pasado a ser uno de los actores del debate global sobre el petróleo y el gas, sus precios, el posible agotamiento en el futuro y la utilización política de estos recursos. Este debate implica a proveedores, desde Venezuela a Irán pasando por Angola y Arabia Saudita, a compradores en todo el sistema internacional, así como a organizaciones multilaterales y la sociedad civil.
Para otros países, especialmente en América Latina, Bolivia llama la atención debido a la influencia que pueda tener el programa político de Morales, que combina la recuperación de recursos con una atención a los derechos de los pueblos indígenas y el intento de reformular la tenencia de la tierra. Por último, Bolivia llama la atención de Estados Unidos, que tiene a este Estado en la lista de países productores de cocaína, al tiempo que se preocupa por las características y de izquierdas del gobierno de Morales.

Este informe presenta los desafíos estructurales a los que se enfrenta Bolivia en esta nueva etapa de gobierno popular que representa por primera vez al sector indígena desplazado y que pretende reformar el Estado y revertir la desigualdad. Al mismo tiempo, existe una fuerte tensión sobre la unidad del Estado y el país se encuentra en el centro de la cuestión energética global.

Ante esta situación es importante analizar el papel que la comunidad internacional puede tener en apoyar la transición a la democracia y la justicia social en ese país tan empobrecido y segregado.

Las oportunidades de éxito son complejas pero posibles en el largo plazo ya que se trata de un país rico en recursos que ha iniciado el proceso para que los beneficios de sus hidrocarburos se dirijan a su propio desarrollo, y que no se halla sometido a un conflicto bélico. La puerta a la mejora está abierta y es responsabilidad de los actores locales y la comunidad internacional cooperar para que estas circunstancias propicias deriven en una reducción efectiva de la pobreza, como primer paso adelante. Al mismo tiempo, la fuerza y multiplicidad de la sociedad civil y la descentralización del Estado que se llevó a cabo en la última década son dos factores paradójicos: a la vez, signos de democratización pero que pueden operar en contra del Gobierno Morales si diversos actores no consideran que está respondiendo a sus demandas.

La crisis-transición en la que se halla el Estado boliviano se puede entender en torno a las relaciones Estado-mercado, Estado-regiones y Estado-pueblos indígenas. Se trata del país más pobre de Sudamérica y el Banco Mundial indica que es el que tiene mayores problemas de distribución de riqueza de la región. La desigualdad alcanza niveles alarmantes: mientras el 20 por ciento de la población más pobre cuenta con una tasa de mortalidad infantil más alta incluso que las de Haití, Kenia, Nigeria o Camerún, el 20 por ciento más rico de los bolivianos tiene tasas que se equiparan a las del mundo desarrollado.

Respecto a las cifras relativas a la pobreza, el 14,4 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día, mientras que un 34,3 por ciento lo hace con dos dólares diarios.

El desempleo también es una cuestión preocupante en Bolivia y los datos que se manejan indican que abarcaba a un 8,7 por ciento de la población económicamente activa en 2004, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Leer artículo completo (PDF).