La regulación financiera defectuosa de China

La agitación en el mercado de valores de China parece haber terminado, pero sigue existiendo una incertidumbre considerable no solo acerca de lo que provocó la reciente caída de las bolsas de Shanghai y Shenzhen, sino sobre lo que ese episodio significará para los esfuerzos de reforma financiera del país.

La caída del mercado de valores de China ha sido atribuida a diversos factores. En un principio, los medios oficiales culparon del desastre principalmente a las ventas en corto “malintencionadas” de acciones chinas por bancos y corredores extranjeros. Más tarde agregaron a la lista de culpables a los inversionistas nacionales, y las autoridades chinas anunciaron una investigación rigurosa para encontrar la fuente de las ventas en corto.

Más recientemente, la discusión se ha desplazado hacia una causa aparentemente más creíble: la proliferación del financiamiento de márgenes desde 2010. Los pequeños inversionistas privados recibieron créditos importantes para financiar la compra de acciones, con lo que la participación en el mercado de valores se disparó y un mercado alcista pronunciado se salió de control.

No obstante, si bien el financiamiento de márgenes, facilitado por las plataformas en línea, amplificó los riesgos de volatilidad, no pudo haber causado por sí solo tal caída. El verdadero culpable es el gobierno, que primero avivó las llamas de la inversión excesiva y después trató de cortar el suministro de oxígeno al fuego. El fragmentado sistema regulatorio de China – integrado por el Banco Popular de China (PBOC por sus siglas en inglés), la Comisión de Reglamentación de Valores de China (CSRC por sus siglas en inglés), la Comisión de Reglamentación Bancaria de China (CBRC por sus siglas en inglés) y la Comisión de Reglamentación de los Seguros de China (CIRC por sus siglas en inglés) – exacerbó la situación de forma considerable.

En diciembre pasado, después de dos años de un mercado “alcista lento”, People’s Daily, portavoz del Partido Comunista Chino, anunció la llegada del llamado mercado “alcista reformado” que impulsaría al índice compuesto de Shanghai muy por encima de los 4,000 puntos. Esto convenció prácticamente a todo el mundo de que había comenzado un “gran mercado alcista” que tal vez duraría una década, lo que alentó a los inversionistas a comprar acciones a precios que ya eran elevados. En otras palabras, las autoridades alimentaron una burbuja.

La CSRC se había fijado un objetivo excesivamente estrecho y se había enfocado únicamente en echar a andar el mercado alcista mediante políticas y discursos orientados a fortalecer la confianza de los inversionistas y alentar la participación. Después de la crisis, resultó evidente que este incentivo era tóxico y precario. La CSRC, como regulador del mercado de capitales de China y otras instancias de reglamentación no cumplieron su misión verdadera: crear un marco institucional robusto capaz de apoyar inversiones fuertes.

Una vez que el mercado despegó, llegó la euforia. Los índices del mercado de valores se desplazaron mucho más allá de los límites razonables y los reguladores no previeron la velocidad ni la magnitud del boom. No es de sorprender que no tuvieran ningún plan para estabilizar el mercado después.

Naturalmente, a medida que el mercado se dirigía hacia los 5,000 puntos, los reguladores finalmente se dieron cuenta de que también crecía el riesgo de que se diera una corrección abrupta. Pero en lugar de trabajar gradualmente para crear una reglamentación fuerte y focalizada, dieron un violento giro de 180 grados y advirtieron a los inversionistas sobre las burbujas peligrosas y declararon la guerra al financiamiento de márgenes.

Ante eso, el índice empezó a desplomarse y el caos se apoderó de la CSRC. Expidió frenéticamente una serie de órdenes administrativas, pero además de eso y al carecer de medios para pedir al público su opinión y recomendaciones, hizo muy poco para interactuar con los inversionistas y el mercado. No fue sino hasta que el caos estaba en su apogeo que el PBOC reconoció lo que estaba sucediendo – la CSRC no había podido cambiar la tendencia por sí sola – y declaró que intervendría para capitalizar el mercado.

La conclusión es clara: el actual sistema regulatorio, caracterizado por una división clara y rígida de las responsabilidades entre los órganos que lo constituyen está completamente desincronizado con los mercados de capital de China que crecen rápidamente y están cada vez más integrados. Con todo, según el proyecto de reglamentos de finanzas en Internet que se acaba de anunciar, se conservará el modelo de regulación de “1+ 3 del país.

Es tiempo de que los líderes chinos reconozcan que su marco regulatorio – y, en particular, su enfoque de regulación del mercado de capital – ya no es sostenible y que deben emprender una reestructuración regulatoria importante. Una de las opciones que se han propuesto es crear un gran órgano único de regulación como el Comité Financiero de Supervisión que se estableció en Corea del Sur después de la crisis financiera asiática de los años noventa.

Se cree o no dicho órgano, será indispensable contar con mejores vías de cooperación entre los ministerios.

Ese tipo de cooperación tiene precedentes en China. En efecto, aunque sin duda los ministerios se obstaculizan mutuamente en lo que se refiere a cuestiones importantes para proteger sus ámbitos de actividades, han estado cooperando con gran entusiasmo en el esfuerzo de China para reconfigurar el orden económico mundial. El ex viceministro de Finanzas, Jin Liqun, al que el gobierno ha nominado para ser el primer presidente del Banco de Asia de Inversión en Infraestructura ha indicado que la exitosa puesta en operación de ese banco fue el resultado de la cooperación ministerial.

Para proteger mejor los intereses de los inversionistas, China debe ahora encontrar formas de garantizar ese tipo de cooperación entre sus instancias de regulación financiera existentes, incluso mediante una renovación de las instituciones pertinentes. Ahora que está buscando hacer reformas amplias del sector financiero es el momento de hacerlo. La caída del mercado debería servir como impulso adicional.

Se teme que la reciente caída del mercado de valores haya atemorizado al gobierno y lo incite a ralentizar el ritmo de las reformas, incluidos los esfuerzos para abrir la cuenta de capital de China. Que se mantenga el impulso de las reformas dependerá de si el gobierno reconoce que la caída fue el resultado de una falla regulatoria o se obstina en que fue obra de una malvada fuerza exterior decidida a destruir la economía china.

Si bien este último escenario es posible, es poco probable que ocurra. Al observar el avance de las reformas de China en años recientes, y las promesas constantes del gobierno actual para aumentar dichos esfuerzos, estoy convencido de que los dirigentes del país responderán a la reciente caída con un programa fortalecido de reforma financiera. Ignorar las lecciones que deja esta caída sería un error grave –que las autoridades pragmáticas y tenaces estarán resueltas a impedir.

Zhang Jun is Professor of Economics and Director of the China Center for Economic Studies at Fudan University, Shanghai. Traducción de Kena Nequiz.

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