La relación especial entre Meloni y Orban

La formación del nuevo Gobierno de Italia, dirigida por la política de ultraderecha Giorgia Meloni, fue celebrada calurosamente por el círculo de Viktor Orban. Tanto el primer ministro como la nueva presidenta de Hungría, Katalin Novák, publicaron fotos junto a Meloni, cuyo protagonismo se ha disparado tras el colapso del Gobierno de coalición de Mario Draghi. Las conexiones de la nueva primera ministra italiana con Orban datan de al menos el 2019, año en que, en una reunión de partidos euroescépticos, Meloni y los seguidores de su partido postfascista de ultraderecha Hermanos de Italia recibieron a Orban con una atronadora ovación al canto de ragazzi di Buda, grazie, grazie! (en español: «Jóvenes de Budapest, gracias»).

Para Orban, tales coqueteos no son nada nuevo. Sus raíces con los populistas italianos datan de mediados de la década de 1990. Es admirador de Silvio Berlusconi, y fue de él quien aprendió cómo manejar a los medios de comunicación y crear una base política. Sus conexiones también se extienden a su estrecha amistad con Matteo Salvini, el líder del partido Liga, con el que lanzó una iniciativa antimigratoria en la segunda vuelta de las elecciones europeas de 2018, llamando al 2019 «el año de la revuelta».

Sin embargo, con Meloni las cosas podrían resultar diferentes, al menos a corto plazo. Fue revelador el que, a pesar de que Orban y Meloni comparten un vínculo casi fraternal, su primera acción internacional como primera ministra fue reunirse con el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Después habló con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y se dice que manifestó el apoyo de Italia a la política de sanciones contra Rusia del EU-27, así como su enfoque ante las cuestiones energética y migratoria. Italia es uno de los principales miembros europeos de la eurozona, y su interdependencia con la UE podría explicar el enfoque inicial tan conciliador de Meloni hacia los aliados tradicionales de su país.

Meloni ascendió a la presidencia con un telón de fondo marcado por una inflación galopante (con una deuda pública del 160 % del PIB) y una crisis energética que, con toda probabilidad, hará estragos en Europa este invierno. Cumplir con sus promesas populistas de campaña, mantener una coalición con socios cuyos intereses personales están bajo el escrutinio de la UE e implementar reformas económicas para evitar la bancarrota la pondrá a horcajadas entre exigencias opuestas. Para gestionar estas tareas, necesitará fomentar unas buenas relaciones con los líderes más poderosos de Europa, como Macron y el canciller alemán Olaf Scholz. Viktor Orban, a pesar de ser un aliado ideológico, será el último de la fila (por ahora), especialmente dada su alineación con los intereses de Rusia y su frialdad hacia los paquetes de apoyo a Ucrania por parte de la UE.

Aun así, la cooperación entre Meloni y Orban ocurrirá, y es posible que sea fructífera para ambas partes. Orban ha estado esperando con paciencia estratégica por otra victoria de la derecha radical en Europa. Él espera que la presencia de Meloni dentro del mayor círculo de toma de decisiones de Europa lo posicione mejor en las reuniones críticas para Europa y le proporcione una nueva avenida desde la cual influir sobre la dirección de la UE. A la vez, apoyándose en sus 16 años en el poder, puede apoyar y aconsejar a su aliada más joven en cómo negociar con Bruselas y, cosa que resulta más preocupante, cómo mantenerse en el poder.

La batalla diaria, aquí, comienza por un lenguaje áspero y por narrativas polarizantes que radicalizan al público y paralizan a la oposición, tanto en casa como en el extranjero. No debería corresponder a Orban o a Meloni, como líderes, usar tal lenguaje, sino a sus aliados políticos. En Hungría, esta responsabilidad recaería sobre László Kövér, el portavoz de la Asamblea Nacional de Hungría, quien ha manifestado su preocupación hacia la llamada locura de género del país, y ha explicado por qué los ciudadanos deben ser empáticos hacia las ambiciones de Moscú en Ucrania.

El poder que sostiene a la ideología de Orban no solo está vinculado con ideas consistentes, sino en un constante batallar. Ha combinado correctamente la autoconfianza estadounidense con la política de la indignación y ha transformado el nacionalismo étnico en angustia acerca de la civilización. Ha explotado las narrativas del cristianismo político, que robó al cristianismo sus principios morales, y combinó a grupos sumamente diferentes, como la clase media católica, los mayores en áreas rurales y los hinchas violentos del fútbol en un electorado unificado.

Uno de los grandes éxitos de Orban es que siempre logra vincular su retórica con el discurso de crisis de otras partes del mundo. Sus referencias a la situación de los EEUU y su creciente colaboración con la derecha radical republicana se han vuelto reveladoras.

La narrativa suprema de Orban, sin embargo, es ¡primero Hungría! Ha afirmado tener un gran respeto por los húngaros y, tras esta supuesta defensa de la nación, ha exigido una lealtad absoluta y ha aplastado a las voces disidentes. En el lapso de 12 años, su partido de gobierno, Fidesz, ha cambiado la constitución diez veces y modificado las normas electorales más de 20, para consagrar su poder.

El partido de gobierno de Hungría anhela una Europa de las naciones menos basada en reglas, menos intervencionista, pero más política y más oportunista. Orban quiere que Meloni, junto con otros representantes de la derecha europea, fortalezcan este bando y terminen por cambiar a la UE y socavar sus principios rectores desde dentro.

A pesar de haber soportado tres décadas de representación populista en Italia, las instituciones democráticas de aquel país han resistido: Italia sigue siendo, hoy en día, una democracia liberal. Pero cuando la estabilidad está en entredicho, las soluciones radicales pueden venderse como opciones más atractivas que el sistema de controles y balances de las instituciones políticas.

Queda por ver si la nueva coalición gobernante de Meloni querrá seguir el camino de Hungría. Pero, en su amistad con Viktor Orban, tendrán no solo un consejero, sino un aliado en cualquier empresa similar.

Zsuzsanna Szelényi fue parlamentaria de Hungría y es autora de Tainted Democracy: Viktor Orban and the Subversion of Hungary (en español: Democracia empañada: Viktor Orban y la subversión de Hungría)

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