La resurrección de ETA

Lo menos que cabe decir en estos momentos es que la esperanza de un arreglo en el contencioso vasco, si no definitivo, sí al menos para una generación, está bajo mínimos. Por culpa del otro, obviamente.

Ibarretxe, imbuido ya de un perfil mesiánicosacrificial, lanzó un órdago de imposible aceptación por el PSOE. No tanto porque lo que propusiera (un acuerdo transversal de nacionalistas y no nacionalistas, aunque con garantías de cumplimiento) fuera algo descabellado. Bien al contrario, es la única solución razonable y posible al contencioso político vasco. Pero, como ya manifesté en su día, es un planteamiento de imposible cumplimiento, aunque solo sea por razones de tiempo cronológico.

Que El Diario Vasco este domingo, 3 de febrero, según su agudo analista Alberto Surio, diga que "Zapatero avala un futuro acuerdo con el PNV que desactive la consulta de Ibarretxe" no me hace especial mella. Quisiera, de verdad, equivocarme, pero me temo que estamos abocados en Euskadi, como poco, a unas nuevas elecciones tras el 25 de octubre, fecha anunciada para la consulta. Como poco, digo, porque no está escrito que lleguemos con este lendakari, en pleno ejercicio del mandato que le otorgamos los ciudadanos, a esa fecha. La justicia que padecemos está empecinada en llevarle al banquillo (e inhabilitarle) en medio del silencio público de juristas, catedráticos de derecho y políticos.

Ahora toca ilegalizar al inefable Partido Comunista de las Tierras Vascas, así como a Acción Nacionalista Vasca. Jueces y fiscales se desgañitan en probar lo obvio: que los comunistas de las tierras vascas y los de ANV están ahí como tapadera, equipo reserva, sucedáneo y banco privado de los ilegalizados batasunos. Parece que lograrán la ilegalización a tiempo. Su único temor es que en Estrasburgo les digan que lo que han hecho no se ajusta a derecho. Pero, aun en ese caso, la cosa quedaría en una nota, pequeñita, de la página 25 del periódico de un día, del año, digamos, 2020.

El 9 de marzo hay elecciones. Los vascos nos jugamos poco en esta historia, sabiendo que, gane quien gane, nos esperan años complicados. ETA no está por la labor de desaparecer y muestra una vez más la falacia del "ETA herria zurekin" ("ETA, el pueblo está contigo") que ya ni se atreven a mentar sus epígonos, legales o ilegalizados, poco importa. El mundo de HB, en sus diferentes denominaciones, se retirará a sus cuarteles de invierno, seguro de su fuerza. Piensen en los parlamentarios, concejales y alcaldes que obtuvieron en las últimas contiendas electorales en las que les dejaron (¿por qué entonces sí y ahora no?) presentarse.

El boca a oreja, la dispersión de "sus" presos, sus líderes en la cárcel visitados por líderes en libertad (el último, Arzalluz a Otegi, el 2 de febrero), su presencia pública y política en el País Vasco francés, su constancia avalada por años de lucha y, sobre todo, una lectura unilateral y endogámica de la realidad, sin matices de ningún tipo que puedan quebrantar su soldadura autorreferencial, los hace impermeables a toda solicitud de rechazo de la violencia y, lo que al final es definitivo, a toda autodeterminación del icono ETA. (Lo que no quiere decir que Batasuna, en sus diversas advocaciones, sea ETA, como burdamente se sostiene).

ETA es cada vez más un icono referencial. Para casi todos. Somos muy pocos los que intentamos pensar (y actuar) mas allá de ETA. Lo que no quiere decir que no seamos conscientes de que está ahí y puede actuar en cualquier momento. De ahí nuestro inmenso agradecimiento a las fuerzas y cuerpos de seguridad. Pero ETA es ya un icono que no tiene necesidad de matar a nadie. Aunque puede hacerlo, pues los años de clandestinidad perturban la cabeza de cualquiera. Lean Los justos, de Albert Camus, si tienen alguna duda. Pero ahora a ETA le basta con estar ahí. Jamás soñó con tanta publicidad gratuita. Todos hablan de ella. Peor aún, hacen política en función de ETA. Así, la resucitan.

Hace pocos meses me entrevistó en TV-3 Josep Cuní. En un momento de la entrevista vine a decir que ETA estaba derrotada política y socialmente, pero no militarmente. Hoy pienso que me equivoqué. Es obvio que ETA no está derrotada militarmente, pero tampoco lo está política y socialmente. Y cada día tengo más dudas de por qué no ha sido derrotada militarmente (que no hayan detenido a sus escasos militantes/terroristas) ahora que el santuario francés ha dejado de serlo y se han firmado mil y un pactos de colaboración policial; eso sí, excluyendo a la Ertzaintza. Pero, sobre todo, me pregunto si con las ilegalizaciones exprés, y a pocas horas de iniciar un proceso electoral, no la estarán resucitando en su papel social y político.

No soy hombre de leyes, pero si mañana se presentan cuatro listas de personas, limpias de paja y polvo judicial, bajo la denominación de, digamos, Partido Democrático de Euskal Herria (o, sin más, Partido Democrático), en Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra, ¿cómo van a impedir que se presenten? Y, si no les dejan presentarse, ¡qué formidable arma jurídica y social, para ETA y su mundo, para deslegitimar el sistema democrático, objetivo último de ETA, sospechosamente olvidado por tantos! Legal o ilegal, Batasuna existe. ¡Vaya que sí, desgraciadamente!

Javier Elzo, catedrático emérito de Deusto.