La resurrección de los Verdes franceses

A veces, la política tiene moral. Lo prueba el extraordinario resultado conseguido en las elecciones europeas del domingo por Daniel Cohn-Bendit y su formación, Europa-Ecología: un 16% de los votos, igualando el porcentaje de los socialistas franceses. Desde el primer momento, el líder ecologista hizo una campaña fundamentalmente europea, basada en un proyecto de sociedad ecologista y social, apoyado en su amplia experiencia de parlamentario en Estrasburgo.

Los politólogos suelen decir que en las llamadas elecciones intermedias los electores no responden a las cuestiones planteadas. Otro cliché que se ha caído por los suelos. Porque, aunque no hayan sido muchos los que han votado, los franceses han primado a las listas centradas en el objetivo del escrutinio; es decir, en la elección de diputados europeos y no en la expresión de las preocupaciones internas, como el castigo al Gobierno en el poder o el voto útil a la izquierda, que los electores han considerado algo inútil.

Por culpa de su proverbial torpeza en los finales de campaña, François Bayrou, el líder del partido centrista MoDem, acentuó una tendencia de fondo: la preocupación por el medio ambiente crece en toda Europa. El éxito de los Verdes franceses es también la traducción de esta toma de conciencia, de la que la proyección de la película Home de Yann Arthus-Bertrand, a dos días del escrutinio, fue todo un símbolo. Al exhibir de pronto su cara más reivindicativa, el líder del MoDem, creyendo que así debilitaba a su rival, precipitó su propio fracaso. En política nunca se está muerto del todo. Pero en una sola frase, François Bayrou -al insinuar que Cohn-Bendit era un pederasta en referencia a un libro escrito hace 25 años sobre el sexo de los niños- echó por la borda su futuro presidencial. Es la fuerza de las palabras en la política…

También hay que señalar clara y abiertamente que el otro vencedor de las elecciones fue Nicolas Sarkozy. Aunque la alta abstención invite a la prudencia en las valoraciones, el presidente sólo pierde dos o tres puntos en relación con sus resultados de 2007, en un momento en el que tiene que hacer frente a una crisis económica profunda. Su éxito es, pues, incontestable. Pero con dos matices. Primero, que pronto se demostrará que el viraje social de la derecha francesa es el de los discursos más que el de la acción. Y segundo, que también pronto se percibirá que este éxito en unas votaciones a una vuelta oculta el hecho de que el total de los votos de una izquierda resquebrajada supera al total de los votos de los conservadores.

Los Verdes ven el futuro color de rosa, mientras los rojos lo ven negro. ¿Y qué decir del calamitoso resultado del Partido Socialista? Se resume fácil: sin ideas y con demasiadas ambiciones. El fracaso es, en parte, injusto para Martine Aubry, quien deberá demostrar dosis todavía mayores de coraje para superar el seísmo que azota al viejo partido y, con él, a toda la izquierda. Pero, como no hay mal que por bien no venga, este escrutinio también le muestra la vía de salida a los socialistas. Un camino que se resume en dos palabras: imaginación y unidad. La tarea será larga…

Laurent Joffrin, director del diario francés Libération.