La revolución americana de Barack Obama

Por Dominique Moisi, fundador y consejero en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales, y profesor en el Colegio de Europa de Natolin, Varsovia. Traducción de M. L. Rodríguez Tapia. © Project Syndicate, 2007 (EL PAÍS, 05/01/08):

Durante ocho años, George W. Bush ha conseguido encarnar y reforzar todos los prejuicios y estereotipos negativos de Estados Unidos en el mundo. Se ha enemistado con otros países mucho más que cualquier otro presidente anterior y ha debilitado gravemente el poder blando estadounidense con su uso ineficaz y desmesurado del poder duro.

Por consiguiente, la reconciliación de Estados Unidos consigo mismo y con el mundo debe ser la doble prioridad del próximo presidente. Y, si hay un candidato que puede lograrlo, que puede contribuir en una fracción de segundo a restaurar la reputación internacional de Estados Unidos, es Barack Obama [ganador el jueves en la votación del caucus de Iowa por la candidatura demócrata].

Las épocas excepcionales, a veces, engendran líderes excepcionales. Sin la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte habría seguido siendo un oficial subalterno lleno de talento y frustraciones. Los últimos años en Estados Unidos y en sus relaciones con el mundo han sido verdaderamente excepcionales, y necesitan a un dirigente que sea capaz de cambiar por completo la visión que la mayoría del mundo tiene de que Estados Unidos se ha vuelto arrogante, impotente y egoísta.

Por supuesto, los antiamericanos recalcitrantes nunca se convencerán, pero son una minoría, con la posible excepción del mundo musulmán. La mayoría silenciosa está dispuesta a dejarse convencer de que hay vida después de Bush.

¿Por qué es Obama tan distinto de los demás candidatos presidenciales y por qué podría tener tanta influencia en la opinión internacional? Al fin y al cabo, en cuestiones de política exterior, el próximo presidente va a tener muy poco margen de maniobra. Tendrá que permanecer en Irak, intervenir en el conflicto entre Israel y Palestina al lado de Israel, enfrentarse a una Rusia más dura, tratar con una China cada vez más ambiciosa y abordar el problema del calentamiento global.

Si Obama puede cambiar las cosas no es por las decisiones políticas que tome, sino por lo que es. En el momento en el que aparezca en las televisiones del mundo, victorioso y sonriente, la imagen y el poder blando de Estados Unidos experimentarán algo parecido a una revolución copernicana.

Piensen en la impresión que su elección causaría no sólo en África, sino en Asia, Oriente Próximo e incluso Europa. Con su ascensión a la hegemonía mundial, Estados Unidos se convirtió en la encarnación de Occidente, y Occidente era "blanco". El poder en Estados Unidos pasó de la costa Este a la costa Oeste, y luego al Sur. Pero ¿qué hay más revolucionario en Estados Unidos que traspasar la frontera racial?

Es evidente que reducir a Obama al color de su piel es una simplificación excesiva y muy grave, pese a que él ha hecho hincapié en sus "raíces negras". Y la verdad es que los afroamericanos no le apoyan del todo. Con su madre blanca y su padre africano, no se ajusta a los precedentes afroamericanos.

Sin embargo, ése es otro motivo que hace excepcional a Obama: su compleja identidad le convierte en verdaderamente universal, un candidato globalizado para una era globalizada. Gracias a su extraordinaria historia personal, puede ser un puente entre África, América e incluso Asia -donde estudió de niño, en una escuela musulmana- y, de esa forma, revivir la imagen universal y el mensaje de Estados Unidos.

Ahora bien, por encima de todo, lo que hace que Obama sea extraordinario, dada la trayectoria de Estados Unidos durante los años de Bush, es la naturaleza del mensaje que encarna, y que se resume a la perfección en el título de su libro The Audacity of Hope

[La audacia de la esperanza]. Para que Estados Unidos pueda pasar de una cultura del miedo a una cultura de la esperanza -y volver a ser un modelo de esperanza para el mundo-, necesita a un gobernante que personifique el sueño americano: moderno y dotado de un mensaje religioso humanista, en contraste con la ansiosa irracionalidad del movimiento conservador cristiano que ha nutrido la base política de Bush.

Independientemente de que Obama sepa hacer realidad sus promesas, Estados Unidos no volverá a disfrutar la posición que ocupó entre 1941 y 2000. Con o sin Obama, el "siglo americano" no va a repetirse. Pero Obama puede aprender de los errores cometidos por Jimmy Carter al principio de su mandato, a mediados de los años setenta. El neo-aislacionismo no es una opción, y la contención, basada en la confianza y la prudencia, sí.

El mundo necesita un Estados Unidos más modesto y confiado. Para un europeo que ha visto con profunda inquietud y tristeza la evolución de Estados Unidos en el último decenio, Obama parece, de todos los candidatos presidenciales declarados, el más capaz de encarnar un Estados Unidos así.