La Revolución de la dignidad

Hace tres años, Ucrania se debatía aún entre un insidioso régimen autoritario y una democracia debilitada. Muchos mirábamos con entusiasmo un transformador acuerdo de asociación con la UE que debía firmarse a finales de noviembre de 2013. El que dichas expectativas no se cumpliesen supuso una humillación para millones de ucranios, que aspiraban al bienestar, al respeto y sobre todo a una ruptura definitiva con el pasado. Al instante, las protestas masivas entraron en una espiral ascendente, que culminó con la Revolución de la dignidad, una implacable demostración de la voluntad de nuestros ciudadanos, que al fin logró expulsar del poder al régimen en quiebra e insufló nueva esperanza en una futura Ucrania que acabase formando parte de Europa.

Estos tres últimos años no han sido un viaje fácil. Difícilmente podríamos encontrar un país de Europa, o fuera del continente, que, mientras afronta una ocupación extranjera, emprenda ambiciosas reformas desde la base. Igualmente único es nuestro logro de abordar ambos retos de manera simultánea. Empezando el proceso de reformas desde cero, hemos cortado gradualmente la hemorragia, en especial en lo que respecta a la situación económica, aumentando así nuestra resiliencia.

El Ejército ucranio ya no es tan débil ni está tan falto de preparación como en 2014. Gracias a la experiencia y a la ayuda de nuestros aliados, entre ellos Estados Unidos y la UE, y a la valentía de los ucranios, nuestro Ejército ahora es capaz de resistir con firmeza. ¿No es eso lo que pone nerviosas a las fuerzas rusas asentadas en Donbas y a sus mercenarios, hasta el extremo de que siguen poniéndonos a prueba bombardeándonos a lo largo de la línea de combate? A pesar de las numerosas iniciativas de Ucrania para establecer un alto el fuego duradero –algo que nuestro Ejército siempre ha respetado–, el otro bando ha hecho gala de su escaso control, rompiendo deliberadamente el alto el fuego y provocando más destrucción y pérdidas para mi país. A lo largo de tres años, los bombardeos rusos se han llevado más de diez mil vidas y provocado 20.000 heridos.

Sin embargo, Rusia dispara en su propio pie cada vez que tirotea a Ucrania. Después de comenzar con Crimea en 2014, el Kremlin puso la mira en Donbas, para desviar la atención de sus flagrantes incumplimientos del derecho internacional. El ocultar la verdad puede funcionar durante un tiempo, pero no eternamente. Este noviembre, en Nueva York, la Tercera Comisión de la Asamblea General de Naciones Unidas se pronunciaba contra las mentiras de Rusia en un borrador de resolución sobre los derechos humanos en Crimea. Seguir el camino del respeto al derecho internacional no es fácil, pero es un camino sólido y legítimo. Con esta Resolución que reconoce a Rusia como una potencia invasora y a Crimea como territorio ucranio temporalmente ocupado (¡no anexionado!), seguimos consolidando nuestra base para la inminente desocupación de la península. Como afirmamos en 2014, Ucrania recuperará Crimea no por medio de la guerra, sino mediante la paz. Y, lo que es más importante, mediante el ejemplo.

Ucrania tiene todo lo necesario para esto último; hemos superado el punto de no retorno en la senda europea. Hemos celebrado elecciones nacionales y locales justas y libres. Hemos estabilizado nuestra economía frente a la doble crisis provocada por la inestabilidad y la guerra. Hemos limpiado nuestro sistema bancario para recuperar la estabilidad macroeconómica. Hemos eliminado la dependencia energética de Rusia. Por primera vez en la historia, no hemos comprado ni un solo metro cúbico de gas a Rusia en más de un año. Hemos creado una nueva policía y disuelto la anterior fuerza policial, que durante años fue notoria por su corrupción. Hemos dado transparencia a los contratos públicos mediante un nuevo sistema innovador.

Después de ahorrar millones de dólares, los ucranios empezamos a ganar la lucha contra la corrupción. Alimentada durante años por el ejemplo y los recursos de Rusia, esta corrupción se convirtió en un arma de doble filo contra los intereses de Ucrania. En mi opinión, no hay nada más eficaz que un sistema político resistente, transparente y vibrante. Por esta razón establecimos en octubre nuestro nuevo sistema de declaraciones digitales contra la corrupción. Como resultado de este proceso obligatorio –el más avanzado del mundo– más de 103.000 funcionarios y cargos públicos, incluido yo mismo, hemos presentado nuestras declaraciones de bienes para el control público. En 2017, el número de declaraciones digitales se multiplicará hasta incluir a más de 300.000 funcionarios, eliminando así cualquier posibilidad de ocultar actividades corruptas.

Ahora que conmemoramos el tercer aniversario de la Revolución de la dignidad, estamos decididos a proseguir nuestro camino. Por difícil que pueda resultar. Después de todo, los ucranios somos los más euro-optimistas. Por eso, el éxito ucranio será también un éxito para la UE y fuera de ella. En nuestro esfuerzo, es fundamental que nuestros aliados sigan respaldándonos, ya sea mediante la rápida ratificación del acuerdo de asociación, la eliminación de los visados de entrada en la UE, la ayuda política y económica a Ucrania o el mantenimiento de la política de sanciones contra Rusia. Haciendo adecuada justicia a los principios y al espíritu de la Revolución de la dignidad, nuestra alianza y la solidaridad con nuestros aliados occidentales debe perdurar y seguir adelante. Nada ayudaría más a los ucranios a avanzar en nuestros esfuerzos de reforma y nada sería más eficaz para frenar a quienes intentan debilitarnos.

Petro Poroshenko, presidente de Ucrania.

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