La salud del régimen

Por Luciano Zaccara, investigador del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos de la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 24/12/06):

El régimen iraní goza de buena salud: ésta es la primera y más importante conclusión que se puede sacar del proceso electoral múltiple del pasado 15 de diciembre.

Esta conclusión puede ser explicada en dos sentidos. Por un lado, ha quedado desactivada la amenaza que representaba el crecimiento de los sectores fundamentalistas o "principistas" aliados a Taqi Mesbah para la élite política encabezada por el líder Alí Jamenei y el jefe del Consejo de Discernimiento Hashemi Rafsanyani.

Por otra parte, lo que ha sido visto por la prensa internacional como un test popular sobre la gestión del presidente Mahmud Ahmadineyad desde su elección en junio del año pasado, no ha obtenido un resultado tan positivo como se esperaba, si bien tampoco ha sido una derrota.

La primera explicación está relacionada con la elección de la Asamblea de Expertos, colegio de 86 clérigos renovable cada 8 años que tiene como nada desdeñable función la elección, supervisión e incluso destitución del líder y jefe de Estado iraní. A pesar de su importancia, las ediciones anteriores de estas elecciones mostraron las tasas más bajas de participación entre todos los procesos electorales desarrollados en Irán desde 1979.

En esta ocasión la lucha por el control de la Asamblea estaba vinculada a la rediscusión de los fundamentos mismos de la institución del líder, que no goza de unanimidad por parte de los clérigos de Qom. Conservadores, fundamentalistas o "principistas" y reformistas tienen diferentes enfoques acerca de las atribuciones institucionales del líder, cúspide del sistema político iraní. Más allá de la disputa ideológica, en términos políticos la mayoría de la Asamblea en manos de opositores a Jamenei podría poner en peligro su continuidad en el cargo, algo que jamás habría pasado en los años de vida de la República. Ante esta situación, el filtro electoral del Consejo de Guardianes, presidido por Ahmad Jannati -aliado de Jamenei- vetó la mayoría de los precandidatos reformistas partidarios del ex presidente Mohamed Jatamí, pero también muchos fundamentalistas partidarios de Taqi Mesbah, dejando el camino allanado a la mayoría de candidatos conservadores, partidarios de Jamenei y Rafsanyani. Se completó así el círculo vicioso de las instituciones más poderosas del sistema político iraní. El líder elige a 6 de los 12 miembros del Consejo de Guardianes, éste ejerce de filtro electoral a la Asamblea de Expertos, y ésta tiene la función de designar al líder. Previniendo sorpresas electorales se evitan cambios de fondo en el sistema vigente.

La holgada victoria de Rafsanyani sobre el propio Mesbah en la provincia de Teherán -a quien casi dobló en votos- terminó dejando en claro las preferencias de la población local entre estos dos referentes ideológicos-religiosos, facilitando la continuidad del actual estado de la cuestión ante la posibilidad que dentro de los próximos ocho años hubiera que elegir un nuevo líder por la desaparición de Jamenei.

La segunda explicación a la conclusión inicial está relacionada con el resultado de las elecciones de consejos municipales que se celebraron el 15 de diciembre junto a la Asamblea de Expertos.

Los reformistas fueron a las urnas con listas conjuntas de candidatos, aprendiendo del error de 2003, que sirvió en bandeja la victoria a los conservadores. Paradójicamente, ese error fue cometido ahora por los conservadores, que demostraron sus diferencias políticas al presentar listas separadas en casi todos los consejos municipales. Esto permitió un leve crecimiento de los votos reformistas y un descenso de los obtenidos por los partidarios del actual presidente. No obstante, no podría decirse que las listas pro Ahmadineyad hayan sufrido una pérdida masiva de votos en relación al año pasado, ya que basta recordar que el actual presidente obtuvo sólo el 19% de votos en la primera ronda de las elecciones presidenciales, lo que dista mucho de haber sido una mayoría abrumadora.

La baja participación electoral en Teherán-el distrito electoral más importante- sigue demostrando la generalizada desconfianza que la clase media y media-alta tiene respecto a la totalidad de la clase política iraní. Paradójicamente, su abstencionismo perjudica notablemente las aspiraciones reformistas, que serían los representantes de estos mismos grupos sociales.

Si bien se podría decir que la población iraní habría dado un voto de castigo a la gestión económica del presidente -que ha prometido mejoras que no han llegado aún-, lo cierto es que no ha habido una vinculación automática entre las elecciones municipales y la presidencia, ni por parte de los ciudadanos ni de los candidatos, que centraron sus campañas en la solución de los problemas locales más que a los grandes temas nacionales. Como en otras ocasiones, la población iraní tampoco ha tomado en cuenta la situación internacional ni las cuestiones pendientes de Irán con el sistema internacional para emitir su voto.

Finalmente, estas elecciones conjuntas han significado un reacomodamiento de la élite política del régimen, que ha eliminado las tensiones centrífugas que tanto reformistas como fundamentalistas podrían ejercer sobre el sistema. Cabe destacar que este reacomodamiento se ha llevado a cabo utilizando las mismas herramientas institucionales que han permitido que tanto Jatamí como Ahmadineyad fueran elegidos presidentes con anterioridad. Y llegado el caso, la decisión de realizar conjuntamente las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales -aprobada recientemente en el Parlamento iraní- acortando el mandato de Ahmadineyad en más de un año, podría ser otra maniobra del sistema en ese sentido.

Por lo tanto, Irán sigue demostrando que es el Estado regional con mayor estabilidad y continuidad en sus instituciones, sin tensiones remarcables dentro de sus fronteras. Esto legitimaría sus pretensiones de ejercer un papel de estabilizador en un grupo de países con los que tiene vínculos históricos, lingüísticos y religiosos -como son los casos de Irak, Afganistán y Líbano- más allá de las diferencias políticas que el actual presidente tiene con Estados Unidos y la Unión Europea.