La salud según el sexo

Por Anna Veiga, doctora en Biología  (LA VANGUARDIA, 23/03/07):

Cuando recibí la invitación a asistir a la conferencia que impartía la consellera de Salut Marina Geli en la torre Agbar, fui consciente de que se iban a tratar allí aspectos de la salud con un enfoque poco usual y que se trataba de un tema del que se conoce bien poco.

Las especificidades de la mujer en temas de salud, sobre todo en referencia a la reproducción, han sido ampliamente abordadas, tanto desde el punto de vista estrictamente médico como en sus aspectos más sociales, pero la contrapartida en la parte masculina no ha sido equivalente.

Empezando por el final de la vida, es de todos conocido que las mujeres tienen una esperanza de vida mayor que los hombres. La esperanza de vida ha aumentado de forma global y en Catalunya se sitúa alrededor de los ochenta años, siendo de 77 en el hombre y de 84 en la mujer, con seis años de diferencia. Esto se mantiene en todos los países desarrollados, y es menor esta diferencia en los países en desarrollo.

Los condicionantes sociales y económicos son determinantes para la esperanza de vida, aunque se sabe que las mujeres tienen una cierta ventaja fisiológica respecto de los hombres al presentar mayor resistencia frente a determinadas enfermedades. Por otra parte, las actividades profesionales que los hombres desempeñan preferentemente conllevan un mayor riesgo de muerte que las que practican las mujeres, aunque estas diferencias tiendan a igualarse.

Las principales causas de muerte en la población catalana son los tumores y las enfermedades cardiovasculares. En el caso de los hombres, los tumores más frecuentes son los de pulmón, colon y próstata, y en las mujeres, el primer lugar lo ocupa el cáncer de mama, seguido del de colon y de pulmón. Las enfermedades cardiovasculares afectan más a los hombres que las mujeres. Aparecen diferencias claras en cuanto a que los hombres tienen más patologías del sistema digestivo y presentan más mortalidad por causas externas, como los accidentes de tráfico. De nuevo, estas diferencias son explicables por variables fisiológicas y también por variables de actividad, sobre todo profesional.

Analizando el caso específico de la salud mental, se observa que las mujeres padecen más trastornos mentales que los hombres en la edad adulta, mientras que el patrón es a la inversa en la etapa infantil y adolescente. Esto podría explicarse por el modo que tienen los adolescentes de exteriorizar la confusión y la posible desorientación en este periodo vital. Los chicos tienden a expresarse con más frecuencia a través de reacciones conductuales de oposición, enfrentamiento y violencia que pueden agravarse al combinarse con conductas adictivas. El patrón es distinto en el colectivo femenino en esa misma franja de edad. Hay que tener en cuenta la posibilidad de que se detecte este tipo de trastornos en menor medida entre los hombres, dada la mayor dificultad que ellos tienen para pedir ayuda, al no reconocer que necesitan apoyo, evitando expresar una posible debilidad.

Si se analizan los factores de riesgo para la salud, ya se ha comentado que los hombres tienen actividades de más riesgo para la salud que las mujeres, tanto en el plano profesional como en el de ocio. Hay una mayor incidencia de accidentes de tráfico y lo mismo ocurre con los accidentes laborales. La diferencia en cuanto a actividad física de uno u otro sexo se pone de manifiesto ya en la edad infantil, probablemente siguiendo modelos sociales y culturales distintos en los niños y las niñas.

El programa Salut i Escola (conselleries de Salut y Educació) muestra que, en la etapa infanto-juvenil, a la hora de acudir a los profesionales de la salud de que disponen en el ámbito escolar, las niñas y adolescentes participan más y se interesan principalmente por temas relacionados con la sexualidad y la afectividad, la salud alimentaria y la salud mental, mientras que los chicos participan menos y lo hacen para temas relacionados con drogas, tabaco y alcohol. Cabe preguntarse cuál es el origen de tan distintas actitudes y si es tan sólo consecuencia de la diferencia de roles en uno u otro sexo, ya en edades tempranas.

Es muy evidente que los trastornos alimentarios se dan con mayor frecuencia en niñas y adolescentes, a pesar de que está también aumentando la prevalencia de este problema en el sexo masculino. El tabaquismo es un problema que afecta a casi un 25% de la población catalana, con mayor afectación de los hombres frente a las mujeres. Se observa por primera vez una disminución importante de la prevalencia de esta adicción, tanto en hombres como en mujeres, derivada tanto de la legislación como de la percepción del riesgo que esta práctica conlleva para la salud.

También los hombres presentan un mayor consumo de bebidas alcohólicas frente a las mujeres. Lo mismo sucede con el consumo de otras drogas. De nuevo, las pautas sociales y las diferencias de rol tienen un papel relevante en este hecho y las mujeres muestran una mayor sensibilidad a la hora de valorar los riesgos que estas prácticas comportan.

Está claro que las diferencias que se observan entre uno y otro sexo en el ámbito de la salud tienen su origen tanto en las especificidades fisiológicas de hombres y mujeres como en los aspectos sociales y económicos, que condicionan su actividad profesional y de ocio. Probablemente, la incorporación de las mujeres al ámbito profesional típicamente masculino y de los hombres al ámbito social y familiar típicamente femenino hará que estas diferencias se reduzcan en buena medida.