La sangre que no cesa

Por Alfonso S. Palomares, periodista (EL PERIÓDICO, 15/06/06):

Este título podía referirse a Irak, a Afganistán y a tres o cuatro geografías de África, pero ahora me refiero a Palestina e Israel, donde los muertos se cuentan, se lloran y se vengan con rencores de versículos bíblicos y suras coránicos. A principios de este mes, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbás, paseaba por las calles de Ramala entregándose a los aplausos y a los abrazos de sus seguidores. No son habituales en Abbás, que es más bien un hombre sobrio de gestos, es el reverso de su predecesor Arafat, a quien encantaban los baños de multitudes. Se sentía optimista porque creía haber hallado la piedra filosofal para dar un salto cualitativo hacia la solución del eterno problema palestino y redefinir la convivencia con Israel. Ahora el problema palestino tiene una nueva dimensión, ya que al conflicto con Israel se han sumado con renovada virulencia las confrontaciones entre palestinos. Los de Al Fatá, por una parte, y los de Hamás, por otra.
El pasado 25 de enero, el Partido de la Resistencia Islámica –Hamás– se alzaba con una sonora victoria en las legislativas y pasaba a formar Gobierno. Hamás figura en el registro oficial de las organizaciones terroristas en la Unión Europea y, por supuesto, en Estados Unidos. Hamás se ha negado siempre a reconocer a Israel como país y como Estado, y defiende que la violencia es el método para acabar con él. El islamista Ismail Haniya, al frente del Gobierno, evitó el lenguaje extremista, pero no renunció de manera explícita al terrorismo, y menos confesó cualquier intención de reconocer a Israel.

EL CONFLICTO entre palestinos estaba servido y la cohabitación entre un presidente de Al Fatá y un jefe de Gobierno islamista cada vez se iría haciendo más difícil. Abbás sucedió a Arafat con el mensaje de la negociación con Israel, que terminaría en la convivencia y el reconocimiento mutuo de los dos estados. Al perder las elecciones, todo el esquema del proceso de paz se desmoronó. En los últimos meses la atmósfera política en Palestina se hizo irrespirable, la vieja pobreza se convirtió en miseria, ya que los israelís bloquearon los fondos que corresponden a los palestinos y tanto la Unión Europea como Estados Unidos disminuyeron sustantivamente las ayudas. La situación es desesperada y el malestar derivado ha creado el clima propicio para activar la violencia entre palestinos.
Mahmud Abbás creía haber dado con una jugada maestra para cambiar el sentido de la historia y forzar a los de Hamás a aceptar su juego. Para salir de la crisis había tomado la decisión irrevocable de convocar un referendo, para el día 31 de julio, en el que se votaría la creación de un Estado palestino dentro de las fronteras que Israel tenía con Gaza y Cisjordania en l967. En el esquema de Abbás estaba la proclamación de Jerusalén Este como capital del nuevo Estado. Una victoria en ese referendo suponía que Hamás se viera forzado a reconocer de hecho al Estado de Israel.
En el seno de Hamás se desató un debate tenso y temeroso, sobre todo porque el planteamiento no se debía solo a Al Fatá y a su líder Abbás, sino que había sido consensuado con los prisioneros políticos de las principales fuerzas palestinas en las cárceles israelís. Significaba, según los ideólogos islamistas más radicales, una contradicción con la doctrina islamista que ha defendido siempre una Palestina histórica en la que no cabe Israel, ya que debe ser territorio musulmán. Significaba para ellos una derrota.
Los misiles israelís que causaron ocho muertos en la playa de Gaza, entre ellos siete de la misma familia, de los cuales tres niños, han destrozado también, al menos de momento, la columna vertebral de la estrategia del presidente Abbás. Los asesinatos de esa tarde y los asesinatos posteriores desataron la venganza, justificaron las declaraciones de los portavoces del Gobierno palestino en el sentido de que retomarían la violencia para responder a la violencia y justificaron los misiles caseros que se han comenzado a disparar contra Israel desde Gaza. Los muertos pueden seguir multiplicándose. Israel, con sus misiles, ha roto el discurso de convivencia del presidente y abortó un posible proceso de paz.

LO GRAVE,nunca se sabe si lo más grave, está siendo la áspera confrontación verbal entre los partidarios de Al Fatá y de Hamás y, sobre todo, la confrontación a tiros entre las milicias armadas que siguen al presidente y las que siguen al primer ministro. Ha habido ya muertos de unas filas y de otras, lo que puede derivar en una guerra civil, lo cual sería sumar la tragedia a la tragedia. Esperemos que se imponga la razón sobre la pasión y se restablezca un dialogo eficaz, no unos acuerdos fugaces.
La audaz apuesta de Abbás es muy difícil que salga bien. Tiene dos frentes difíciles: por una parte, Israel con sus misiles y sus muertos; por otra parte, Hamás. Necesitaría un decidido apoyo internacional que no se ve.