La segunda era nuclear

Al lanzamiento por Corea del Norte de un misil de largo alcance a mediados de diciembre siguió un torbellino de condenas mundiales que resultó casi cómico por lo previsible que era y por su impotencia, pero dicho lanzamiento subrayaba una realidad mayor que no se puede seguir pasando por alto: el mundo ha entrado en una segunda era nuclear. La bomba atómica ha regresado para un segundo acto, un bis posterior a la Guerra Fría. Para poder gestionar ese panorama más amplio, hay que entenderlo.

Aún están cobrando forma los contornos de la segunda era nuclear, pero los próximos años serán particularmente peligrosos, porque la propia novedad crea peligros, al replantearse las normas y las líneas rojas. En la primera era nuclear, se tardó diez años para ello y esta vez puede no ser diferente.

En Oriente Medio, el Asia meridional y el Asia oriental, las antiguas rivalidades se desarrollan en un marco nuclear, lo que ya ha cambiado las posturas militares en todo Oriente Medio. Se está trasladando al mar parte del arsenal nuclear israelí, con ojivas atómicas en submarinos diésel, para impedir que sean blanco de un ataque por sorpresa. Además, Israel están lanzando una nueva generación de satélites para que den una alerta temprana sobre los preparativos de otros países para lanzar ataques con misiles. Si se dispersaran los misiles móviles del Irán, Israel quiere enterarse de ello inmediatamente.

Así, pues, ahora se ve el antiguo problema de la paz árabo-israelí en el nuevo marco de una amenaza nuclear iraní. Los dos problemas están vinculados. ¿Cómo respondería Israel a ataques con cohetes desde Gaza, el Líbano o Egipto, si afrontara simultáneamente la amenaza de un ataque nuclear por el Irán? ¿Qué harían los Estados Unidos e Israel, si el Irán llevara su amenaza hasta el punto de evacuar sus ciudades o colocar misiles en sus propias ciudades para que cualquier ataque contra ellas causara daños colaterales en gran escala?

El Pakistán ha duplicado el tamaño de su arsenal nuclear en los cinco últimos años. Sus fuerzas armadas van a disponer de nuevas armas nucleares tácticas: armas del campo de batalla y de corto alcance. La India ha desplegado una tríada nuclear –bombarderos, misiles y submarinos– y en 2012 hizo ensayos de un misil balístico intercontinental, que le permitiría alcanzar Beijing y Shanghai. Es casi seguro que la India está preparando una ojiva múltiple (conocida como MIRV) y también ha lanzado satélites que ayuden a poner la mira en las fuerzas del Pakistán.

En el Asia oriental, Corea del Norte ha pasado a ser una potencia nuclear y va a añadir una nueva clase de bombas de uranio a su arsenal. Ha ensayado salvas rápidas de misiles, lo que demuestra que podría lanzar ataques contra Corea del Sur y el Japón antes de recibir contraataque alguno.

También China está trasladando sus fuerzas nucleares a misiles y submarinos móviles. Se pueden poner esas armas en estado de alerta de un modo que resultaría muy visible para los satélites de los EE.UU. y los medios de comunicación mundiales. Así, pues, los chinos pueden “nuclearizar” una crisis con los EE.UU. o cualquier otro país. No tienen que detonar un arma nuclear, sino solo alertar a los adversarios sobre el aumento dramático en las pujas políticas y los peligros de un enfrentamiento.

Como no quiere quedar al margen, Rusia ha exhibido recientemente los mayores ejercicios nucleares en varios decenios para recordar a todo el mundo que sigue siendo también un participante importante en el escenario nuclear.

Esas actuaciones particulares son preocupantes, pero no se pueden entender separadas del sistema multipolar más amplio de las grandes potencias que se está formando. En gran medida, se trata de un sistema nuclear multipolar: la posesión de armas nucleares contribuye a la condición mundial de un país como gran potencia.

Para entenderlo, piénsese en la siguiente pregunta: ¿cuándo fue la última vez en que los EE.UU. o cualquier otro país propuso en serio que la India firmara el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares (TNP), es decir, que la India renunciase a la bomba que ya tiene? En vista de los problemas económicos de los Estados Unidos y los recortes en sus gastos de defensa que se ciernen, además de un poder cada vez mayor de China, ya no existe ni siquiera la remota posibilidad de que se haga esa petición. La India ha pasado a ser un miembro aceptado y legítimo del club nuclear, pese a la ficción del TNP. Menos probable aún es que China o Rusia fueran a desarmarse en pro de un mundo sin armas nucleares.

Pero el problema más urgente se debe al desbaratamiento del monopolio nuclear del que gozaban en otro tiempo los países más importantes y la adquisición de poder por parte de países más pequeños como Corea del Norte, el Pakistán, Israel y, muy posiblemente, el Irán. Se necesita un nuevo conjunto de normas para la diplomacia, la estrategia militar y el control de las armas a fin de estabilizar ese orden nuclear que está surgiendo. Fingir que no existe no es una estrategia.

Paul Bracken, a professor of management and political science at Yale University, is the author of The Second Nuclear Age. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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