La seguridad de los ayatolás

Por Nazanín Amirian, periodista iraní (EL PERIÓDICO, 20/04/06):

Puede parecer incomprensible la tranquilidad con la que las autoridades de Irán están gestionando la crisis más grave de toda la historia contemporánea del país. El anuncio de presidente Mahmud Ahmadineyad de que Irán había conseguido enriquecer uranio para combustible nuclear –algo legítimo dentro del Tratado de No proliferación de Armas Nucleares– podría tener varias interpretaciones: ¿está dando más argumentos a George Bush para que invada Irán?, ¿es una amenaza, como si de una bomba atómica se tratara?, ¿no será una mentira preventiva? Irán debería tener al menos una decena de plantas atómicas para poder enriquecer uranio, pero sólo cuenta con una en construcción en Busher.
¿Querrá meter el miedo en el cuerpo de Bush? ¿No se da cuenta el régimen de Irán de la tragedia que se acerca y por eso no demuestra miedo? ¿Se ha resignado ante lo que se presenta como una fatalidad inevitable? Pues ambas posturas existen. La primera está encarnada en Alí Jamenei, el líder espiritual, y el presidente Ahmadineyad, su discípulo, mientras la segunda la representan los dos expresidentes, Hachemi Rafsanyani y Mohamed Jatamí. Lo curioso es que esas posiciones divergentes terminen por converger en una misma decisión: no ceder ante las presiones del Occidente.
El eje Jamenei-Ahmadineyad opina que EEUU no se atreverá a invadir Irán y que la llamada crisis nuclear no es más que una guerra psicológica. Sus motivos son muchos. Ante todo, que el poderío del Ejército iraní ha hecho temblar a la primera superpotencia militar del planeta. También, que el equilibrio de fuerzas en la zona ha cambiado a favor de Irán, debido al fracaso de EEUU en Irak y el triunfo de Hamás en Palestina. ¡Poco importa que Hamás no tenga ni fuerza para suministrar pan a sus votantes!

CREEN QUE Bush necesita de la ayuda iraní tanto para controlar a los shiís de Irak como para impedir la iraquización de Afganistán. Pero igual deberían pensar que Bush esta vez ha optado por eliminar lo que considera justamente una fuente de la desestabilización en esos países
Los dirigentes iranís suponen que Rusia y China impedirán una invasión de Irán, su único aliado estratégico en la región. ¡Como si hubieran podido impedir la guerra contra Yugoslavia e Irak!
Otro argumento es que Occidente necesita del petróleo de Irán, y éste puede cerrar el grifo en cualquier momento. Pero el chantaje es inútil. Desde 1979 no sólo el mercado norteamericano está cerrado al crudo iraní, sino que los ayatolás exportan únicamente unos dos millones de barriles diarios, el 3% del consumo mundial y una tercera parte de lo que el sha exportaba en 1978. En cambio, para un país monoproductor como Irán, cuya economía depende de esos ingresos, cortar el suministro de crudo sería un suicidio.
Dicen los mandatarios iranís que, para evitar los efectos de unas posibles sanciones económicas, han firmado grandes contratos comerciales con países fuera de la órbita norteamericana. Aun así, y para tranquilizar la opinión publica y evitar que el nerviosismo creciente de la población se convierta en protestas contra el régimen, aseguran que Alá estará de su lado. ¡Como si los iraquís no fueran musulmanes!
Tanto Ahmadineyad como Jameneí simpatizan con la asociación apocalíptica de Hoyatíe. Este poderoso grupo de presión que reúne a los seguidores de El Mahdi, el duodécimo imán de los shiís, oculto desde el siglo IX, divulga la idea de que aquel santo aparecerá cuando el caos domine el mundo. ¿Querrán acercar su llegada? Hoyatíe fue ilegalizada por el imán Jomeini en 1983 por aplicar el temerario principio de cuanto peor, mejor. La guinda de este desafío la pondrán cientos de hombres suicidas, repartidos por los cuatro rincones del planeta.

LA OTRA facción del régimen la representan los resignados. Denuncian que EEUU –consciente de que las armas de destrucción masiva iranís no existen ni podrán existir en décadas– nunca admitirán que las inmensas reservas de hidrocarburo de Irán se queden fuera de su dominio. Es más, harán todo lo posible para dejar sin efecto el contrato del siglo que Irán ha firmado con China, por el que Pekín recibirá durante los próximos 25 años el petróleo y el gas persa, de tal manera que una cuarta parte del crudo importado por China será iraní. Los pragmáticos islámicos estarían dispuestos a negociar, si no fuera porque tanto en el Gobierno de Irán como en el de EEUU hay sectores que quieren guerra. ¿No congelaron los iranís, en el 2004 y durante más de dos años, su programa nuclear sin que los occidentales cumplieran con su promesa de garantizarles la seguridad ante la hostilidad de EEUU?
Hoy la confrontación se presenta inevitable. El coste: el sufrimiento y la vida de miles de inocentes, aquí y allá.