La senadora, el ‘tieso’ y la otra puerta giratoria

Solo en cinco años, de 2015 a 2019, casi 150 altos cargos cruzaron las puertas giratorias para tener un puesto de relumbrón, y mejor soldada, en la empresa privada o pública. Después, el mecanismo ha seguido funcionando a pleno rendimiento. La Oficina de Conflictos de Interés apenas ha rechazado desde 2016 nueve incorporaciones de ex altos cargos de la administración central o autonómica, de tal forma que pasar su examen presenta la misma dificultad que superar el psicotécnico para renovar el carnet de conducir. Hace un año, más o menos, en pleno sanchismo, José Montilla y José Blanco entraban -como dos pepes con sus 160.000 euros al año- en el consejo de administración de Enagas, el principal transportista de gas del país, donde la SEPI tiene mucho que decir.

Mucho se habla por tanto de las puertas giratorias de las que ex altos cargos salen disparados a compañías principalísimas, carne de IBEX, que acompañan el nombramiento con un salario más que lustroso. Pero pocos comentarios genera la puerta giratoria dentro de la propia esfera pública de la que se benefician algunos expresidentes autonómicos o exministros caídos en desgracia. La imagen es la siguiente: un cesante se mete en la puerta que gira y esta le devuelve al mismo lugar en el que estaba para que la administración le siga pagando. Esta semana, Susana Díaz, hasta hace bien poco aspirante a todo, juraba su cargo como senadora del Reino de España, por designación de la Comunidad que presidió durante un lustro. Entre las funciones del Senado parece estar la de ser la principal puerta giratoria a este lado de la puerta giratoria tradicional pues se puede acceder a él sin haber estado jamás en una papeleta salmón. A Díaz la suerte le ha dejado de acompañar en todas las elecciones a las que se ha sometido últimamente. Perdió las primarias del PSOE contra Sánchez (2017), perdió la Presidencia de la Junta (2018) y ha perdido hasta el duelo con Espadas para seguir liderando el socialismo andaluz. Resultado: al Senado de cabeza como compensación al rosario de trastazos que se lleva dando cada vez que la gente ha de elegir entre ella y su rival.

Y como la Cámara Alta funciona como bálsamo que ha de curar todas las heridas, el ‘don’ viene con ‘din’, lo que endulza más el trago. Díaz cobraba hasta esta semana 4.600 euros brutos al mes como diputada andaluza (por catorce pagas) y a partir ahora gana 6.500, porque además del escaño presidirá una de las comisiones senatoriales. Es el salario más alto que ha percibido en los veinticinco años que lleva cobrando del dinero público. Súmese a ese dineral lo que percibirá de las tertulias televisivas en las que esta semana ha comenzado a colaborar.

Lejanos, pues, en el hogar de la familia Moriche Díaz aquellos tiempos en los que la hoy senadora -que lleva a casa más de seis veces el Salario Mínimo Interprofesional (ristos y anarrosas aparte)- afirmaba: «Me casé con un ‘tieso’, sí, ¿qué pasa?». Nada, nada... no pasa nada mientras siga funcionando la otra puerta giratoria.

Álvaro Martínez

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